Elena Vargas lo entregó todo por su familia.
Construyó un imperio desde cero, sacrificó sus sueños por su esposo y creyó que el amor podía superar cualquier obstáculo. Pero una noche descubre la verdad más cruel: Rodrigo, el hombre con quien compartió su vida, nunca la amó. Junto a su amante, ha pasado años robándole su empresa, manipulando a su hijo y convirtiéndola en la mujer desechable que ambos planean abandonar cuando ya no les sirva.
Humillada, traicionada y destrozada, Elena pierde la vida en un trágico accidente.
Pero el destino le concede un milagro imposible.
Despierta diez años en el pasado, justo antes de que todo se derrumbe.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
No pedirá explicaciones. No suplicará amor. No volverá a confiar.
Mientras Rodrigo y su amante creen seguir manipulando a la esposa perfecta, Ele
NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 3 La Primera Grieta
Camila y su hijo se fueron poco después, visiblemente molestos por el inesperado rechazo. Elena cerró la puerta principal con suavidad, pero por dentro sentía una tormenta.
Rodrigo no tardó ni dos minutos en explotar.
—¿Se puede saber qué demonios te pasa? —gritó apenas se quedaron solos—. ¿Desde cuándo te niegas a ayudar a la gente? ¡Camila solo te pidió una beca para Kevin! Siempre has sido generosa, ¿ahora te da por hacerte la dura?
Elena lo miró con calma, quitándose los aretes frente al espejo del salón. Su voz salió serena, casi fría:
—Generosa… sí. Demasiado generosa durante muchos años. Pero las cosas están cambiando, Rodrigo. La empresa no está pasando por su mejor momento y necesito ser más cuidadosa con los gastos.
Rodrigo se acercó, rojo de ira.
—¿Estás bromeando? ¡La empresa va de maravilla gracias a mí! Yo soy quien toma las decisiones importantes mientras tú solo firmas y trabajas.
Elena giró lentamente hacia él. Sus ojos ya no tenían el brillo sumiso de antes.
—¿De verdad? Porque yo recuerdo haberla levantado desde cero. Con mi esfuerzo, mi tiempo y mi dinero. Tú solo… te dedicaste a “administrar”.
La bofetada llegó sin aviso.
Rodrigo levantó la mano y la golpeó con fuerza en la mejilla. Elena tropezó hacia atrás, sintiendo el ardor en su rostro. Por un segundo, el dolor físico se mezcló con el recuerdo de todas las humillaciones de su vida anterior.
Pero esta vez, no lloró. Sonrió.
—Muy bien —dijo con voz baja y peligrosa—. Acabas de cometer un error grave.
Se llevó la mano a la mejilla enrojecida y lo miró directamente a los ojos.
—Quiero que te vayas de esta casa. Ahora.
Rodrigo soltó una risa incrédula.
—¿Qué dijiste?
—Que te largues de mi casa, Rodrigo. Esta propiedad está a mi nombre. Si no te vas por las buenas, llamaré a la policía y diré que me agrediste.
Él dio un paso hacia ella, amenazante.
—No te atrevas a amenazarme, Elena. Tú no eres nadie sin mí. Firma el divorcio como una buena esposa y acabemos con esto si eso quieres.
Elena no retrocedió. Al contrario, sacó su teléfono y marcó el número de emergencias, dejando el dedo sobre el botón de llamada.
—O te vas ahora… o te vas esposado.
Rodrigo la miró con odio puro. Murmuró insultos entre dientes, pero finalmente tomó su chaqueta y salió dando un portazo. No se fue de la casa definitivamente —Elena sabía que no sería tan fácil—, pero al menos esa noche no dormiría bajo el mismo techo.
Ella subió a la habitación principal, recogió algunas de sus cosas y se mudó a la habitación de huéspedes. Cerró la puerta con llave y se sentó en la cama, tocándose la mejilla aún caliente.
El dolor era real. Pero también era combustible.
Al día siguiente, muy temprano, Elena se reunió en secreto con un abogado especializado en derecho empresarial y divorcios de alto conflicto. El doctor Samuel Rivas la recibió en su oficina privada.
Después de dos horas revisando documentos, el abogado le dio la noticia que ella ya temía:
—Señora Vargas, lamento decírselo, pero su esposo ha sido muy astuto. Aunque usted fundó la empresa, él modificó los estatutos hace años. La mayoría de las acciones importantes están a su nombre o en fideicomisos que controla. Usted sigue siendo la cara visible y quien genera los ingresos… pero legalmente, él tiene el control mayoritario.
Elena cerró los ojos un momento. El dolor de la traición volvió a golpearla con fuerza. Diez años trabajando como una burra, creyendo que construía un futuro para su familia, mientras su propio esposo la ataba de manos.
—Entiendo —dijo finalmente, con voz firme—. Entonces, si él se apoderó de la empresa… yo la dejaré convertida en un cascarón vacío.
El abogado levantó una ceja.
—¿Qué tiene en mente?
—Divorcio contencioso. Separación total de bienes. Y mientras tanto, voy a mover activos, crear nuevas sociedades paralelas y dejar que la empresa acumule deudas estratégicas. Cuando él se dé cuenta… ya será demasiado tarde. Quiero que cuando termine este divorcio, él se quede con una empresa quebrada, llena de deudas y sin un centavo.
Samuel Rivas sonrió con respeto.
—Va a ser una guerra larga, señora Vargas. Pero es posible.
—Bien —respondió ella—. Empecemos.
Mientras Elena firmaba los primeros documentos en la oficina del abogado, en su mansión, Rodrigo y Camila disfrutaban de la cama matrimonial sin ningún tipo de remordimiento.
Camila estaba desnuda sobre él, moviéndose con lentitud, mientras Rodrigo gemía de placer.
—Esa idiota cree que puede ponerse rebelde —dijo Camila entre jadeos—. Solo está haciendo un berrinche. En unos días va a volver con el rabo entre las piernas, como siempre.
Rodrigo la agarró de las caderas con fuerza, riendo.
—Exacto. Déjala que se desahogue. Mientras ella siga depositando el dinero mensual para “gastos de Mateo”, nosotros lo usaremos para pagar la universidad de Kevin. La mejor del país. Ese chico sí tiene futuro.
Camila se inclinó y lo besó con pasión.
—Eres brillante, amor. Ella sigue siendo la misma burra de siempre. Trabajando, pagando y sufriendo. Y nosotros disfrutando.
Rodrigo giró y la puso debajo de él, embistiéndola con más fuerza.
—Te amo. Pronto serás la señora de todo esto. Elena solo fue un medio para llegar aquí.
Sus gemidos y risas llenaban la habitación. Ninguno de los dos se dio cuenta de la pequeña cámara oculta que Elena había instalado estratégicamente la noche anterior, justo antes de mudarse a la habitación de huéspedes. Una cámara que lo estaba grabando todo: el sexo, las confesiones, los planes para seguir robándole.
Elena, sentada en la oficina del abogado, recibió la notificación en su teléfono: “Grabación iniciada correctamente”.
Sonrió con frialdad mientras guardaba el aparato.
—No tienen ni idea —susurró para sí misma—. Pero pronto lo sabrán.
Había regresado de la muerte. Había viajado diez años en el tiempo con un solo propósito. Y su venganza apenas estaba comenzando.
Ojalá que encuentren a Adriana Ferreti y entre las dos hundan a ese engendro.
Un duro golpe para ese muchacho de 17 años que apenas está empezando la vida y tener que enfrentar eso.
Me imagino que Luciano tiene amigos mafiosos y no quiere deberles nada así que los utilizará por el amor que siente por Elena.
Luciano está babeando por Elena y ella ya le está gustando Luciano que hasta lo besó.