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LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Maltrato Emocional / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:106.2k
Nilai: 4.9
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Todos creían que Cynthia tenía una vida perfecta.

Nadie veía los moretones escondidos bajo el maquillaje.

Nadie escuchaba los gritos detrás de las paredes de la mansión.

Durante cinco años soportó golpes, humillaciones y miedo por proteger a su hija. Pero cuando una tragedia destruye lo poco que quedaba de su mundo, comprende que solo tiene dos opciones: quedarse y morir... o escapar.

Lo que Cynthia no sabe es que el hombre al que dejó atrás nunca aceptará perderla.

Y hará cualquier cosa para recuperarla.

Una madre. Una hija. Una huida desesperada. Y una batalla por la libertad que apenas comienza.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21. La oportunidad

Alberto odiaba los hospitales.

Olían a su debilidad, a la única vez en su vida que no había podido comprar una salida, cuando su padre se murió en una cama de esas con todos los tubos puestos y todo el dinero del mundo sin servir para nada. Así que cuando los médicos lo hicieron sentarse en una salita y le pusieron esa cara de funeral antes de tiempo, Alberto ya estaba de mal humor.

—Señor Castro. Los exámenes de su hija arrojaron un resultado que necesitamos hablar con calma.

—Hable rápido, no tengo todo el día.

El médico se lo dijo. Palabras largas, números, un nombre que Alberto solo había oído en novelas de la tarde. Leucemia. Aguda. Agresiva. Tratamiento inmediato. Posible trasplante más adelante.

Esperó sentir algo. La gente sentía algo en estos momentos, ¿no? Eso decían. El piso que se abre, el mundo que se derrumba, todas esas cursilerías.

Alberto se miró las manos y esperó el derrumbe.

No llegó.

Llegó otra cosa.

Mientras el médico seguía hablando de protocolos y de porcentajes, en la cabeza de Alberto algo se acomodó con la frialdad de un negocio que cuadra.

Su hija estaba enferma. Muy enferma. La iban a tener semanas, meses, entrando y saliendo de un hospital, conectada a máquinas, necesitando cuidados día y noche.

¿Y quién cuida a un niño enfermo mejor que nadie en este mundo?

La madre.

Alberto casi sonríe ahí mismo, en la salita, con el médico todavía explicándole la quimioterapia. Llevaba semanas rompiéndose la cabeza buscando la manera de traer a Cynthia de vuelta, de cazarla, de obligarla. Y resulta que la solución se la había servido el destino en bandeja, con un moño de regalo.

No iba a tener que arrastrarla. No iba a tener que perseguirla por todo el país, ni amenazar al doctorcito, ni nada. Iba a venir solita. Iba a venir rogando, arrastrándose, suplicando, porque ninguna madre del mundo deja a su hija enferma sola en una cama de hospital.

Y él iba a estar ahí, en la puerta, decidiendo cuánto la dejaba entrar y a qué precio.

Gracias, mijita, pensó, y se asqueó a sí mismo apenas un segundo antes de que el asco se le pasara. No sabes el favor que me hiciste.

—Señor Castro, ¿me está escuchando? Es importante que la familia esté unida en un proceso como este. El apoyo emocional de la madre es...

—La madre va a estar. —Alberto se levantó, abotonándose el saco—. Yo me encargo de eso. ¿Puedo ver a mi hija?

Catalina llegó a la clínica una hora después, alarmada por la llamada.

La encontró en el pasillo, frente al cuarto de Valentina, mirando por el vidrio a la niña dormida entre cables.

—¿Es verdad? —preguntó Catalina—. ¿Lo de la niña?

—Es verdad.

—Dios mío. —Por una vez, la voz de la vieja no tenía veneno. Tenía miedo de verdad—. Mi nieta. ¿Qué dicen los médicos? ¿Se salva?

—Con tratamiento, tiene chance. —Alberto no apartaba la vista del vidrio—. Va a ser largo.

Catalina se llevó la mano a la boca y se quedó mirando a la niña un rato, con los ojos brillándole. Lo que sentía por Cynthia era puro desprecio, pero a Valentina la adoraba. Era su sangre, su apellido, lo único de esa casa que ella veía limpio.

—Hay que hacer todo —dijo—. Los mejores médicos, lo que cueste.

—Ya está. Está en las mejores manos.

Catalina lo miró de reojo. Conocía a su hijo, y conocía esa quietud suya, la que no era calma sino cálculo.

—¿Y la madre? —preguntó—. La niña va a preguntar por ella.

—La madre viene en camino. —Alberto por fin sonrió, y a Catalina no le gustó esa sonrisa—. Solo que todavía no lo sabe.

—Alberto. —Catalina bajó la voz—. Escúchame bien. No es momento para tus juegos. La niña está enferma, de verdad enferma. Si vas a usar esto para...

—¿Para qué, madre? —La miró—. Yo solo quiero a mi familia reunida. ¿No es lo que tú siempre quisiste? La esposa en la casa, cuidando a la hija. Todo en su lugar.

Catalina apretó los labios. Quería discutir, pero por dentro una parte fría de ella, la misma que él había heredado, pensó que el muchacho no estaba del todo equivocado. Con la niña así, la campesina iba a tener que volver. Y esta vez, con un motivo de ese tamaño, no se iba a atrever a salir corriendo otra vez.

—Haz lo que quieras —dijo al fin—. Pero si esa niña se me muere por tus jueguitos, no te lo perdono ni en el infierno.

Y entró al cuarto a sentarse con su nieta.

Cuando Valentina despertó, lo primero que vio fue a su papá, sentado al lado de la camilla.

—Hola, princesa. —Alberto le acomodó el pelo con una ternura que, en otro hombre, habría sido amor—. Mira nada más, ya estás en un hospital de los buenos. Con doctores que te van a poner bien.

—Me duele el bracito, papá. —La niña miró la vía clavada en su mano—. ¿Y mami? Quiero a mami.

—De eso justamente te quería hablar. —Alberto le tomó la manita con cuidado—. Mami no sabe que estás aquí, ¿sabes? Y tú la necesitas a tu lado para ponerte buena. ¿Sí o no?

—Sí.

—Entonces hagamos una cosa. —Le acercó el teléfono, el de él, con una sonrisa de oreja a oreja—. Llama a tu mamá. Dile que estás en la clínica, que papá te trajo, y que venga a cuidarte. ¿Le marcas tú o te ayudo?

—Yo sé el número de mami.

—Esa es mi niña inteligente. —Le puso el teléfono en la manita y se recostó en la silla, cruzando las piernas, tranquilo, como quien tira el anzuelo y ya sabe que el pez va a picar—. Llámala, mi amor. Dile que papá la está esperando.

Y mientras la niña, débil y contenta, marcaba el número de su mamá sin entender que era el cebo de su propio padre, Alberto miró por el vidrio hacia el pasillo y sonrió.

Ya casi la tenía. Esta vez, de verdad, no se le iba a escapar.

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eva doello
Esta historia es una genialidad, te mil felicito Cinvan, a mí no me dolió como se murió es maldito, me encantó que Ángel vengara a cynthia contandole la verdad, eso es justicia poética, que se haya muerto con bronca fue un placer para mí, y la vieja que se pudra en su locura, millones de gracias por compartir tremenda obra y muchas felicitaciones.. ❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
eva doello
Esta historia es una genialidad, te mil felicito Cinvan, a mí no me dolió como se murió es maldito, me encantó que Ángel vengara a cynthia contandole la verdad, eso es justicia poética, que se haya muerto con bronca fue un placer para mí, y la vieja que se pudra en su locura, millones de gracias por compartir tremenda obra y muchas felicitaciones.. ❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
eva doello
me has hecho llorar de emoción, tremendo capitulo 🥰🥰
Graciela Saiz
excelente 👏 gracias autora 👏👏 algo diferente, y pensar que hay montones de historias así en la vida real , y que muchas terminan muertas , 🥹
Graciela Saiz
que va a pasar con la herencia ahora , ya que Alberto dejo a los gemelos como herederos con Valentina 🤔
MAIRA SOTO
tu historia demasiado hermosa como una persona tuvo que sufrir tanto por un patrón tan nefasto,pero al final el lo entendió tarde pero lo hizo,y con amor toda herida se cura muchas bendiciones 🙏 sigue escribiendo lo haces excelente 🥰❤️🙏
Graciela Saiz
que fue lo que le pidió al doctor 🤔
Graciela Saiz
por favor no te vuelvas estúpida, porque con quien te tenías que hacer la mala era con tu esposo , no con quién te ayuda 😏
eva doello
tal cual, no bajes la guardia 🙏🙏🙏
Graciela Saiz
o ya le había rajado la cabeza , Ushuaia
eva doello
sii puede ser, pero para el degenerado ese sería tan fácil llevarla a abortar😈😈
eva doello
te ayudo con el palo 😈
eva doello
aaayyy Dios 🙏🙏 que no la encuentre
Andrea Pupo
bueno tampoco es tanto dos años estás mujeres que se creen la última coca del desierto
eva doello: a parte de que solo fueron solo 2 años, ella se metió con un hombre casado, ella lo sabía
total 1 replies
Victoria
👏👏👏👏
Elvia Ramona Barreto
Estoy tan entusiasmada con la historia que no quiero parar de leer,felicitaciones autora me tienes. de los pelos con esta novela👏👏👏👏
Mirna Lobo
el que la niña pregunté por él padre la hace sentir culpable y eso no ayuda para nada /Smug/
Mirna Lobo
ojalá no la encuentre 😡
Mirna Lobo
es verdad esos psicópatas no cambian 🤬😡😠
Mirna Lobo
seguro cree que el hijo es un santo 😡
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