NovelToon NovelToon
Las Consecuencias De Una Noche...

Las Consecuencias De Una Noche...

Status: Terminada
Genre:CEO / Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:3
Nilai: 5
nombre de autor: Quel Santos

Evelyn Moore creía en el amor hasta que sorprendió a su novio en los brazos de la madrina de boda. Destrozada, huye hacia el caos de Manhattan, buscando anestesiar su dolor en una discoteca lujosa. Allí, su camino se cruza con el de Alexander Carter, un poderoso multimillonario que, después de ser drogado en una trampa, pierde el control de su fría realidad. Entre luces y sombras, dos almas en ruinas chocan. Lo que debió ser solo una huida impulsiva y anónima sella sus destinos para siempre, demostrando que las cenizas de una traición pueden alimentar un amor indomable.

NovelToon tiene autorización de Quel Santos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

El vestido de novia, un Vera Wang de seda pura, estaba colgado en la puerta del armario en la casa de los padres de Evelyn, donde pasaría su última noche como mujer soltera. Lo contempló durante largos minutos, sintiendo un frío extraño en el estómago que no se parecía al nerviosismo habitual. Faltaban menos de veinticuatro horas para el "sí". Para Evelyn, ese vestido no era solo una prenda de alta costura; era el símbolo de una promesa que había guardado bajo llave durante toda su vida: llegaría al altar intacta, entregando a Ethan no solo su futuro, sino su pureza. Siempre había creído que el amor exigía sacrificios y paciencia, y ella había sido la personificación de ambos.

Ethan siempre había dicho que respetaba su decisión de esperar hasta el matrimonio. "Eres preciosa, Evie. Esperaría una vida entera por ti", solía decir, con esa sonrisa de anuncio de televisión que derretía cualquier duda que pudiera surgir en su leal corazón. Llevaban años saliendo, un romance que parecía sacado de una película clásica de Manhattan. Pero, esa noche, el silencio de la habitación parecía pesado, casi fúnebre. Ethan no contestaba el móvil. El último mensaje de él, enviado hacía dos horas, era vago: "Reunión de última hora con los inversores antes de nuestra luna de miel, querida. No me esperes despierta. Te veo en el altar".

Evelyn conocía a Ethan Reynolds, o al menos creía conocer cada matiz de su voz y cada rasgo de su carácter. Pero algo en su pecho palpitaba. Un instinto femenino, visceral y sombrío, le decía que había algo raro en esa "reunión" tardía en su apartamento, en plena víspera de la boda. Sin pensar en las consecuencias, cogió las llaves del coche y salió de la casa de sus padres, todavía con el vestido que pretendía usar en la mañana de la boda. Sabía que Ethan estaba en su lujoso apartamento en Park Avenue.

El edificio exudaba opulencia e historia, pero para Evelyn, los pasillos dorados parecían asfixiantes. Al subir al ático, cada paso pesaba como si cargara con el peso de todo su futuro sobre la espalda. El pasillo era silencioso, alfombrado con una moqueta tan gruesa que amortiguaba el sonido de sus zapatos, como si el propio edificio quisiera ocultar el secreto terrible que estaba a punto de ser revelado. Se sentía una intrusa en su propia vida.

Se detuvo frente a la puerta principal. La mano le tembló violentamente al alcanzar el frío pomo. Para su sorpresa, la puerta no estaba cerrada con llave; estaba solo entreabierta, un descuido típico de quien se sentía intocable en su propia mentira. Evelyn la empujó con la punta de los dedos, milímetros por vez, rezando para estar equivocada, para ser solo una novia paranoica.

El sonido vino primero. No era el sonido de papeles de trabajo o discusiones sobre acciones. Era el sonido de sábanas de satén revolviéndose y risas ahogadas, íntimas, crueles. Y entonces, la voz que había sido su puerto seguro desde la juventud cortó el aire como una navaja.

—Sabes que ella nunca va a sospechar, Maísa. Evelyn vive en ese mundo de castidad y cuentos de hadas suyo... es demasiado dulce, o quizás solo demasiado tonta para ver lo que tiene delante.

El corazón de Evelyn se detuvo. El oxígeno pareció desaparecer del planeta. A través de la rendija, vio la escena que quemaría su alma para siempre. Ethan estaba sin camisa, sentado en el borde de la cama, relajado. Y Maísa, su amiga, la mujer que debía estar a su lado en el altar como madrina, estaba enroscada en él. Los dedos de Maísa trazaban líneas en el pecho de Ethan con una familiaridad que Evelyn, en su pureza autodecretada, nunca se había permitido tener.

—Es patética con esa historia de "guardarse para el matrimonio"— se burló Maísa, soltando una risa contra el cuello de Ethan que hizo que Evelyn quisiera gritar hasta desgarrarse los pulmones. —Pero el apellido Moore te va a dar el imperio que quieres. Solo aguanta en el altar, Ethan. Después de que el contrato esté firmado y el anillo en su dedo, nuestro "arreglo" continúa exactamente como ha sido en estos últimos dos años.

Evelyn no gritó. No derribó la puerta. El dolor era tan agudo, tan absoluto, que superó la etapa de las lágrimas y se transformó en un odio helado y paralizante. Ella era solo un escalón. Una inversión necesaria. Una broma contada entre sábanas por quien ella más amaba. Con las manos temblorosas y el estómago revuelto, cogió el móvil. El visor iluminó su rostro pálido como el de un cadáver. Con un movimiento mecánico, colocó la cámara en la rendija y disparó. Clic.

Las pruebas estaban ahí. La foto de la mentira que destruía su virginidad simbólica, su lealtad y sus veinticinco años de creencia en el amor. Cerró la puerta con la misma lentitud silenciosa, volvió por el pasillo y entró en el ascensor. Solo cuando las puertas se cerraron sintió el peso del colapso, pero no lloró. El llanto era para quien aún tenía esperanza.

Evelyn condujo sin rumbo por las calles de Manhattan, las luces de la ciudad pasando como borrones de neón. Se detuvo, por puro instinto de fuga, frente al Vanguard. Nunca frecuentaba lugares así; era la "buena chica", la heredera recatada que prefería tés benéficos a pistas de baile. Pero la Evelyn que planeaba flores de cerezo para el altar había muerto en el apartamento de él.

—¿Solo usted?— preguntó el guardia de seguridad del club, mirando a aquella mujer elegante y de ojos vacíos.

—Solo yo— respondió ella, con la voz endurecida por el shock.

Allí dentro, el sonido bajo de los ritmos electrónicos vibraba en el asfalto y en su pecho hueco. Fue directo a la barra, ignorando las miradas curiosas.

—Ginebra. Puro— pidió ella al barman.

—¿Está segura, señorita? Parece estar...

—Estoy segura de que quiero olvidar que existo— interrumpió ella, con una frialdad que se asustó a sí misma. —Traiga la botella.

El primer trago quemó su garganta, un dolor físico que era un alivio cerca de lo que sentía en el corazón. Evelyn nunca había bebido de esa forma. Siempre había sido controlada, pura, perfecta. Pero la pureza ahora parecía una maldición, una broma de mal gusto. "¿Para qué sirvió?", pensaba, mientras el segundo vaso bajaba como fuego. "¿Para ser humillada por mi amiga y por el hombre al que le guardé cada pedazo de mí?"

Las horas pasaron en un borrón de luces de neón, sombras y el olor a alcohol caro. La visión de Evelyn se convirtió en una niebla densa. La ginebra trajo un entumecimiento pesado, transformando su angustia en una especie de flotación melancólica. Miró el anillo de compromiso en su dedo — un diamante perfecto que ahora parecía un pedazo de vidrio barato y sucio.

Sintiendo el estómago revuelto y la cabeza palpitando con la fuerza de un martillo, decidió que necesitaba salir de allí. La música estaba cada vez más alta, el aire era escaso. Necesitaba el frío cortante de Nueva York para saber si aún estaba viva.

Evelyn se levantó, tambaleándose levemente. Dejó varios billetes de cien dólares en el mostrador — el dinero ya no tenía valor, nada lo tenía — y caminó hacia la salida lateral, un pasillo más reservado que daba a la calle. Su cabeza daba tantas vueltas que necesitó tantear la pared de terciopelo para no caer. Giró la última curva antes de la puerta de salida cuando, de repente, el mundo colisionó.

Evelyn no vio quién venía en la dirección opuesta con la misma prisa desesperada. Solo sintió el impacto violento contra algo sólido, caliente e imponente. Era como chocar contra una pared de mármol revestida de cachemira fina. El impacto la arrojó hacia atrás, y habría caído de espaldas al suelo duro si dos manos grandes, firmes y urgentes no hubieran agarrado sus brazos con una fuerza casi bruta.

Levantó los ojos, luchando por enfocar la visión turbia por el alcohol y las lágrimas reprimidas.

El hombre frente a ella parecía ser joven, pero exudaba un poder que la hizo estremecer hasta la médula. Era absurdamente atractivo, pero su rostro estaba pálido y cubierto por una fina capa de sudor, los rasgos esculpidos retorcidos en una mueca de dolor o esfuerzo. Sus ojos oscuros estaban dilatados, enfocando en ella con una mezcla de shock, confusión y una necesidad primitiva. Parecía estar luchando por mantenerse en pie, la respiración pesada y caliente soplando contra su rostro, oliendo a sándalo y a algo peligroso.

Evelyn intentó pedir disculpas, intentó soltarse, pero su voz no salió. En aquel pasillo oscuro, entre el aliento de ginebra de ella y el aura de control perdido de él, el destino los ató con un nudo que ninguno de los dos estaba preparado para desatar.

—Tú...— murmuró él, con la voz ronca vibrante, el agarre de él siendo la única cosa que impedía que ambos se derrumbaran en el suelo de aquel club.

Evelyn Moore, la novia que estaba a pocas horas de entregar su virginidad a un traidor, acababa de colisionar con el único hombre en Nueva York capaz de transformar sus ruinas en un imperio — o de terminar de destruirla para siempre.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play