Una chica de la era moderna reencarna en el cuerpo de Madeline, la prometida del frío Duque Elías. Tras quedar embarazada y decidida a proteger el futuro de su hijo, ella empaca sus maletas y huye lejos, escondiendo su rastro.
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Capítulo 16
Salir de la mansión resultó mucho más difícil de lo que Madeline había imaginado.
El corazón le latía con fuerza mientras avanzaba por los jardines oscuros, sujetando la maleta contra su pecho.
A cada paso esperaba escuchar voces.
O el sonido de unos guardias corriendo tras ella.
O la voz de Julián ordenando que la detuvieran.
Pero nada ocurrió.
La noche permanecía silenciosa.
Al llegar al viejo muro de piedra, sus ojos buscaron el pequeño agujero que recordaba de la infancia.
Durante un instante temió que hubiera sido cerrado años atrás.
Sin embargo, allí seguía.
Oculto tras unos arbustos.
Una sonrisa nerviosa apareció en sus labios.
—Gracias, Madeline —murmuró para sí misma.
Primero empujó la maleta hacia el otro lado.
Después se arrodilló y comenzó a pasar.
Las ramas se engancharon en su capa.
La tierra ensució sus manos.
Por un momento incluso pensó que se había quedado atascada.
—No me hagas esto ahora... —susurró apretando los dientes.
Con un último esfuerzo logró salir.
Cayó de rodillas entre los matorrales del exterior.
Y por primera vez en toda la noche respiró con libertad.
Se incorporó lentamente.
Delante de ella se extendía el camino que conducía hacia la ciudad.
Detrás quedaba la enorme mansión Feirchild.
Las luces brillaban en algunas ventanas.
Madeline permaneció inmóvil observándola.
Allí había vivido toda su vida.
Allí había despertado en aquel mundo.
Allí se encontraba Celia.
Una sensación amarga le oprimió el pecho.
Pero no podía quedarse.
No ahora.
No después de todo lo ocurrido.
Tomó aire profundamente.
Y se dio la vuelta.
Comenzó a caminar.
Cada vez más rápido.
Las calles estaban casi vacías a aquellas horas.
Solo algunas lámparas iluminaban los caminos empedrados.
El viento frío agitaba su capa.
Más de una vez creyó escuchar pasos detrás de ella.
Y cada vez se giraba sobresaltada.
Pero no había nadie.
Aun así no logró relajarse.
Sentía que alguien podía aparecer en cualquier momento.
Que Julián podía haber descubierto su ausencia.
Que los guardias podían estar buscándola.
Que todo podía terminar antes siquiera de comenzar.
Aceleró el paso.
Necesitaba llegar a la posada.
Necesitaba desaparecer antes del amanecer.
Cuando finalmente divisó el edificio, casi sintió ganas de llorar de alivio.
Una pequeña posada permanecía abierta junto al camino principal.
La luz cálida que escapaba por las ventanas parecía un refugio en medio de tanta incertidumbre.
Entró rápidamente.
La mujer detrás del mostrador levantó la vista.
Sus ojos recorrieron la capa, la maleta y el rostro nervioso de Madeline.
Demasiadas preguntas.
Madeline intentó sonreír.
—Necesito una habitación para esta noche.
La mujer tardó unos segundos en responder.
—¿Viaja sola?
Aquella pregunta hizo que el corazón de Madeline se detuviera por un instante.
—Sí.
La posadera arqueó una ceja.
Pero finalmente se limitó a extender la mano.
—Son dos monedas de plata.
Madeline pagó de inmediato.
La mujer le entregó una llave.
—Última puerta del segundo piso.
—Gracias.
Tomó la llave y prácticamente subió corriendo las escaleras.
Solo cuando cerró la puerta de la habitación tras ella pudo respirar.
El cuarto era sencillo.
Una cama.
Una mesa.
Una ventana.
Nada más.
Y aun así le pareció el lugar más seguro del mundo.
Dejó la maleta junto a la cama.
Luego se acercó a la ventana.
Desde allí podía verse parte de la calle.
Oscura.
Vacía.
Silenciosa.
Madeline apoyó la frente contra el cristal.
Lo había conseguido.
Al menos por ahora.
Mañana tomaría un carruaje.
Mañana abandonaría aquella ciudad.
Mañana comenzaría una nueva vida.
~~
En la mansión Ashford, el silencio reinaba dentro del despacho.
Elías permanecía sentado tras el escritorio mientras revisaba el informe que Orión acababa de entregarle.
Sus ojos recorrían las líneas una y otra vez.
Como si esperara encontrar una respuesta diferente.
O una explicación que cambiara lo que acababa de leer.
Pero las palabras seguían allí.
Inalterables.
—Pudimos encontrar a una de las sirvientas involucradas —explicó Orión desde el otro lado de la habitación—. Intentó huir después de la cacería, pero logramos atraparla hace dos días.
Elías levantó la vista.
—¿Qué confesó?
—Según su declaración, lady Madeline ya estaba bajo los efectos de una droga cuando ella la llevó hasta aquella habitación.
El despacho quedó en silencio.
—¿Está segura de eso? —preguntó Elías después de unos segundos.
—Sí.
Orión asintió.
—Asegura que la vio mareada. Apenas podía caminar por sí misma.
Los dedos de Elías se tensaron alrededor del informe.
—Continúa.
—La sirvienta afirma que solo recibió órdenes de trasladarla. Desconoce quién organizó el resto.
Elías volvió a bajar la mirada hacia los documentos.
Durante varios segundos no dijo nada.
Madeline también había sido una víctima.
Aquella idea se abrió paso lentamente entre sus pensamientos.
Recordó el rostro de ella aquella mañana.
La confusión.
El miedo.
La forma en que intentó explicarle lo ocurrido.
"Yo tampoco sé cómo terminé aquí."
Las palabras regresaron a su memoria con una claridad incómoda.
Y también recordó su propia respuesta.
"¿Pretendes que crea eso?"
Una sensación desagradable se instaló en su pecho.
Porque ahora sabía que ella estaba diciendo la verdad.
—Déjame solo.
Orión levantó la cabeza.
—¿Mi señor?
—He dicho que me dejes solo.
El asistente inclinó la cabeza.
—Como ordene.
La puerta se cerró tras él.
El silencio regresó.
Elías apoyó la espalda contra el asiento y se pasó una mano por el rostro.
No entendía aquella sensación.
Era irritante.
Molesta.
Persistente.
Durante semanas había estado convencido de que Madeline formaba parte de algún plan ideado por Julián.
Sin embargo, cada nueva pieza parecía encajar cada vez menos con esa teoría.
Recordó la última vez que la había visto.
Sentada en el jardín.
Preguntándole cosas absurdas.
Intentando mantener una conversación normal.
Incluso burlándose de él.
"¿Es que acaso solo sabe decir mm?"
Una pequeña arruga apareció entre sus cejas.
Aquella no había sido la Madeline que conocía.
Y ahora que lo pensaba...
Tampoco parecía una mujer que estuviera intentando atraparlo.
Elías soltó un suspiro.
Llevaba semanas evitando las visitas al condado Feirchild.
Primero por la investigación.
Después porque no tenía ganas de verla.
Y ahora...
Ahora no estaba seguro de cuál era el motivo.
Se levantó de la silla y caminó hasta la ventana.
Quizá debía hablar con ella.
Escuchar su versión de los hechos.
Aunque solo fuera una vez.
Porque si realmente era inocente...
Le debía una disculpa.
La idea le resultó tan extraña que casi quiso descartarla.
Él no se disculpaba.
Nunca.
Sin embargo, la imagen de Madeline aquella mañana regresó una vez más.
Y por primera vez, Elías se preguntó si había sido injusto con ella.
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es sabía como ese Nathan que estuvo ahí espero que veamos pronto llegue lejos como también a ese tonto que le perdió
de irse más lejos y espero
que su madre la ayude a que no la
molesten temprano para darle tiempo
descubrirá que se escapó embarazada