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La Fugitiva Del Rey Lycan

La Fugitiva Del Rey Lycan

Status: En proceso
Genre:Arrogante / Hombre lobo / Posesivo
Popularitas:12k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

"Condenada por un crimen que no cometió, terminó refugiada en las garras del monstruo más despiadado de todos".

Sofía Ivanov siempre fue la vergüenza de su manada. Despreciada por sus padres y eclipsada por Tania, su perfecta hermana menor, Sofía soportó el peor de los castigos: ver cómo su propia familia le exigía romper el lazo sagrado con su mate, Gavin, solo porque su hermana se había encaprichado con él. Y lo peor... él tampoco la defendió.

Pero el día de la boda, el destino cobra una factura sangrienta. Gavin es brutalmente asesinado en el altar y Sofía es encontrada de rodillas, cubierta de sangre y con el arma homicida en sus manos. Inculpada por su propia familia y convertida en la fugitiva más buscada, Sofía huye bajo una tormenta implacable hasta caer inconsciente en los límites del territorio prohibido.

Al despertar, ya no está en el bosque. Alguien la ha rescatado y ocultado en el lugar más peligroso: el palacio de César Dróvnikov, el temible y despiadado Rey Lycan.

NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

El silencio que se instaló en el despacho real era tan pesado que se podía escuchar el sutil temblor en la respiración de Sofía. Lord Kaelen, apoyado contra el marco de la puerta, se quedó de piedra; sus ojos saltaron de la figura de la joven arrodillada hacia el Alfa Supremo, asimilando el peso político de lo que acababa de ocurrir. Greta, aún en el suelo, dejó escapar un gemido ahogado, sabiendo que el juego de la sirvienta muda había terminado de la forma más peligrosa posible.

César no apartó los ojos de Sofía. Dejó caer el cinturón de cuero sobre la mesa de roble con un golpe seco que hizo eco en las paredes de piedra. Caminó un paso hacia adelante, acortando la distancia, y se agachó con lentitud hasta quedar a la altura de ella.

—Sofía Ivanov… —pronunció el rey, arrastrando cada sílaba con una parsimonia casi teatral. Extendió una mano grande y, con la punta de sus dedos, le obligó a levantar la barbilla para que lo mirara directamente a los ojos—. La loba sin lobo. La fugitiva que tiene a todo el sur de cabeza. Y yo buscándote en los mapas de la frontera cuando te tenía limpiando mi chimenea.

Sofía mantuvo los ojos fijos en las pupilas grises del rey, paralizada por el terror. Su loba interior emitía un gemido sordo de sumisión absoluta ante el aura de César, que ahora se expandía libremente por la habitación, reconociéndola no como a una humana rústica, sino como a la hija de un Alfa extranjero.

—Señor… —intervino Kaelen, dando un paso al frente desde el umbral, con la mano apoyada instintivamente en el pomo de su espada—. Si esta es la hija de Borís Ivanov, la acusada de asesinar al heredero de los vasallos del sur, debemos encadenarla de inmediato. Los rastreadores de su padre están…

—Silencio, Kaelen —lo cortó César, sin levantar la voz, pero con una autoridad que hizo que el Beta se detuviera en el acto.

El Rey Lycan soltó la barbilla de Sofía y se enderezó cuán largo era, cruzándose de brazos mientras la comisura de sus labios seguía curvada en esa mueca de fría satisfacción. No había furia en sus facciones por haber sido engañado; había la pura ambición de un soberano que veía cómo el destino le entregaba la oportunidad perfecta.

—¿Encadenarla? Qué falta de visión política tienes esta noche —comentó César, dándole la espalda a Sofía para dar un par de pasos hacia el gran ventanal—. Hace apenas unos minutos me decías que la única forma de adueñarme de las Tierras Bajas sin desatar una guerra sangrienta era casándome con una de las hijas de Ivanov. Una está viuda en el sur, rodeada de consejeros leales a su padre. Y la otra… la otra acaba de entregarse por su propio pie en mi despacho.

Sofía sintió que el suelo desaparecía bajo sus rodillas. Las palabras del rey cobraron un significado espantoso en su mente. Miró a Greta, cuyo rostro reflejaba el mismo horror absoluto. César no la veía como a una criminal a la que debía ejecutar para cumplir la ley; la veía como un trofeo de caza, el salvoconducto legal para unificar el continente bajo su estandarte de roca negra.

César se giró lentamente, apoyando la cadera contra el borde del escritorio, justo al lado de donde antes descansaba el retrato que Sofía había escondido. Sus ojos grises brillaron con una luz calculadora.

—Tu padre ofrece una recompensa obscena en oro por tu cabeza, viva o muerta, Sofía —dijo el rey, mirándola desde arriba—. Dice que eres la deshonra de su raza. Pero para mí, eres mucho más valiosa viva y portando el apellido Ivanov en un contrato matrimonial. Una boda legítima conmigo me da el derecho absoluto sobre cada hectárea de las Tierras Bajas.

Sofía apretó los puños contra el suelo, tragándose las lágrimas de indignación y miedo que amenazaban con ahogarla.

—Yo no maté a Gavin… —logró decir, con la voz temblando pero clara, reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban—. Alguien me tendió una trampa en el altar de mi hermana Tania. Si me obliga a casarme, mi padre jamás lo aceptará, él me quiere muerta…

—Lo que tu padre quiera ya no importa en este palacio —la interrumpió César con un tono plano, carente de cualquier empatía—. Borís Ivanov no tiene el poder militar para exigirle nada al Rey Lycan. Mañana mismo firmaré el edicto de protección real sobre tu persona. Ante el continente, eres mi prometida, refugiada bajo las leyes del norte. Y ante tu padre… eres la razón por la cual va a tener que entregarme su corona si no quiere que use a su propia hija para reclamar sus tierras.

El Alfa Supremo desvió la mirada hacia Kaelen, que observaba la escena con una mezcla de respeto y asombro ante la fría estrategia de su soberano.

—Kaelen, saca a Greta de aquí. Que regrese a sus labores en la cocina y que no salga una sola palabra de este despacho si valora su cuello —ordenó César—. En cuanto a la señorita Ivanov… búscale una habitación en el ala noble. Retiren ese delantal gris. A partir de mañana, dejará de limpiar el polvo de este palacio para empezar a vestirse como la futura reina de todo el continente.

Sofía vio cómo los guardias levantaban a Greta del suelo con firmeza pero sin brusquedad, arrastrándola hacia la salida. Intentó moverse, estirar la mano hacia la anciana que la había protegido, pero la imponente presencia de César se interpuso en su camino, recordándole que la farsa de la sirvienta invisible había terminado, y que su nueva vida en la boca del lobo acababa de comenzar.

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Florinda Morales
Excelente. Todo. El tema, la redacción, la ortografía, los personajes, la trama, el desarrollo, la expectativa que genera cada capítulo. De los mejores que he leído en esta plataforma. Lo recomiendo ampliamente sobre todo a quienes le gustan este género
Dalia Hache: Muchas gracias 🥰
total 1 replies
María del Carmen Hernandez
excelente novela 👍 👏
Milagros Sanabria
me encantó tu novela. esta muy buena, cada párrafo te va atrapando cada ves mas muchas felicitaciones 👏🥰
Miriam Lenny Miranda
Espero con ansias el próximo capítulo
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