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El Último Refugio De Las Montañas De Gangwon

El Último Refugio De Las Montañas De Gangwon

Status: En proceso
Genre:Aventura / Apocalipsis / Fantasía LGBT
Popularitas:150
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Durante diecisiete años, Woo-jin ha vivido sin salir casi nunca de su propiedad, cumpliendo cada enseñanza y promesa que le dejó su padre antes de fallecer: cuida los huertos, prepara remedios con hierbas de la zona, mantiene las defensas y nunca revela que puede transformarse. Cree que el mundo sigue igual hasta que empieza a ver humo en el horizonte, encuentra animales muertos con marcas extrañas y descubre visitantes que no deberían estar ahí. Al abrir por fin la zona sellada del sótano, lee los informes completos: el virus de la Niebla Gris se extendió hace meses, la corporación Hanbiotech busca apoderarse de su investigación y él lleva todo este tiempo completamente aislado sin saberlo. Ahora deberá poner a prueba todo lo que aprendió, usar su secreto por primera vez y proteger su hogar con sus propias manos.

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Capítulo 15: El paso que arde

La noche transcurrió entre vigilias cortas y un silencio tan tenso que parecía podría romperse con solo tocarlo. Woo-jin había logrado descansar apenas un par de horas, siempre con el brazo izquierdo bien vendado y la mano derecha apoyada sin descanso sobre el mango de su arco. Cada vez que hacía un movimiento brusco, un dolor agudo recorría su hombro y bajaba por todo el costado, y cada latido le recordaba una verdad ineludible: ya no podían seguir ocultándose en su hogar. Los Corredores Sombríos habían dejado su marca en el camino, y aunque los habían vencido, eso significaba que otros ya venían siguiendo su rastro, paso a paso, sin detenerse ante nada ni nadie.

Al salir al amanecer, el cielo no tenía su acostumbrado brillo claro y sereno. Una capa espesa, opaca y de tono grisáceo se extendía desde el valle hasta cubrir gran parte de las laderas, y el viento que soplaba suavemente traía consigo un olor extraño: metálico, amargo y difícil de olvidar. Ji-won aspiró el aire con cautela y su rostro se contrajo de inmediato con profunda preocupación.

—Es la Niebla Gris —confirmó con voz grave y pesada—. Ya ha subido mucho más de lo que calculábamos. Si se asienta por completo en esta altura, nos quedaremos sin aire limpio para respirar y todas las vías de salida quedarán bloqueadas y contaminadas. Tenemos que alejarnos de aquí en cuanto salga el sol del todo, pero hay un solo camino que nos lleva hacia los riscos más altos y seguros: el Paso del Pino Doblado. Y por desgracia, es también la única ruta que ellos conocen para llegar hasta nosotros.

Se movieron con rapidez pero sin descuidar nada. Woo-jin guardó solo lo verdaderamente indispensable: todos los cuadernos y documentos de su padre, las pocas provisiones que podían transportar, sus armas y las medicinas más importantes. Antes de cruzar el umbral por última vez, recorrió despacio cada rincón de la casa: acarició la mesa de estudio donde había pasado tantas horas aprendiendo, tocó la chimenea donde tantas noches escuchó historias, y se detuvo un instante frente al retrato. Susurró una despedida en voz tan baja que ni el viento pudo oírla, pues no sabía si algún día podría volver a ver este lugar tal como lo había conocido toda su vida. Al salir, activó las trampas ocultas que su padre le había enseñado a colocar en la entrada y aseguró bien cada puerta y ventana.

Comenzaron la marcha cubriéndose siempre entre la vegetación y las sombras de las rocas. A medida que se iban acercando al paso estrecho, empezaron a escuchar ruidos que helaban la sangre: el rugido de motores apagados, voces que daban órdenes y golpes secos contra la piedra. Se agacharon detrás de unos arbustos altos y miraron con el corazón en la boca: no solo venían grupos de infectados comunes, sino también vehículos marcados con el emblema de Hanbiotech, hombres armados vestidos con trapes de protección completa, y entre todos ellos, algo mucho más grande, imponente y aterrador. Caminaba con una pesadez terrible, todo su cuerpo parecía cubierto por una capa dura y grisácea tan gruesa como la piedra misma, y cuando golpeaba sin querer contra una roca, esta se hacía añicos sin que él pareciera sentirlo.

—Ese es un Escudo —explicó Ji-won apenas en un susurro—. Es una mutación mucho más avanzada, su piel ha endurecido hasta el punto de ser impenetrable para flechas, espadas o disparos comunes. El único punto débil que tiene es justo detrás de la nuca, donde esa capa protectora no logró cerrarse por completo durante su transformación. Pero llegar hasta allí sin que te aplaste es casi imposible.

En ese preciso instante, desde el lado contrario del sendero, aparecieron tres personas que corrían despavoridas buscando refugio: una mujer de cabello entrecano llamada Sra. Han, un joven llamado Min-joon que no pasaba de los diecinueve años, y un niño pequeño de unos diez años llamado Dong-min. Al ver el paso bloqueado, se detuvieron en seco, desorientados y sin saber hacia dónde huir. Woo-jin no dudó ni un segundo: salió de su escondite haciéndoles señas desesperadas para que guardaran silencio y se acercaran a ellos.

—¡Por aquí, agachense y caminen pegados a la pared de roca, rápido! —les indicó con la mano en el pecho, para que entendieran que debían hacerlo sin hacer ruido.

Corrieron hasta llegar donde estaban ellos y todos cayeron al suelo, totalmente sin aliento. La mujer contó entre lágrimas ahogadas que habían logrado escapar del pueblo del valle justo cuando todo comenzó a derrumbarse, y llevaban tres días vagando sin encontrar un lugar donde esconderse. Min-joon sostenía con fuerza una pala que él mismo había reforzado con tiras de hierro, y Dong-min conocía cada rincón de estas montañas porque solía venir a explorar y a cazar con su abuelo. Por unos breves momentos, Woo-jin sintió que no todo estaba perdido: quizás si unían fuerzas, podrían encontrar un camino alterno y salir todos con vida.

Pero esa pequeña esperanza se rompió de inmediato. El Escudo soltó un rugido tan potente que hizo vibrar la tierra bajo sus pies, y en cuestión de segundos decenas de seres infectados comenzaron a subir por todas las laderas, rodeándolos por completo. No había escapatoria ni por izquierda ni por derecha. Min-joon se puso de pie de un salto con los ojos llenos de determinación.

—Ustedes se van por el desvío que está justo detrás de ese arbusto grande —les dijo señalando con el dedo—. Yo los atraeré hacia mí y los detendré el tiempo suficiente para que puedan alejarse. Cuiden a mi madre y a mi hermano, por favor.

—No puedes hacerlo solo, te matarán antes de llegar a ellos —le sujetó el brazo Woo-jin con fuerza, intentando detenerlo.

—Alguien tiene que hacerlo, y soy el único que conoce este terreno lo suficiente para ganar tiempo. Vayan, ahora mismo. —Le apretó la mano con gratitud y salió corriendo hacia el paso principal, golpeando piedras y gritando con todas sus fuerzas para llamar la atención de todos los que venían subiendo.

Woo-jin quiso ir tras él para ayudarlo, pero Ji-won lo abrazó con fuerza sujetándolo en su lugar:

—¡Si vas ahora su sacrificio no servirá de nada! Él lo hizo para que ustedes sobrevivan. ¡Muévete ya!

Dong-min les guió por senderos tan estrechos y empinados que apenas cabía una persona a la vez. Mientras corrían, escucharon los golpes, los gritos y luego el silencio absoluto que cayó sobre el lugar. La señora Han se tapó la boca con ambas manos para que su llanto no se oyera, pero las lágrimas le corrían sin detenerse por las mejillas. Cuando por fin alcanzaron una pequeña plataforma protegida entre riscos, se dejaron caer todos en el suelo, agotados y con el corazón destrozado. Pero aún no terminaba su desgracia: al revisar el lugar, vieron que la Niebla Gris también había llegado hasta allí, y algunas de las hierbas y piedras ya mostraban ese color oscuro y brillante característico del contagio.

Al llegar la noche, la señora Han comenzó a temblar de fiebre y le aparecieron manchas negras que iban extendiéndose por sus brazos y cuello. Ji-won la examinó con suma tristeza y negó con la cabeza: el contagio ya había avanzado demasiado y no había remedio posible. Al día siguiente, ella ya no los reconocía y Dong-min tuvo que aceptar con el alma hecha pedazos que debían poner fin a su sufrimiento. Horas después, mientras el niño buscaba agua en un pequeño manantial cercano, fue sorprendido por dos Corredores que habían seguido su rastro. Cuando Woo-jin y Ji-won llegaron corriendo, ya era demasiado tarde: solo encontraron su pequeña canasta tejida y la piedra brillante que siempre llevaba en el bolsillo porque decía que le daba suerte.

Se quedaron allí arrodillados bajo la lluvia fría y grisácea, comprendiendo con toda la crudeza del mundo esa verdad que poco a poco se iba cumpliendo: cualquiera que se acercara a él, terminaba perdido para siempre. Todos aquellos que lograban abrirle el corazón y acompañarlo un tramo del camino, desaparecían dejándole solo más dolor y soledad. Woo-jin miró sus propias manos, las que habían estrechado a Min-joon, las que habían cuidado a la señora y las que habían jugado con el niño, y sintió que ese pesar dolía mucho más que cualquier herida física. Sabía que Ji-won tampoco estaba a salvo, y que al final de todo, solo él quedaría de pie entre tanta ruina.

—No podemos quedarnos aquí más tiempo —dijo Woo-jin finalmente, poniéndose de pie con voz firme aunque totalmente quebrada—. Si seguimos aquí, ellos nos encontrarán también. Debemos seguir caminando.

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😈 Hunter. 😈
¡Me encantó!
¡Quiero más capitulos!. 🥰
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