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La Hechicera Que Reencarnó En El Siglo XXI

La Hechicera Que Reencarnó En El Siglo XXI

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Magia / Superpoder
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Mariam fue, en su época, la hechicera más poderosa, temida y adorada de todo el continente. Con un ego tan grande como su magia y una belleza que hizo caer a reyes y dioses por igual, vivió mil años disfrutando de su poder, su riqueza y su libertad. Cuando finalmente su cuerpo antiguo decidió rendirse, ella esperaba ascender a un plano superior o, al menos, descansar en un palacio de nubes digno de su grandeza. Pero el destino, que siempre ha tenido un sentido del humor cuestionable, le tenía preparada una sorpresa: despertó siglos después, en un mundo donde la magia parece haber desaparecido, donde hay cajas que hablan, carruajes que corren sin caballos y ropa que se lava sola. Para su sorpresa, no renació en una choza ni en un reino olvidado. Mariam volvió a la vida como la única hija de una de las familias más ricas e influyentes del siglo XXI: los De la Vega. Con padres que la adoran, le dan todo lo que pide y la miran como si fuera la luz del sol.

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Capítulo 3: Magia, compras y el aguafiestas oficial

Al día siguiente, desperté con una energía que hubiera podido mover montañas. Estiré los brazos bajo las sábanas de seda egipcia, miré hacia el techo decorado con frescos modernos que yo misma había diseñado y sonreí con toda la satisfacción del mundo. La confirmación de la noche anterior lo había cambiado todo: no solo era hermosa, rica, inteligente y adorada por todos, sino que ¡seguía teniendo magia! Yo, Mariam, la Hechicera Eterna, no había perdido ni un ápice de mi poder al cruzar el umbral de la muerte y renacer en este siglo maravilloso.

—Este mundo es básicamente mi patio de juegos personal —murmuré mientras me levantaba y caminaba hacia el armario, que era más grande que la casa de muchas personas—. Y hoy voy a demostrarlo.

Me vestí con una elegancia que dejaba claro que no era una chica cualquiera: una falda que marcaba perfectamente mi cintura, una blusa que resaltaba mis mejores atributos y unos tacones altos que hacían que mi caminar pareciera el desfile de una reina. El cabello lo dejé suelto, brillante y salvaje, tal como mi personalidad. Me miré al espejo, me ajusté un mechón y asentí complacida.

—Impecable. Como siempre. Es increíble cómo logro ser perfecta incluso recién despierta. Hay personas que se pasan la vida intentando verse bien y no llegan ni a la suela de mis zapatos. Una pena para ellas, la verdad.

Bajé las escaleras tarareando una melodía antigua que recordaba de mis tiempos de gloria, donde mis padres ya me esperaban con el desayuno listo.

—¡Ahí está la luz de nuestros ojos! —exclamó mi padre, levantándose para darme un beso en la frente—. ¿Cómo amaneció la mujer más maravillosa del universo?

—Como siempre, papá: deslumbrante y llena de planes —respondí, sirviéndome jugo de naranja con una gracia estudiada—. Hoy iré al centro comercial. Necesito renovar mi guardarropa. La ropa que tengo es buena, claro, pero… siento que ya no refleja toda mi grandeza, ¿me entiendes? Necesito algo que grite “soy impresionante” sin que yo tenga que decir nada.

Mis padres rieron, asintieron y, como siempre, me dieron toda la libertad y el dinero que quisiera. Ellos creían que solo era su hija caprichosa y hermosa; no tenían ni idea de que estaban enviando a una hechicera milenaria a gastar fortunas y usar magia para divertirse. Pobres, qué suerte tienen de tenerme, pensé.

Llegué al centro comercial en el auto de lujo que me habían regalado por mi cumpleaños, conducida por nuestro chofer, y apenas puse un pie en la entrada, el mundo pareció detenerse. Las personas se giraban para mirarme, algunos con admiración, otros con envidia, y los hombres… bueno, los hombres parecían haber olvidado cómo caminar recto. Yo sonreía para mis adentros: Sí, admírenme, es lo único que pueden hacer, porque yo soy inalcanzable.

Mi primer objetivo era la tienda de ropa más exclusiva del lugar. Entré con paso firme, las empleadas se apresuraron a atenderme con reverencia (ya saben quién soy, claro, además de que mi presencia impone respeto por sí sola) y comencé a probarme cosas. Pero pronto me aburrí. Probarse ropa es lento, cansado y requiere moverse mucho, y yo soy una mujer de recursos. De recursos mágicos, para ser exactos.

Estaba en el probador, rodeada de montones de prendas que eran dignas de mí, pero que requerían ajustes mínimos para ser perfectas. Cosas simples: que una falda fuera un poco más ceñida, que un escote cayera en el ángulo exacto que mejor se adaptaba a mi figura, que una tela corriente adquiriera el brillo de la seda real.

Sonreí con malicia. ¿Para qué esforzarse si tengo poderes?

Me concentré un poco, dejé que esa energía cálida y familiar fluyera desde mi pecho hacia mis manos, y con un movimiento suave de dedos, comencé a trabajar. No necesitaba varita, ni palabras extrañas; mi voluntad era ley. La tela se movía sola, se cosía, se ajustaba, cambiaba de color si yo lo deseaba. Era maravilloso ver cómo la ropa común se transformaba en piezas únicas, diseñadas exclusivamente para mí por mi propia magia.

—¡Soy genial! —me dije a mí misma mientras giraba frente al espejo, admirando una blusa que ahora tenía un brillo iridiscente espectacular y que se ajustaba a mi cuerpo como si hubiera sido tejida por hadas—. En serio, ¿cómo puede alguien ser tan talentoso y hermoso a la vez? Es casi injusto para el resto de la humanidad. Casi.

Estaba tan entretenida, riéndome bajito y haciendo que un par de zapatos cambiaran de tacón para que fueran más cómodos, pero igual de deslumbrantes, que no escuché que la puerta del probador se abrió un poco más. De repente, una voz grave, conocida y profundamente molesta rompió mi momento de gloria.

—¿Te lo dicen mucho o te lo tienes que repetir cada cinco minutos?

Di un salto, casi perdiendo el equilibrio y derrochando un poco de magia que hizo que los zapatos salieran disparados hacia la pared. Me giré de golpe, con la mano en el pecho y el ceño fruncido, y allí estaba él. Alexandro. Recostado en el marco de la puerta del probador, con los brazos cruzados, esa camiseta sencilla que le quedaba demasiado bien y esa sonrisa de suficiencia que me daba ganas de lanzarle un hechizo de silencio.

—¡¿TÚ?! —exclamé, indignada, cubriéndome como si eso fuera necesario, porque, seamos sinceros, todo lo que llevaba puesto era espectacular y digno de ser visto, pero la sorpresa me ganó—. ¿Qué haces aquí? ¿Acaso no tienes vida propia o te has convertido en mi sombra? ¡Entrar al probador de una señorita es de muy mala educación, incluso para gente de tu época!

Él no se inmutó. Al contrario, miró a su alrededor, vio las prendas que flotaban suavemente en el aire, ajustándose solas, y luego me miró a mí con esa mezcla de diversión y advertencia que ya empezaba a conocer demasiado bien.

—Estaba comprando unas cosas, sí, tengo vida gracias por preguntar —dijo con calma, señalando con la cabeza la ropa que se movía—. Y vi desde la otra tienda que aquí había luces raras y telas bailando solas. Y como sabía que tú estabas… bueno, no me sorprende. Mariam, estás haciendo magia en medio de un centro comercial lleno de cámaras y gente. ¿Eres inconsciente o simplemente te gusta jugar con fuego?

Hice una mueca de desprecio, bajé las manos y la magia se detuvo de inmediato, aunque la ropa ya había quedado perfecta. Me crucé de brazos, imitándolo, y lo miré desde arriba, a pesar de que él era más alto.

—Primero: no estaba jugando con fuego, estaba mejorando la realidad, que es muy diferente y mucho más elegante —le corregí con tono docente—. Segundo: ¿qué importan las cámaras? En este siglo las personas graban todo y no entienden nada. Si ven algo extraño, dirán que es un truco, o que es una ilusión óptica, o culpa de la luz. La gente es muy simple, Alexandro, deberías saberlo. Y tercero… —me acerqué a él, sonriendo con dulzura venenosa— ¿no crees que eres demasiado exigente? Yo estoy aquí, siendo maravillosa, haciendo que la ropa mediocre se convierta en arte, disfrutando de mi día… y tú llegas para arruinarlo. Eres el aguafiestas oficial de mi existencia, ¿lo sabías?

Alexandro soltó una risa y negó con la cabeza, entrando al pequeño espacio del probador y cerrando la puerta tras de sí para que nadie nos viera hablar en privado. Su cercanía siempre hacía que el aire se volviera más denso, más eléctrico, y me molestaba muchísimo que me afectara.

—No soy un aguafiestas, Mariam. Soy quien evita que termines en un laboratorio de científicos locos estudiando por qué levitas faldas —respondió él, mirándome fijamente a los ojos—. Y además… ¿necesitas usar magia para esto? Te ves increíble con cualquier cosa. Podrías ir vestida con una bolsa de basura y seguirías siendo la persona más llamativa de todo el lugar.

Me quedé muda por un segundo. ¿Me había hecho un cumplido? ¿Él? ¿El chico que solo me dice lo que hago mal? Sentí que me sonrojaba y me enojé conmigo misma por eso, así que me recuperé rápido y le di un empujón suave en el pecho para apartarlo un poco.

—Obviamente me vería bien con una bolsa de basura, es parte de mi perfección —dije, recuperando mi altivez—. Pero eso no significa que no pueda mejorar lo que me rodea. Es mi deber, como ser superior, embellecer todo lo que toco. Y te recuerdo: yo no necesito que nadie me diga que soy hermosa, ya lo sé. Pero agradezco que lo reconozcas, te está creciendo el cerebro, al fin.

Alexandro suspiró, pero seguía sonriendo. —Eres imposible. Eres egocéntrica, caprichosa, peligrosa… y te divierte demasiado.

—Exacto —le interrumpí, pasando por su lado y saliendo del probador con la ropa ya lista, caminando hacia los espejos de la tienda para que todos vieran mi obra maestra—. Soy todo eso y más. Y tú, Alexandro, tienes la mala suerte de ser el único que se da cuenta. Así que, o te acostumbras a verme hacer maravillas, o te apartas del camino. Porque hoy voy a usar magia para pagar menos, para que me den descuentos, para que la música suene mejor y para que todo el mundo me sonría. ¿Vas a seguirme para quejarte o vas a hacer algo útil por primera vez?

Él me siguió, metiendo las manos en los bolsillos, caminando a mi lado mientras yo saludaba a las dependientas con una gracia deslumbrante y hacía flotar sutilmente mi tarjeta de crédito para que saliera de mi bolso sola.

—Te seguiré —dijo él, con esa voz que sonaba como una promesa y una amenaza al mismo tiempo—. Porque si no lo hago, estoy seguro de que dentro de una hora habrás convertido el centro comercial en tu palacio privado y tendrás a todo el mundo adorándote como si fueras una diosa.

Me detuve, lo miré con una sonrisa radiante y totalmente sincera, y le di un golpecito en el hombro como si fuera un buen alumno.

—¡Por fin me entiendes! Ese es exactamente el plan. Y si lo logro, te aseguro que tú serás el primero en la fila para rendirme homenaje.

Alexandro puso los ojos en blanco, pero vi cómo sus labios se curvaban hacia arriba mientras yo me alejaba caminando como una reina, usando mis poderes para que todo fuera perfecto, divertido y absolutamente a mi medida. Él podía intentar arruinarme el momento todo lo que quisiera, podía aparecer cuando menos lo esperaba y decirme que tenía cuidado… pero yo sabía la verdad: no podía alejarse. Y yo, sinceramente, me divertía el doble cuando él estaba ahí para intentar detenerme. La vida en el futuro era fantástica, y tener a Alexandro Ferrer como mi inspector personal y compañero de juegos peligrosos la hacía mil veces mejor.

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😍Jacky😘💓✨
es prepotente, engreída e inmadura, tenía que nacer en una familia pobre para que valorará todo y ser más humilde.. tiene que aprender😏
Nadezhda
Inmadura
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