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GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Amor a primera vista / Pérdida de memoria / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Sofía Miller, la brillante directora creativa de Big Eye Creative, y Sebastián Lombardi, el reservado CEO que lucha por salvar la empresa de su padre, se ven obligados a trabajar juntos. En el proceso, la tensión laboral se transforma en un amor apasionado. Sin embargo, la misma noche en que él le propone matrimonio, un rival provoca un trágico accidente de coche.Al despertar, Sofía recibe un doble impacto: Sebastián está en coma y ella espera un hijo suyo. Un año después, el CEO abre los ojos, pero una amnesia severa ha borrado su último año de recuerdos. Sebastián no reconoce a Sofía y cae en las redes de Daphne, su calculadora exprometida que vuelve para quedarse con su fortuna.Protegida en secreto por el abuelo de su bebé, Sofía regresa a la oficina y a la clínica para dar una batalla silenciosa. ¿Podrá el recuerdo de su amor y el latido de su hija Lucía romper el hielo de su memoria, o se perderá para siempre? Una historia de traición, intriga y reconquista.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 18. UN DIA PERFECTO Y UN AVISO FAMILIAR

El sábado por la tarde, Sebastián me sorprendió por completo. Decidió que, tras la intensa semana que habíamos vivido resolviendo el problema de la oficina, merecíamos un respiro absoluto del trabajo. Me llevó a pasar el día a un hermoso viñedo en las afueras de la ciudad, un lugar rodeado de colinas verdes, aire puro y un ambiente de total tranquilidad.

Dejamos los trajes de sastre colgados en el armario y nos vestimos con ropa cómoda y fresca. Sebastián llevaba una camiseta blanca que resaltaba sus hombros y unos vaqueros sencillos, mientras que yo opté por un vestido de verano color amarillo claro. Caminamos tomados de la mano por los senderos de los viñedos, compartimos una deliciosa cata de vinos y almorzamos en una terraza rústica bajo la sombra de unos árboles centenarios.

—Hacía mucho tiempo que no me sentía tan en paz, Sofía —me confesó Sebastián, mirándome con una ternura infinita mientras acomodaba un mechón suelto de mi cabello castaño detrás de mi oreja—. Trabajar contigo es maravilloso, pero pasar estos momentos a tu lado, siendo simplemente nosotros dos, es lo mejor de mi vida.

—A mí también me encanta estar aquí contigo, Sebastián —le respondí, regalándole una sonrisa amplia—. Siento que a tu lado puedo ser yo misma, sin el peso del apellido Miller ni las expectativas de nadie.

Nos besamos con una dulzura pausada, disfrutando del silencio del campo y del calor del sol de la tarde. Fue una cita perfecta, llena de risas joviales, complicidad y un amor que no hacía más que crecer. Nos sentíamos completamente invencibles en nuestra pequeña burbuja de felicidad. Lo que no podíamos imaginar era que, oculto detrás de unos arbustos a unos cuantos metros de nuestra mesa, un fotógrafo profesional contratado por Alan Vance hacía clic con su cámara de largo alcance, capturando cada uno de nuestros gestos íntimos, risas y besos.

Tres días después, el martes por la mañana, la realidad familiar golpeó con fuerza a las puertas de mi independencia. Me encontraba en mi oficina revisando los nuevos presupuestos que Carla me había enviado para la campaña digital cuando mi teléfono móvil personal comenzó a vibrar sobre el escritorio. En la pantalla parpadeó el nombre de mi hermano menor: Leo.

—¡Holis, Leo! Qué alegría escucharte —saludé con alegría, apoyando el mentón en mi mano—. ¿Cómo van las cosas por la universidad?

Sin embargo, al otro lado de la línea, la voz de mi hermano no sonaba jovial como de costumbre; se escuchaba notablemente alterada, baja y apurada, como si estuviera escondido en alguna parte para que nadie lo descubriera hablando conmigo.

—Sofía, escúchame bien y no me interrumpas, que tengo poco tiempo —susurró Leo con urgencia—. Te estoy llamando desde el baño del despacho de papá en la corporación. Las cosas se acaban de poner muy feas aquí abajo.

Un frío repentino me recorrió la espalda y me enderecé de inmediato en la silla, soltando el bolígrafo.

—¿De qué estás hablando, Leo? ¿Qué pasó?

—Esta mañana llegó un sobre de mensajería urgente al despacho de papá. Era totalmente anónimo —explicó mi hermano con el pulso acelerado—. Adentro había un fajo gigantesco de fotografías tuyas. Son fotos en un viñedo, saliendo de un hotel, paseando... Y en todas sales muy acaramelada, besándote y abrazándote con un hombre. Papá revisó el expediente y ya sabe que es Sebastián Lombardi, el CEO de la agencia donde trabajas.

Sentí que el aire se me escapaba de los pulmones. Alan lo había hecho. Había cumplido su promesa de arrastrarnos al ojo del huracán familiar.

—Leo, yo... lo siento. Sebastián es mi pareja y lo amo, no quería que papá se enterara de esta manera —confesé con un nudo en la garganta.

—Sofía, tú sabes que yo te apoyo al cien por cien —intervino Leo de inmediato, con un tono lleno de cariño fraternal—. Odio esa estúpida idea del matrimonio arreglado con el mujeriego de Alex Romanov tanto como tú, y me alegra muchísimo que hayas encontrado a un hombre real que te haga feliz y te valore por lo que eres. Por mí, papá puede guardarse sus contratos empresariales donde le quepan. Pero tienes que estar prevenida. Papá está hecho una furia absoluta. Golpeó el escritorio tan fuerte que rompió un vaso de cristal.

Tragué saliva, conociendo perfectamente el carácter imponente y controlador de nuestro progenitor cuando alguien desafiaba sus órdenes.

—¿Qué planea hacer? —pregunté, intentando mantener la calma.

—Ya llamó a sus abogados y al jefe de seguridad —me advirtió Leo en un susurro apresurado—. Escuché que estaba exigiendo una investigación completa sobre las finanzas de la agencia de tu novio y que planeaba presentarse en tus oficinas o llamarte hoy mismo para obligarte a regresar a casa bajo amenaza de destruir la empresa de ese tipo si no cumples con el pacto de los Romanov. Tienes que hablar con tu novio, Sofía. Papá no se anda con juegos cuando dañan el orgullo de su apellido. Me tengo que ir, escucho pasos. ¡Te quiero, cuídate!

La línea se cortó de golpe, dejándome con el corazón latiéndome en la garganta y las manos temblando de la pura indignación. Alan Vance creía que usando a mi padre lograría amedrentarme y obligarme a correr a sus brazos, pero se equivocaba por completo. Ya no era la jovencita sumisa que aceptaba los hilos de los magnates tecnológicos.

Me levanté de mi asiento con paso firme, tomé mi bolso y caminé de inmediato hacia el ascensor presidencial. Necesitaba hablar con Sebastián de inmediato, no para suplicar ayuda con miedo, sino para armar nuestra siguiente estrategia en equipo. Mi padre y Alan creían que podían aplastar a una agencia de publicidad de nivel medio con el peso de sus millones, pero subestimaban el ingenio de una directora creativa enamorada y la astucia de un CEO que sabía perfectamente cómo pelear desde abajo. La guerra familiar había comenzado, y estábamos listos para jugar nuestras mejores cartas.

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