Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤
Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.
Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.
¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?
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Capítulo 14 – El expediente desaparecido
La expresión de Adrián cambió por completo.
—¿Qué expediente falta? —preguntó con firmeza.
Ernesto respiró hondo antes de responder.
—Todavía no lo sabemos con certeza, señor. Pero la bóveda fue abierta y uno de los archivadores quedó completamente vacío.
Víctor dio un paso al frente.
—Llevame ahora mismo.
Sin perder un segundo, todos regresaron a la mansión.
Valeria caminaba junto a Adrián sin decir una palabra.
Sentía que cada respuesta que estaba a punto de encontrar desaparecía antes de llegar a sus manos.
Primero las cartas.
Luego las fotografías.
Ahora un expediente robado.
Todo parecía formar parte de un mismo plan.
La bóveda familiar estaba ubicada en el subsuelo de la mansión.
Valeria nunca había estado allí.
Las paredes eran de piedra, la iluminación tenue y una enorme puerta de acero protegía la entrada.
Adrián colocó su mano sobre un lector biométrico.
Un leve sonido confirmó su identidad.
La puerta comenzó a abrirse lentamente.
Al entrar, Valeria quedó sorprendida.
No era una bóveda de dinero.
Era un archivo.
Decenas de estanterías guardaban carpetas perfectamente ordenadas, cajas antiguas, libros contables y documentos que parecían tener varias décadas.
—¿Guardan toda la historia de la familia aquí? —preguntó.
—Sí —respondió Isabella—. Cada generación dejó registros importantes.
Víctor caminó directamente hacia una de las estanterías del fondo.
Su rostro se endureció.
—Lo sabía...
Adrián se acercó.
Uno de los espacios estaba completamente vacío.
Solo quedaba una pequeña etiqueta de metal.
Archivo N.º 17
—¿Qué había aquí? —preguntó Adrián.
Víctor tardó unos segundos en responder.
—El expediente de una antigua alianza entre familias.
Valeria sintió un escalofrío.
Alianza.
Aquella palabra coincidía con la fotografía donde los Moretti aparecían sonriendo junto a otra familia.
—¿La misma alianza de la fotografía? —preguntó.
Víctor la miró sorprendido.
—Sí.
Era exactamente esa.
Mientras todos revisaban el lugar, Valeria comenzó a observar los estantes.
No buscaba nada en particular.
Simplemente quería entender.
Entonces descubrió algo extraño.
En el suelo había diminutos fragmentos de papel.
Se agachó.
Recogió uno con cuidado.
Parecía parte de una hoja antigua.
En él apenas podían distinguirse unas letras.
"...ssi."
Frunció el ceño.
—Adrián...
Él se acercó.
—¿Qué pasa?
Le mostró el pequeño trozo.
Adrián lo observó unos segundos.
—Parece parte de un apellido.
Valeria guardó silencio.
No sabía por qué, pero tuvo la sensación de que aquellas letras podían pertenecer a un nombre importante.
Sin decir nada, guardó el fragmento en el bolsillo de su chaqueta.
Uno de los guardias se acercó apresuradamente.
—Señor.
Encontramos algo en la puerta.
Adrián caminó hasta la entrada.
La cerradura no estaba forzada.
Pero alguien había dejado una pequeña marca grabada sobre el metal.
Era un símbolo.
El mismo que aparecía en el medallón.
El mismo que habían encontrado en la caja enterrada.
El mismo que parecía perseguir a Valeria desde el primer día.
Víctor cerró los ojos por un instante.
—Otra vez...
Adrián giró hacia su padre.
—¿Lo conocés?
Víctor tardó en responder.
—Lo conocí hace muchos años.
Pensé que nunca volvería a verlo.
Valeria dio un paso adelante.
—Entonces ya es hora de que nos cuente la verdad.
El patriarca la observó fijamente.
Durante varios segundos nadie habló.
Finalmente, dejó escapar un largo suspiro.
—Tal vez... llegó el momento de contarles cómo comenzó realmente la guerra entre las dos familias.
Todos guardaron silencio.
Incluso Camila, que acababa de entrar al sótano, permaneció inmóvil.
Víctor tomó una vieja carpeta de otro estante.
La apoyó sobre la mesa.
La abrió lentamente.
En la primera página había una fotografía en blanco y negro de dos hombres estrechándose la mano frente a la mansión.
Uno era un joven Víctor Moretti.
El otro...
Tenía el rostro cuidadosamente arrancado de la imagen.
—Hace veinticinco años —comenzó a decir Víctor—, ese hombre era mi mejor amigo...
Y jamás imaginé que un solo día sería suficiente para cambiar nuestras vidas para siempre.
El silencio reinó en la bóveda.
Nadie se atrevía a interrumpir a Víctor.
El patriarca observó la vieja fotografía durante unos segundos antes de continuar.
—Mucho antes de que existieran enemigos... existía una amistad.
Valeria prestó toda su atención.
—Ese hombre y yo crecimos juntos. Nuestras familias trabajaban lado a lado. Compartíamos proyectos, celebraciones... incluso soñábamos con unir definitivamente a nuestras familias.
Adrián frunció el ceño.
—Nunca nos contaste eso.
Víctor esbozó una sonrisa cargada de nostalgia.
—Porque durante muchos años quise olvidar.
Isabella bajó la mirada.
Ella conocía aquella historia.
Pero jamás la había escuchado completa.
—¿Qué pasó? —preguntó Valeria.
Víctor respiró profundamente.
—Una noche ocurrió algo que cambió todo. Un incendio destruyó uno de nuestros depósitos. Murieron personas inocentes... y las pruebas señalaron a la otra familia.
—¿Ellos fueron los responsables? —preguntó Adrián.
Víctor tardó en responder.
—Eso fue lo que todos creímos.
Aquella respuesta sorprendió a todos.
—¿Y ahora? —insistió Valeria.
El patriarca cerró lentamente la carpeta.
—Ahora ya no estoy tan seguro.
El ambiente se volvió todavía más pesado.
Camila permanecía en un rincón, inmóvil.
Intentaba disimular su nerviosismo.
Alessandro la observaba en silencio.
Cada vez le resultaba más extraño su comportamiento.
Mientras tanto, Valeria seguía pensando en las palabras de Víctor.
"Eso fue lo que todos creímos..."
Aquello significaba que alguien podía haber manipulado la verdad desde el principio.
—Señor.
Uno de los guardias interrumpió la conversación.
—Revisamos las cámaras del subsuelo.
Víctor levantó la vista.
—¿Encontraron algo?
—Sí.
El técnico conectó una computadora portátil y comenzó a reproducir las imágenes.
Todos se acercaron.
La grabación mostraba el pasillo que conducía a la bóveda.
Durante varios minutos no ocurrió nada.
Hasta que la pantalla parpadeó.
La imagen se distorsionó apenas unos segundos.
Cuando volvió a la normalidad...
Una figura encapuchada caminaba hacia la puerta de la bóveda.
—¡Detenela ahí! —ordenó Adrián.
El técnico congeló la imagen.
No era posible distinguir el rostro.
Pero sí un detalle.
La persona llevaba un reloj antiguo colgado de una cadena.
Las agujas marcaban exactamente las 8:17.
Valeria sintió un escalofrío.
Otra vez esa hora.
Otra vez el mismo símbolo.
Todo parecía girar alrededor de un único misterio.
Horas más tarde, cuando la reunión terminó, Valeria regresó a su habitación.
Necesitaba estar sola.
Apoyó sobre la cama el pañuelo, la fotografía, el medallón, la llave y el pequeño fragmento de papel que había encontrado en la bóveda.
Comenzó a acomodarlos uno junto al otro.
—Tiene que haber una conexión...
Mientras observaba los objetos, notó algo inesperado.
El medallón tenía una pequeña ranura en uno de sus bordes.
Introdujo con cuidado la diminuta llave de bronce.
Encajó perfectamente.
Un leve clic rompió el silencio.
El medallón se abrió por completo.
En su interior no había una fotografía.
Había un diminuto papel enrollado.
Con manos temblorosas, Valeria lo desplegó.
Solo contenía una frase escrita con una elegante caligrafía:
"No confíes en todos los que llevan el apellido Moretti."
El corazón comenzó a latirle con fuerza.
¿Quién había escrito aquello?
¿Y por qué?
En ese mismo instante llamaron suavemente a la puerta.
—¿Valeria? —era la voz de Adrián.
Ella escondió rápidamente el mensaje dentro del medallón.
Abrió la puerta.
Adrián la observó con preocupación.
—Necesito mostrarte algo.
—¿Qué pasó?
Él extendió lentamente una antigua fotografía que acababa de encontrar entre los documentos recuperados de la bóveda.
Valeria la tomó.
En ella aparecía una niña de unos cuatro años jugando en un jardín.
Era la misma niña de las fotografías anteriores.
Pero esta vez había un detalle que nadie había visto antes.
Al fondo de la imagen, observando a la pequeña desde la sombra de un árbol...
Estaba Víctor Moretti.