¡Al diablo con los protagonistas sufridos que lloran en un rincón! 💥
Dante era el Emperador del Caos, un dios místico que aplastaba deidades por diversión. Ahora reencarnó en el cliché más quemado de Internet: un yerno residente "bueno para nada". Su suegra le grita por no lavar los platos, los primos millonarios lo humillan y él... se está muriendo de la risa mientras hace breakdance con la escoba.
Para colmo, su alma despertó un Sistema que es un completo troll de internet. ¿La regla del juego? Entre más insoportable y predecible sea el villano, ¡más billones de dólares y poderes divinos recibe Dante por romperle el guion de la forma más ridícula posible!
⚡ En esta novela vas a encontrar:
Peleas brutales en sandalias de goma contra mafias armadas hasta los dientes.
Curaciones médicas milagrosas usando una tostadora vieja y un tenedor.
Una fría esposa CEO que no sabe si enamorarse de él o internarlo en un manicomio.
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Capítulo 8: Llegada al Banco en Sandalias
El edificio del Banco Central de la Ciudad era una monstruosidad de treinta pisos construida con puro granito, cristal templado espejado y columnas de mármol jónico que prácticamente gritaban: «Somos asquerosamente ricos y tú no». Era el templo definitivo del capitalismo mortal, un lugar donde la gente entraba vistiendo trajes de tres piezas que costaban el equivalente a tres meses de mi renta anterior y portando portafolios de piel de cocodrilo con combinaciones secretas.
Y justo en medio de la inmaculada explanada de la entrada, se encontraba Dante Cruz.
El sol de la mañana se reflejaba con elegancia en las solapas satinadas de su lujoso saco de esmoquin negro. Su playera blanca estaba perfectamente planchada por el viento, y sus pantalones de pijama con rayas grises y negras se mecían suavemente con la brisa matutina. Por supuesto, el toque maestro, la firma de autor que cerraba el conjunto, eran sus inseparables chanclas verdes de goma, las cuales producían un eco glorioso cada vez que daba un paso.
—Clack, clack, clack—
Dante se detuvo frente a las imponentes puertas de cristal automáticas, metió las manos en los bolsillos de su pijama y se giró para mirarte directamente a la cara, rompiendo la cuarta pared con una sonrisa de absoluta lástima hacia el mundo.
—Muy bien, mis estimados amigos lectores, entren de lleno conmigo al Cliché Clásico Número Cuatro de la literatura urbana —te susurró Dante, señalando las puertas del banco con el pulgar— El famoso tropo de: "El protagonista va vestida con ropa que parece sacada de un bote de basura y los empleados de seguridad lo confunden con un mendigo". Es un evento canónico tan predecible que la propia inteligencia artificial que dicta mi vida debería sentir un poquito de remordimiento por la falta de originalidad. Pero bueno, no los culpo. Al público le encanta ver cómo los tipos con uniforme de seguridad privada se ganan su boleto directo a la humillación pública por juzgar una portada por su calzado. Observen y aprendan.
Dante no alcanzó a dar dos pasos hacia el interior del vestíbulo cuando el aire acondicionado de alta potencia del banco lo recibió en la cara... junto con dos imponentes guardias de seguridad armados con toletes, esposas tácticas y unos chalecos antibalas que les hacían ver el torso del tamaño de un refrigerador doméstico.
El guardia de la izquierda, cuyo gafete decía "Oficial Ramírez", clavó su mirada fijamente en las chanclas de goma verdes de Dante, luego subió por las rayas de los pantalones de pijama y finalmente se detuvo en el saco de esmoquin. Su cerebro de mortal claramente sufrió un cortocircuito lógico de tres segundos intentando procesar si estaba lidiando con un millonario excéntrico, un modelo de pasarela vanguardista o un vagabundo de alta categoría.
Al final, la lógica del guardia de banco promedio ganó la batalla mental.
—A ver, a ver, mi buen amigo... circúlese, circúlese —dijo el Oficial Ramírez, dando un paso al frente y extendiendo la mano con la palma abierta para bloquearle el paso— La zona para pedir apoyo económico del gobierno o para buscar comida en los contenedores del restaurante de al lado queda a tres cuadras de aquí. No puede estar en el vestíbulo principal interrumpiendo a los clientes de la alta sociedad con ese atuendo de... de dormir.
Dante arqueó una ceja, totalmente divertido.
—Oficial Ramírez, me ofende profundamente su falta de visión estética —respondió Dante con una calma exasperante— No vengo a pedir limosna, ni a buscar comida, ni a venderles seguros de vida por catálogo. Vengo a tomar posesión de mi oficina principal. Verá, anoche compré este banco por un desmadre que tuve en un pastel de cumpleaños. Técnicamente, yo pago su salario, su uniforme y las donas que se va a comer a las diez de la mañana. Así que, si es tan amable, quítese de mi camino místico.
El segundo guardia, un tipo con cara de pocos amigos apodado "El Chango", soltó una carcajada seca y descolgó su tolete táctico del cinturón.
—¡Ya estuvo bueno de payasadas con este loco! —bramó El Chango— Ramírez, agarra al vagabundo elegante del brazo izquierdo. Yo lo agarro del derecho y lo aventamos directo a la acera pública antes de que el Director Gómez baje y nos reporte por dejar entrar basura al vestíbulo.
Los dos descomunales guardias se lanzaron hacia adelante al mismo tiempo, estirando sus enormes manos enguantadas con la firme intención de someter a Dante, torcerle los brazos y arrastrarlo fuera del reluciente piso de mármol.
En ese preciso milisegundo, una vibración verde neón cruzó la visión de Dante y la pantalla holográfica del Sistema se materializó frente a su nariz con un ritmo musical que recordaba sospechosamente a una percusión tropical.
🖥️ [¡SISTEMA TROLL ACTIVO!]
[HABILIDAD DETECTADA]: Manual de Cultivo Místico: 'Pasos del Vago Divino'.
[RITMO SELECCIONADO]: Cumbia Sabrosa de Barrio Bajo Colombiano.
[Mensaje del Sistema]: Anfitrión, tus pies acaban de adquirir un flujo místico inigualable. No necesitas golpear a estos mortales; simplemente muévete con el sabor del Caos.
El Oficial Ramírez lanzó un manotazo directo al cuello de la camisa de Dante.
Dante no se tensó, ni adoptó una postura de karateca, ni usó energía espiritual para mandar a volar el edificio. En su lugar, simplemente relajó los hombros, deslizó su peso hacia la pierna izquierda y ejecutó un sutil, fluido y sumamente sabroso paso de cumbia hacia atrás. Su chancla verde hizo un chirrido rítmico contra el suelo pulido:
¡Squeak!
La mano de Ramírez pasó rozando el aire, perdiendo el equilibrio por completo debido a la inercia de su propio peso.
—¡Un, dos, tres, vuelta! —narró el Sistema mentalmente en la cabeza de Dante.
El Chango, viendo que su compañero fallaba, lanzó una tacleada baja digna de un jugador de fútbol americano. Dante, manteniendo las manos profundamente metidas en los bolsillos de su pijama y con una expresión de absoluto aburrimiento, simplemente dio un leve saltito lateral, cruzando la pierna derecha por detrás de la izquierda en un perfecto paso de vaivén tropical.
¡Squeak, clack, squeak!
El Chango pasó de largo como un proyectil sin control, sus botas de suela dura resbalaron en el mármol encerado y terminó estrellándose de cara directamente contra una enorme maceta de ficus decorativa que adornaba la entrada. El golpe fue tan seco que varias hojas verdes le cayeron sobre la cabeza, dejándolo sentado en la tierra de la maceta con los ojos girando en círculos.
—¡¿Pero qué carajos...?! —exclamó Ramírez, dándose la vuelta rápidamente, con la respiración agitada y la cara roja de pura frustración— ¡Muévete maldita sea! ¡Quédate quieto!
Ramírez intentó un barrido de piernas para tirar a Dante al suelo, pero Dante ya estaba completamente sintonizado con el 'Pasos del Vago Divino'. Se movía con una fluidez tan ridícula que parecía estar flotando o completamente borracho, pero cada paso era matemáticamente perfecto para esquivar las manos del guardia por escasos milímetros. Dante bailaba cumbia alrededor de Ramírez, esquivando toletazos con giros de cadera perezosos, mientras la pantalla del Sistema parpadeaba celebrando su flow místico.
[¡COMBO DE ESQUIVA COMPLETADO!]:
Nivel de Flow: Máximo.
Humillación de Seguridad Privada: 100 puntos (Rango SSS).
Puntos de Descaro adquiridos: 5,000.
Con un último paso cruzado hacia el frente, Dante aprovechó la fuerza del último giro de Ramírez para darle una palmadita suave en la espalda. El impulso hizo que el guardia de seguridad saliera disparado en línea recta hacia adelante, atravesando las puertas automáticas a toda velocidad... solo para terminar cayendo de bruces en el charco de la fuente de agua decorativa de la explanada exterior, salpicando a dos ejecutivos que iban pasando.
Dante se detuvo justo enfrente del mostrador de la recepción principal. Se sacudió una mota de polvo imaginaria de su elegante saco de esmoquin, se acomodó los pantalones de pijama y miró hacia un lado, guiñándote el ojo con total desvergüenza mientras las secretarias del banco lo miraban con un terror sagrado.
—¿Lo ven, muchachos? —te dijo Dante con una sonrisa cínica— Les dije que no valía la pena sudar ni gastar energía mística de alto nivel cuando puedes resolver tus problemas de seguridad con un poquito de ritmo tropical y unas chanclas bien puestas. Ahora... es momento de ir a la oficina del Director Gómez y ver si su ropa interior combina con el color de las alfombras de mi nuevo banco.