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Los Noctarys

Los Noctarys

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Mundo de fantasía
Popularitas:523
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

🌙 LOS NOCTARYS 🌙
Libro I: Marcada por la Luna Negra

La noche de su cumpleaños número dieciocho, Ayla descubre una marca imposible en su piel.

Una marca que la señala como parte de una raza antigua que jamás debió existir.

Los Noctarys.

Nacidos de la oscuridad de una estrella caída, ocultos entre los humanos durante siglos y condenados por una profecía que podría destruir su mundo.

Cuando Ayla conoce a Kael, el misterioso heredero de los Noctarys, algo despierta entre ellos.

Una conexión imposible.

Un destino escrito mucho antes de que nacieran.

Pero la profecía es clara:

Si el heredero y la marcada se enamoran, la Luna Negra despertará... y todo aquello que aman desaparecerá.

Entre secretos, traiciones, poderes prohibidos y una guerra que se acerca, Ayla deberá decidir si está dispuesta a desafiar al destino.

Porque algunas historias de amor están destinadas a salvar un mundo.

Y otras...

A destruirlo.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: El Hermano Perdido

El silencio se apoderó de la sala.

Nadie se movió.

Nadie respiró.

Las palabras del Primer Rey parecían imposibles.

—Es un placer volver a verte, hermano.

Ayla observó alternativamente a ambos hombres.

Al Primer Rey.

Y al guerrero de ojos rojos.

Era imposible que fueran hermanos.

Uno irradiaba luz violeta.

El otro parecía estar hecho de oscuridad.

Eran opuestos.

Como el día y la noche.

Como la vida y la muerte.

—Eso no puede ser cierto —murmuró Kael.

La criatura soltó una carcajada.

—Siempre reaccionan igual.

El Primer Rey no sonrió.

No respondió.

Simplemente observó a su hermano con una mezcla de tristeza y decepción.

Como alguien que llevaba siglos esperando aquel encuentro.

—Te creíamos muerto.

Los ojos rojos brillaron.

—Y ese fue tu primer error.

Los guardias rodearon la sala.

Las espadas apuntaban directamente hacia el intruso.

Pero él no parecía preocupado.

Ni siquiera parecía notar su presencia.

Toda su atención estaba centrada en Ayla.

Aquello hizo que Kael se colocara inmediatamente delante de ella.

Protegiéndola.

La criatura sonrió.

—Sigues haciendo eso.

—Aléjate de ella.

—¿Por qué?

La sonrisa se amplió.

—Tarde o temprano vendrá conmigo.

Ayla sintió un escalofrío.

—No voy a ir a ninguna parte contigo.

Por primera vez el hombre la observó directamente.

Y algo cambió en su expresión.

Como si estuviera viendo a alguien que había perdido hace mucho tiempo.

—Te pareces mucho a ella.

—¿A quién?

La criatura no respondió.

Pero el Primer Rey sí.

—A tu madre.

El nombre cayó sobre la sala como una tormenta.

Ayla sintió un nudo en el pecho.

Su madre.

La reina.

La mujer de la visión.

La mujer que había muerto hacía diecisiete años.

—La conociste.

No era una pregunta.

Era una afirmación.

La criatura bajó la mirada.

Y durante unos segundos pareció diferente.

Más humano.

Más triste.

—Sí.

Kael frunció el ceño.

—No le hables de ella.

—¿Por qué?

—Porque ya ha sufrido suficiente.

El hombre de ojos rojos soltó una risa amarga.

—¿Y crees que ocultarle la verdad la protegerá?

El silencio respondió por Kael.

Y Ayla empezó a sospechar que existían muchos más secretos de los que imaginaba.

—¿Qué verdad?

Nadie respondió.

—¡¿Qué verdad?!

La energía de la marca comenzó a recorrer su brazo.

La sala vibró.

Los vitrales temblaron.

Y por primera vez todos los presentes parecieron alarmados.

Incluso el Primer Rey.

—Ayla...

—No.

Ella retrocedió.

Cansada de secretos.

Cansada de mentiras.

—Quiero saber la verdad.

El hombre de ojos rojos sonrió.

—Entonces pregúntales por el Eclipse.

La temperatura descendió de golpe.

Los nobles palidecieron.

Algunos incluso desviaron la mirada.

Aquello fue suficiente para comprender que el Eclipse era algo terrible.

—¿Qué es el Eclipse?

Kael cerró los ojos.

El Primer Rey permaneció inmóvil.

Y el hombre de ojos rojos respondió:

—El día en que tendrás que elegir.

—¿Elegir qué?

La criatura dio un paso adelante.

—Entre salvar el reino...

O salvar a quien amas.

El corazón de Ayla comenzó a acelerarse.

Porque por alguna razón ya conocía la respuesta.

Antes incluso de escucharla.

Como si una parte de ella hubiera estado esperando esas palabras.

—No entiendo.

—Claro que sí.

Los ojos rojos brillaron.

—Todavía no lo recuerdas.

Pero lo harás.

La marca ardió.

Un dolor intenso recorrió su cuerpo.

Y entonces apareció una visión.

Mucho más clara que las anteriores.

Mucho más real.

Vio un cielo completamente negro.

Las tres lunas rotas.

El reino en llamas.

Miles de Noctarys huyendo.

Y en medio de todo aquello...

Kael.

Arrodillado.

Cubierto de sangre.

Extendiendo una mano hacia ella.

—No...

La visión continuó.

Ayla se vio a sí misma.

De pie frente a la Luna Negra.

Envuelta en energía violeta.

Llorando.

Y luego...

Tomando una decisión.

Una decisión que destruyó el mundo.

La visión desapareció.

Ayla cayó de rodillas.

Respirando con dificultad.

El miedo recorría cada parte de su cuerpo.

—¿Qué fue eso?

El hombre de ojos rojos la observó.

—Tu futuro.

—No.

—Sí.

—Eso no va a ocurrir.

La criatura sonrió.

Una sonrisa triste.

—Eso mismo dijo tu madre.

El silencio llenó la sala.

Ayla levantó la vista lentamente.

—¿Qué?

Por primera vez el Primer Rey intervino.

—Basta.

La autoridad de su voz hizo temblar el aire.

Pero ya era tarde.

Ayla había escuchado demasiado.

—¿Mi madre también tuvo que elegir?

Nadie respondió.

Y ese silencio fue peor que cualquier respuesta.

Porque significaba que sí.

De repente una nueva explosión sacudió el castillo.

Más fuerte que las anteriores.

Las paredes se agrietaron.

Los gritos comenzaron a escucharse desde el exterior.

Un guardia irrumpió en la sala.

Cubierto de sangre.

—¡Majestad!

—¿Qué ocurre?

—Han atravesado la segunda muralla.

El caos estalló inmediatamente.

Los generales comenzaron a dar órdenes.

Los guardias corrieron hacia las puertas.

Y el hombre de ojos rojos observó todo con tranquilidad.

Como si supiera exactamente lo que iba a ocurrir.

Entonces miró a Ayla por última vez.

Y dijo:

—Cuando llegue el Eclipse...

Búscame.

—¿Por qué?

La criatura sonrió.

Y respondió:

—Porque soy el único que te dirá la verdad.

Las sombras lo envolvieron.

Y desapareció.

Pero antes de que el silencio pudiera regresar...

Una alarma comenzó a sonar por todo el reino.

Una alarma que nadie había escuchado en siglos.

El Primer Rey levantó la vista.

Y por primera vez mostró miedo.

Miedo verdadero.

—No...

Kael empalideció.

—¿Qué ocurre?

La respuesta llegó en forma de susurro.

Una respuesta que hizo que la sangre de Ayla se congelara.

—La Luna Negra acaba de despertar.

Continuará...

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