Una historia sobre las cicatrices del pasado, las decisiones imposibles y la dolorosa lección de que, a veces, incluso el amor más intenso necesita ser Cuestión de tiempo.
NovelToon tiene autorización de Dalia2026 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7: Palabras en el aire
La palabra quedó flotando entre los dos, suspendida en el aire frío de la madrugada. Liam me miraba como si acabara de confesar un crimen; se había quedado de una pieza, con los ojos fijos en mí y los labios entreabiertos, queriendo procesar la bomba que le acababa de soltar. Sabía que estaba a punto de decir algo, su respiración agitada delataba que iba a darme una respuesta, pero el destino decidió jugar en nuestra contra.
A lo lejos, el eco de unas risas rompió el hechizo. Dominic y Sara venían caminando de regreso hacia nosotros, pero la tormenta de hace unos minutos había desaparecido por completo de sus rostros. Sara traía una sonrisa de oreja a oreja y mi hermano la abrazaba por los hombros de una manera juguetona, bromeando en voz baja. Se notaba a leguas que habían tenido una reconciliación perfecta en esa esquina.
—¡Bueno! Parece que los amargados todavía nos están esperando —soltó Sara con tono alegre apenas nos vio, contagiando su buena vibra.
Tuve que dar un paso atrás con urgencia, obligándome a tragarme el nudo de lágrimas y la frustración que me quemaba la gánganta. Liam reaccionó de golpe, apartando la mirada hacia el suelo mientras intentaba disimular que el beso que acababa de ocurrir entre nosotros jamás había pasado. Tuvimos que ponernos nuestras mejores máscaras de normalidad en un segundo. El tiempo se había detenido, pero la felicidad de mi hermano y mi amiga nos arrastraba de vuelta a una realidad tortuosa: la noche se estaba acabando, en unas pocas horas Liam vestiría de novio y yo me iría a Londres.
—Chicos, nos vamos a casa —anunció Sara, rompiendo la tensión.
—Sí, es mejor irnos a casa —secundé de inmediato, ansiosa por huir de la mirada de Liam—. Hay que dormir, que en unas horas Liam se casa.
Dominic me miró de reojo mientras caminábamos hacia el carro.
—¿Te quedas en casa de mis padres, sis? —Luego se giró hacia su nueva conquista con una sonrisa—. Amor, ¿tú te quedas conmigo hoy?
Alcé las cejas, sorprendida pero intentando sonar ligera.
—¡Felicidades! Ya se tratan de "amor" y toda la cosa... Me van a tener que contar absolutamente todo. Y no, Dom, me quedo en mi casa, todavía tengo mucho por hacer con mis maletas dije silenciosamente.
—No seas chismosa —se burló mi hermano, dándole un apretón cariñoso a Sara—. Pero para que celebres, saluda formalmente a tu nueva cuñada.
Sara se rió, pero le dio un golpecito en el brazo.
—No, amor, esta noche me quedo con Zoe. Nosotras también tenemos cosas de qué hablar.
—Está bien, las llevo a ustedes primero y luego a Liam —cedió Dominic, subiéndose al asiento del conductor.
Durante todo el camino de regreso hubo un silencio total. Nadie habló ni dijo una sola palabra. La atmósfera en el auto era asfixiante. En un momento, Dominic le preguntó a Liam si estaba bien, porque no había abierto la boca en todo el trayecto, pero yo ya no iba a estar ahí para escuchar su respuesta. El carro se detuvo frente a mi casa.
—Adiós, chicas. Amor, cuídate —dijo Dominic.
Mi hermano se estiró para despedirse de Sara con beso largo y todo en frente de mí.
—¡Ay, por favor, váyanse a un hotel! No respetan a nadie —les reclamé, rodando los ojos.
—Deja tus celos, amiga, que tu hermano no me va a robar —bromeó Sara, bajándose del auto con una risita.
—Eso espero —murmuré.
Dominic se asomó por la ventana, divertido.
—Ya cállate, enana chismosa, y entren de una vez.
—Sabes que me quieres así. Adiós, Liam —dije, reuniendo todo el valor que me quedaba para mirarlo una última vez.
Liam me sostuvo la mirada, con los ojos cargados de una confusión indescifrable.
—Adiós, Zoe.
Entré con Sara a la casa y cerramos la puerta detrás de nosotras. Por supuesto, las preguntas no se hicieron esperar. Teníamos un cansancio extremo encima, las piernas nos pesaban y el amanecer ya casi estaba aquí, pero podía mucho más el poder de un buen chisme.
Apenas entramos a mi habitación, Sara se giró hacia mí con los ojos abiertos de par en par.
—¿Amiga, qué pasó entre tú y Liam mientras no estábamos?
—¡Más bien cuéntame tú qué pasó entre mi hermano y tú! —le reviré, intentando ganar tiempo.
—Te voy a contar rápido porque estoy demasiado feliz —soltó Sara, sentándose en la orilla de la cama—. Bueno, se puso con un ataque de celos tan horrible que terminamos peleando a gritos en la esquina. Pero en medio de todo el drama, reconoció que me amaba y que quería una relación formal conmigo. Andaba como loco preguntándome si de verdad estaba saliendo con el moreno de la discoteca.
Sonreí de corazón por ella.
—Me alegro mucho por ti, amiga. Al final hizo caso a mi consejo.
Sara frunció el ceño, confundida.
—¿Cuál consejo? No entiendo.
—Bueno, yo le advertí que si no se ponía las pilas pronto, alguien más iba a ocupar tu lugar.
—¡Ay, muchas gracias, amiga, por ser mi cupido! —exclamó Sara, abrazándome, pero luego se separó y me apuntó con el dedo—. Ahora sí, cero desvíos. Cuéntame lo tuyo con Liam.
Desvié la mirada hacia mis maletas a medio hacer.
—No pasó nada...
—No me mientas, ¡Zoe D'amico! Te conozco perfectamente —me reclamó, cruzándose de brazos.
Solté un suspiro largo, sintiendo cómo el pecho me volvía a apretar.
—Está bien... Después de que ustedes se fueron, nos confrontamos. Él se puso como un loco a decirme que le molestaba que otros hombres me miraran, que ese vestido le volaba la cabeza y... una cosa llevó a la otra. Me pegó contra su cuerpo y nos besamos.
—¡¿QUÉ?! ¡Oh, por Dios! —gritó Sara, tapándose la boca.
—Y hay más... —añadí en un hilo de voz, sintiendo las lágrimas asomarse—. Le confesé que lo amaba.
Sara se quedó sin aire, procesando el impacto de mis palabras.
—¡Ay, Dios, qué fuerte! Esa es mi amiga, valiente... ¿Y qué pasó después?
Bajé la cabeza, sintiendo el peso del mundo sobre mis hombros.
—Ese es el problema, Sara. El hombre no dijo ni una sola palabra. Se quedó congelado y nos interrumpieron. Y ahora... ahora ni siquiera sé si perdí su amistad para siempre.