A pocos meses de haberse casado con Diego Alcázar, Valeria descubre que este, le es infiel con Camila, el supuesto amor de Diego. Ante tal descubrimiento, Valeria sale huyendo del hotel y es atropellada.
Al despertar descubre que ni su esposo, ni la familia de este, han ido a verla, y que fue un extraño quien la llevo al hospital y pago sus gastos. Tras el alta y al volver a casa descubre que su suegra ya ha sacado todas sus cosas y asegura que Camila es la mujer que si acepta para su hijo.
Es en ese momento de desesperación, le llega un mensaje y termina encontrándose con el hombre que la llevo al hospital, Santiago Alcázar, el medio hermano de Diego, quien le propone casarse con él a cambio de no cobrarle los gastos médicos que él pagó. ¿Cuáles son las intenciones de Santiago al pedirle matrimonio?
NovelToon tiene autorización de MeriGrei para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8
Capítulo 8
Medio hermano.
Al volver al departamento de Lucía, encendí el celular. Tenía llamadas perdidas y un mensaje de Diego:
Borra el video. Cuídate.
Contesté solo dos palabras:
Muérete ya.
Lucía me esperaba con té, pastel y una noticia que, según ella, era “material de novela con presupuesto”.
—Fui a comer a casa de mi papá biológico —dijo—. Este fin van a hacer una recepción para presentar al segundo hijo de Grupo Alcázar.
—¿Segundo hijo?
—Diego.
Así supe que mi marido, el hombre que me había engañado y humillado, era hijo no reconocido de Roberto Alcázar. Teresa había sido durante años la otra mujer, y ahora, reconocida y casada, entraba por la puerta principal. Diego iba a recibir nombre, posición y futuro.
También supe que Santiago era su medio hermano.
Por eso me buscó.
Por eso quería usarme.
—Qué familia tan enferma —dije.
Lucía, sentada frente a mí, se quedó callada. Su propia historia con la familia Andrade se llenó de sombras en la habitación.
—No lo digo por ti —me apresuré.
—Ya sé.
Pero su tono decía que dolía de todos modos.
Me disculpé. No con grandes palabras, porque Lucía odiaba las grandes palabras cuando estaba herida. Dejé su pastel favorito sobre la mesa y esperé.
—Si quieres ir a esa recepción, te consigo invitación —dijo al final.
—¿Tú irás?
—La familia Andrade me mandará vestido. Les conviene que aparezca de vez en cuando.
No pregunté más.
Si la recepción era para presentar a Diego, Camila estaría allí. Teresa también. Tal vez Roberto Alcázar. Tal vez Santiago moviendo piezas desde alguna sombra.
Ir era peligroso.
No ir era permitir que ellos llenaran mi ausencia con cualquier mentira.
—Consígueme la invitación —dije.
Lucía me miró largo.
—¿Estás segura?
—No.
—Buena respuesta. Las respuestas demasiado seguras suelen ser idiotas.
Me reí apenas. Luego guardé el teléfono y miré el techo.
La familia Alcázar acababa de abrir una puerta que yo no sabía que existía. Diego no era solo un marido infiel. Era un hijo escondido, un hombre recién validado, una pieza en una guerra de apellidos.
Y yo, por desgracia, era su esposa.