Tras haber huido con el corazón roto. Sofía se va de su pueblo natal Arendell para comenzar una vida nueva lejos de todo lo que le pasó.
En el camino se topa con un joven herido y sin dudar le ayuda, al acercarse se percata de que el joven es alguien de la nobleza y cuando está curando sus heridas con sus poderes de bruja, se da cuenta de que el joven ha sido severamente drogado por un afrodisíaco potente.
Entonces cuando termina el joven toma a Sofía y termina por tener relaciones con él y a la mañana ella se va tras sentir vergüenza y huye deseando borrar de su mente lo ocurrido esa noche sin imaginar que esa noche tuvo consecuencias.
Tiempo después Sofía se da cuenta de que está embarazada y no tiene ni idea de cómo diablos se llama el joven que ayudó. Sin embargo, no se dejó llevar por el miedo y tomó la decisión de seguir con su embarazo y tuvo gemelos.
El Noble no la olvidó la buscó hasta que finalmente dio con ella...
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Capítulo 21: Una inesperada visita
ALARIC
—¡Felicidades!—Exclamó mi madre al ver el anillo de compromiso en el dedo de Sofía.—Me alegro mucho por ustedes.
—Gracias—Respondimos Sofía y yo a la vez.
—Debemos comenzar los preparativos y enviar las invitaciones.—Sofía hizo una mueca disfrazada de una sonrisa, que mi madre notó casi de inmediato.—¿Qué es esa cara? ¡Anímate es tu boda!—Le dijo, pero Sofía simplemente siguió con esa misma expresión.
—Estoy feliz, sinceramente, pero... a la única persona que podía invitar se fue antes de mis hijos nacieran y mi familia en Arendelle solo buscan una excusa para llevarse a uno de mis hijos.—confesó ella con impotencia.
—No dejaremos que eso pase, además, las leyes protegen a tus hijos, no se los pueden llevar de lo contrario serían ejecutados en el acto.—Dijo mi madre con seriedad.
Y era cierto, cualquiera que viniera de fuera exigiendo llevarse al heredero del Reino Luna de Plata, sería arrestado y ejecutado en luna llena.
—No se van a rendir tan fácilmente además, conozco al Jefe del pueblo y no aceptará tan fácilmente que las cosas no se harán a su modo.
—¿Quién es el actual Jefe?—Pregunté.
—Mi padre...—Dijo apenas en voz baja.—Rhaegar.
El nombre sopesó en el ambiente. La sala estaba en completo silencio.
Rhaegar...
—Sé que mi padre es alguien que no debería de existir en este mundo, soy consciente de ello. Y también sé que Rhaegar ha sido enemigo del Reino Luna de Plata por demasiados años.—Puse mi mano en su hombro y antes de poder decir algo. Los gemelos comenzaron a llorar.
Su llanto era desgarrador, muy diferente al de otras ocasiones.
Sofía usó magia para llegar más rápido y corrí a la habitación. Al llegar Sofía ya estaba ahí.
Y mis hijos y ella no eran los únicos en la habitación. Una figura con una capa oscura y capucha puesta estaba parada junto a la ventana en dirección a la cuna de mis hijos.
Sofía estaba en guardia, en posición de combate lista para atacar. Desenvainé mi espada listo para matar al intruso.
—¿Qué haces aquí?—Siseó entre dientes.
—No vengo a hacer nada, solo quiero hablar.—Habló la figura. Era una mujer.
—No tenemos nada de que hablar...—Dijo Sofía mostrando el brillo azul intenso de sus manos.
—¿Quién eres y qué quieres con mis hijos?—Exigí entrando a la habitación con la espada en la mano y escuchando los pasos de mis hombres por el pasillo.—Estás rodeada, no tienes escapatoria.
—No podrás huir de mí, mi magia siempre te encontrará.
No hizo ni un solo movimiento. Simplemente, se quedó allí, quieta.
Se quitó la capucha revelando su rostro. Era una mujer joven de no más de veinte años, alta, delgada, cabello castaño y largo hasta los hombros, ojos azules, piel clara y perfecta, tenía ojeras debajo de los ojos, se veía cansada, demacrada y más delgada.
Al ver a Sofía. Sus ojos se humedecieron y su labio inferior comenzó a temblar.
—Sofía, por favor, —Le dijo la joven con la voz quebrada—no vengo a llevarme a tus hijos. Te lo digo en verdad. No vine a llevarme a ninguno de ellos.—Dijo con desesperación en la voz.
Sofía negó con la cabeza.
—No te creo.—Dijo Sofía en voz baja, pero firme.—¡Tú eres la culpable de que el desquiciado de Vidar me persiguiera!—Le gritó lanzando una esfera de magia potente en el suelo dejando una marca en este.—¡Gracias a ti, tuve que huir!
La mujer bajó la mirada con culpa.
—Lo sé, y no sabes cuánto me arrepiento. Luego de que te fuiste padre enloqueció cuando supo la verdad y en consecuencia me expulsó de Arendelle, me condenó a no poder usar mis poderes por la eternidad.—Mostró sus muñecas y en ellas tenía puestos unos brazaletes gruesos y metálicos que emitían un brillo suave, pero persistente.
—Los brazaletes de Hera...—Murmuró Sofía perpleja. La mujer asintió.—¿Qué hiciste Heidi?
Heidi comenzó a temblar y su mirada se desvió hacia otra parte.
—Luego de que te fuiste... Vidar y yo nos comprometimos sin importarnos nada, incluso teníamos un plan para convencer a padre de que nos diera la oportunidad de darle el heredero que tanto deseaba, pero meses después... se enteró de la verdad de tu huida y Vidar fue expulsado del pueblo con la misión de buscarte y traerte de vuelta.
Enfurecí y maldije al pueblo. Papá al darse cuenta de lo que hice él... redirigió la maldición a mí y la puso en estos brazaletes.—
Sofía suspiró pesadamente negando con la cabeza.
—¿De qué se trata la maldición?—Preguntó.
—Estoy condenada a una vida llena de enfermedades y de miseria, moriré y luego reviviré, no podré morir en paz por más que trate.
Es un círculo vicioso del cual no saldré nunca más. Mi cuerpo está débil y no tengo nada de magia para defenderme de esto. Los brazaletes drenan mi magia con cada respiro que doy.
—No tienes forma de romperla, ¿verdad?—Dijo Sofía con obviedad.
—No, no la tengo. Mi maldición no será rota al menos de que encuentre a alguien que haya cometido un pecado peor que el mío. Cuando eso, pase podré morir en paz o simplemente viviré como una mortal insignificante hasta que la Diosa me quiera llevar a su paraíso o me condene en el infierno.
Eso fue lo que dijo Padre tras colocarme estos brazaletes.
—¿Qué quieres de mí?—Preguntó mi Luna bajando las manos y la energía de estas se desvaneció por completo. Se cruzó de brazos mirando a Heidi con desconfianza.
—Solo quiero que me perdones...—Dijo Heidi en un susurro.
—Heidi...—murmuró Sofía lanzando un largo suspiro.—Desde que me fui supe que Arendelle ya no era mi hogar, que mi padre dejó de ser mi padre y tú dejaste de ser mi hermana. Así como yo también he dejado de ser tu hermana.
Y es por eso que ya no siento odio, ya no siento nada. Solo un vacío, solo siento eso por ti. No te odio, pero realmente no te quiero cerca de mí y de mis hijos.—Heidi apretó los labios conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos.
—Realmente ahora entiendo por qué papá quería que tú fueras la Jefa del pueblo. Eres todo lo que él quería y yo, en cambio..., simplemente soy un fracaso como hija y como bruja.
—Heidi...
—No.—Dijo Heidi interrumpiéndola.—Es verdad, demostraste que eres mejor bruja y persona de lo que alguna vez yo fui. Y no me digas nada, lo bueno es que te fuiste antes de arruinar tu vida con Vidar.
Desvió su mirada a mis hijos llorando aún. Le pidió con la mirada a Sofía acercarse y asintió. Heidi se acercó con cautela, con cuidado.
Sofía fue hacia ella y se paró junto a la cuna. Vigilando cada paso de Heidi. Me paré junto a la puerta y en ese momento llegó Darian con la caballería, armados hasta los dientes, listos para atacar.
—Esperen...—Dije apenas y Darian y los demás se quedaron al margen observando. Solo observando.
Cuando Heidi se asomó a la cuna ella se dejó caer en el suelo y comenzó a llorar. En ese momento supe que ella se dio cuenta de todo el daño que provocó a su propia hermana y que al final haya sido la propia Sofía quien encontró la felicidad en otra parte.
Luego de unos minutos se levantó del suelo secándose las lágrimas. Levantó la mirada y se quedó quieta, levantó las manos en modo de rendición. Los soldados entraron y la sometieron contra el suelo. No se resistió, no dijo nada. Simplemente se quedó quieta. La levantaron del suelo y se la llevaron sujeta de los brazos.
Miró por última vez a Sofía y los niños en brazos de su madre, calmándose los dos casi al instante.
Fui hacia Sofía tras cerrar la puerta y ordenar que se llevaran a Heidi a una celda hasta que decidiéramos qué hacer con ella.
—¿Estás bien? ¿Ellos están bien?—Asintió.
—Estamos bien, no te preocupes, no les hizo nada.—Abracé a mi mujer e hijos.
—Temía tanto que esa mujer les fuera hacer algo...—Negó Sofía con la cabeza.
—Primero la mato... no puede conmigo...—Afirmó con voz plana y firme.
Nos quedamos así unos minutos y luego los gemelos se calmaron. Dejaron de llorar y se durmieron en el pecho de su madre.
pero ningún, ningún 9 meses 🤔😬
lo bueno Sofia es que tu mate el el ALFA✨️✨️✨️
Aquí algo no está cuadrando🤔🤔🤔🤔