En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Templo 2
A la mañana siguiente, Lila despertó incluso antes de que sonara la campana.
Durante unos segundos permaneció inmóvil sobre la cama.
Mirando el techo blanco.
[Es verdad...]
[No fue un sueño.]
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Todavía le costaba creer que aquella habitación realmente fuera suya.
Se levantó, se arregló con tranquilidad y salió cuando la campana anunció el desayuno.
Después de comer, siguió las indicaciones que le había dado la doncella el día anterior hasta llegar a uno de los patios interiores.
Allí ya la esperaba Mohys.
El anciano sostenía un pequeño cuaderno bajo el brazo y sonrió apenas la vio acercarse.
—Buenos días, Lila.
Ella hizo una pequeña reverencia.
—Buenos días, maestro Mohys.
El anciano soltó una suave risa.
—No hace falta tanta formalidad.
Puedes llamarme simplemente Mohys.
Lila dudó unos segundos.
—Entonces...
Buenos días, Mohys.
—Mucho mejor.
Comenzaron a caminar lentamente por los jardines del templo.
El lugar estaba lleno de flores, pequeños árboles frutales y bancos de piedra donde algunos estudiantes leían en silencio.
Mientras avanzaban, Mohys comenzó a explicarle cómo funcionaba la educación dentro del templo.
—Aquí nadie obliga a los niños a seguir un único camino. Todos reciben una formación básica. Después cada uno decide en qué desea especializarse.
Lila escuchaba atentamente.
—¿Qué clases existen?
Mohys comenzó a enumerarlas.
—Lectura y escritura avanzada. Historia de los reinos. Geografía. Botánica. Pociones. Historia de la magia. Control del maná. Sanación. Idiomas antiguos. Matemáticas. Etiqueta, para quienes deseen trabajar con la nobleza. Y varias más.
Lila abrió ligeramente los ojos.
[Eso es mucho más de lo que esperaba.]
Mohys sonrió al notar su sorpresa.
—No tienes que asistir a todas.
Puedes descubrir poco a poco cuáles despiertan más tu interés.
Ella asintió.
—Entiendo.
Continuaron caminando.
Después de unos minutos, Mohys se detuvo.
Su expresión se volvió un poco más seria.
—Sin embargo... Hay algo que sí me gustaría recomendarte.
Lila levantó la vista.
—Ejercita tu cuerpo.
Ella parpadeó.
—¿Mi cuerpo?
El anciano asintió.
—Ahora eres pequeña.
Y, además...
Observó discretamente sus brazos delgados.
—Has sufrido desnutrición durante bastante tiempo.
Lila bajó un poco la mirada.
Era cierto.
El cuerpo de aquella niña era mucho más frágil de lo que parecía.
Mohys continuó.
—Cuando una persona despierta su magia, la cantidad de maná que puede utilizar depende de varios factores. Uno de ellos es el talento con el que nace. Otro... Es la fortaleza de su cuerpo.
Lila escuchaba sin perder una sola palabra.
—Un cuerpo fuerte soporta mejor grandes cantidades de maná. Un cuerpo débil... Puede agotarse rápidamente o incluso sufrir lesiones al intentar utilizar demasiada magia.
Ella miró sus propias manos.
Entonces... No basta con esperar hasta los catorce años. Hay cosas que puedo hacer desde ahora.
Mohys sonrió satisfecho al verla reflexionar.
—Exactamente. No necesitas quedarte sentada esperando que llegue el día. Puedes prepararte.
Lila asintió con decisión.
—Lo haré.
El anciano pareció complacido.
—Muy bien. Por ahora aún eres demasiado joven para algunas asignaturas prácticas. Pero puedes asistir como oyente. Eso significa que podrás observar las clases aunque todavía no participes.
Los ojos de Lila brillaron.
—¿De verdad?
—Claro.
Aprender nunca es una pérdida de tiempo.
Aquellas palabras le recordaron a algunos médicos de su vida anterior.
Personas que disfrutaban enseñando.
Sin darse cuenta, sonrió.
—Muchas gracias.
Así comenzó su primera semana en el templo.
Cada mañana desayunaba temprano.
Después recorría distintos salones acompañada por alguno de los aprendices mayores.
No era una alumna oficial.
Simplemente observaba.
Escuchaba.
Y hacía preguntas cuando no comprendía algo.
En la clase de historia descubrió que el continente estaba dividido en varios reinos, cada uno gobernado por una familia real y que cada reino tenia sus propios templos, los cuales no estaban relacionados. Ademas habían cuatro grandes imperios conocidos, el imperio Lennox, el imperio de Somerset, el imperio del Sol, los cuales tenían buena relación con Sunderland y también estaba el imperio de oriente con el cual no se tenían relaciones diplomáticas.
En botánica aprendió que muchas plantas comunes poseían propiedades mágicas y que algunas solo florecían cuando absorbían maná del ambiente.
En la clase de pociones observó fascinada cómo un líquido completamente transparente cambiaba de color al añadir un pequeño cristal mágico.
En historia de la magia descubrió que existían cientos de afinidades distintas y que algunas familias las heredaban generación tras generación y que en el reino hace tres generaciones se habia perdido en muchas casa nobles la magia, pero ahora ha vuelto la magia en los últimos nacimientos.
También asistió a una clase de lectura donde descubrió que, aunque el idioma hablado era idéntico al que conocía, la escritura era completamente diferente.
[Será como aprender a leer otra vez.]
Lejos de desanimarse...
Aquello despertó aún más su curiosidad.
Cada noche copiaba una y otra vez las letras en pequeños trozos de papel hasta memorizarlas.
Durante las tardes comenzaba a seguir el consejo de Mohys.
Primero caminaba por los jardines.
Después daba pequeñas vueltas alrededor del patio.
Con el paso de los días empezó a hacer ejercicios sencillos para fortalecer brazos y piernas.
Al principio apenas podía terminar una vuelta sin quedarse sin aliento.
Pero no se rendía.
En su vida anterior había visto cómo su cuerpo se debilitaba cada día sin poder hacer nada para evitarlo.
Ahora era diferente.
Cada pequeño esfuerzo significaba un paso hacia adelante.
Mientras corría lentamente por el jardín una tarde, no pudo evitar sonreír.
[Puedo cansarme...]
[Puedo sentir que me duelen las piernas...]
[Pero este es un dolor completamente distinto.]
[Es el dolor de alguien que está creciendo.]
Y, por primera vez en mucho tiempo, aquel cansancio la hacía sentir profundamente feliz.