En la Academia Real Arcana, la misteriosa Yoselin despierta el poder oculto de cinco princesas y enseña a los orgullosos príncipes que la unión y el amor son su mayor fuerza para enfrentar al Rey del Vacío.
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Capítulo 16: El regreso a la Academia
Las dos semanas de vacaciones llegaron a su fin.
Desde muy temprano, los carruajes reales comenzaron a reunirse frente al Palacio Imperial.
Caballeros, guardias y sirvientes acomodaban el equipaje de los jóvenes mientras las familias imperiales se despedían de ellos.
Aunque todos sonreían, era evidente que ninguno quería que aquellos días terminaran.
Habían sido las vacaciones más tranquilas que recordaban.
Y, sin darse cuenta, los lazos entre ellos se habían fortalecido.
Aurora abrazó con fuerza a la reina Lyanna.
—Prometo seguir entrenando.
Su madre sonrió con orgullo.
—Y prométeme también que cuidarás de ti.
Aurora asintió.
Muy cerca de ellas, Dante esperaba para acompañarla hasta el carruaje.
Aquello hizo sonreír a los reyes.
Meses atrás, él jamás habría tenido ese gesto.
Flora se despidió del rey Rowan y de la reina Sylva.
Oliver tomó su equipaje antes de que ella pudiera cargarlo.
—Déjame ayudarte.
Flora sonrió.
—Gracias.
Oliver respondió con otra sonrisa.
Era un gesto pequeño, pero demostraba cuánto había cambiado.
Maya y César discutían, como siempre.
—Yo puedo cargar mi maleta.
—Lo sé.
—Entonces deja de intentar ayudarme.
—No.
—¿Por qué?
—Porque quiero hacerlo.
Maya resopló, aunque no pudo evitar sonreír.
Brisa observaba el cielo cuando Uriel se acercó.
—¿Lista para volver?
Ella respiró profundamente.
—Sí.
Aunque creo que extrañaré estas vacaciones.
—Yo también.
Pero prometo que encontraremos tiempo para seguir caminando juntos.
Brisa sintió una agradable calidez en el pecho.
León esperaba junto al carruaje cuando Ángel apareció.
—¿Preparado?
León asintió.
—Esta vez será diferente.
Ángel sonrió.
—Porque ya no estás solo.
Los dos subieron al mismo carruaje mientras Adrián se despedía de Elisabeth.
—Espero volver a verte pronto.
Elisabeth sonrió con timidez.
—Yo también.
Antes de marcharse, Adrián le entregó un pequeño separador de libros tallado en madera.
—Para que no olvides terminar la novela que empezaste.
Ella lo recibió con cuidado.
—Lo guardaré como un tesoro.
Cuando los carruajes comenzaron a avanzar, ambos permanecieron mirándose hasta perderse de vista.
Daniel, que observaba la escena, sonrió para sí.
Su hermana había encontrado a alguien que la hacía feliz.
El último carruaje estaba a punto de partir.
Yoselin revisaba por última vez el equipaje cuando Daniel se acercó.
—¿Lista para regresar?
Ella asintió.
—Las vacaciones terminaron.
Ahora debemos volver a entrenar.
Daniel sonrió.
—Sabía que responderías eso.
Yoselin lo miró divertida.
—¿Esperabas otra cosa?
—Tal vez un "también voy a extrañar estos días".
Ella guardó silencio unos segundos.
Después respondió con sinceridad.
—Sí los voy a extrañar.
Porque hacía mucho tiempo que no me sentía... en paz.
Daniel sintió que su corazón latía con fuerza.
Cada vez era más raro verla hablar de sus propios sentimientos.
—Entonces prometo que volveremos a tener momentos así.
Yoselin sonrió.
—Espero que cumplas esa promesa.
Al caer la tarde, los carruajes atravesaron las enormes puertas de la Academia Real Arcana.
Los estudiantes que habían regresado antes comenzaron a saludarlos con entusiasmo.
Todo parecía igual que siempre.
Pero Yoselin sintió una extraña presión en el pecho.
Observó los alrededores.
Algo había cambiado.
El viento soplaba con demasiada fuerza.
Los árboles permanecían completamente inmóviles.
Y los pájaros ya no cantaban.
—¿Sucede algo? —preguntó Daniel al notar su expresión.
Ella negó lentamente.
—No lo sé...
Pero tengo un mal presentimiento.
Al entrar al edificio principal, el director los esperaba con un rostro serio.
Todos guardaron silencio.
—Me alegra que hayan regresado sanos y salvos.
Sin embargo...
Tenemos un problema.
Los estudiantes intercambiaron miradas.
El director continuó.
—Durante las vacaciones ocurrieron varios ataques en pueblos cercanos a la academia.
Nadie sabe quiénes fueron los responsables.
Pero los sobrevivientes describen a criaturas hechas de oscuridad.
Y dejaron un mismo mensaje en cada lugar.
El salón quedó completamente en silencio.
—¿Qué mensaje? —preguntó Daniel.
El director respiró profundamente antes de responder.
—"La Heredera de los Cinco Elementos no podrá esconderse para siempre."
Todos dirigieron la mirada hacia Yoselin.
Ella permanecía inmóvil.
Sabía que el enemigo ya había dejado de ocultarse.
La guerra ya no era una amenaza lejana.
Había comenzado.
Y esta vez...
El Reino del Vacío estaba dispuesto a atacar todo aquello que Yoselin juró proteger.