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Renacer Entre Espinas

Renacer Entre Espinas

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Traiciones y engaños / Mujer poderosa
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Itz

"No todas las segundas oportunidades llegan para recuperar el pasado. Algunas llegan para construir un futuro."

NovelToon tiene autorización de Itz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La disciplina de una Rosa (continuación)

Las clases continuaban.

Los días transcurrían con una disciplina inquebrantable, hasta el punto de que el tiempo parecía medirse por las lecciones impartidas dentro de la mansión Belmonth.

La etiqueta estaba llegando a su fin.

Everly ya no necesitaba pensar cada movimiento antes de ejecutarlo. La elegancia se había convertido en parte de ella; caminaba con la serenidad de quien conocía su propio valor y hablaba con una calma capaz de acallar una habitación entera.

Las lecciones de magia también daban sus frutos.

La energía que meses atrás se desbordaba entre sus manos ahora respondía a su voluntad con una precisión casi impecable. Ya no luchaba contra su poder; había aprendido a comprenderlo, a conducirlo y a convertirlo en una extensión de sí misma.

Y cuando el sol comenzaba a ocultarse, llegaba el momento del entrenamiento físico.

La defensa era una tradición inquebrantable para los Belmonth.

Una espada de madera silbó en el aire.

Everly esquivó el golpe con un movimiento limpio, girando sobre sus talones antes de responder con una estocada que obligó a su instructor a retroceder un paso.

—Otra vez.

La orden resonó en el patio de entrenamiento.

Una y otra vez.

Hasta que cada movimiento dejó de ser un esfuerzo para convertirse en un reflejo.

Más rápida.

Más precisa.

Más difícil de sorprender.

Cuando el instructor volvió a levantar la espada, una voz serena interrumpió el entrenamiento.

—Es suficiente.

Todos volvieron la vista hacia la entrada del patio.

Kael Belmonth caminó hasta el centro con la tranquilidad propia de quien no necesitaba anunciar su presencia. Su cabello plateado se mecía con la brisa de la tarde, mientras sus ojos rojos se posaban sobre su hermana con atención.

El instructor inclinó la cabeza y dio un paso atrás.

—Mi lord.

Kael tomó una espada de entrenamiento del soporte cercano y la hizo girar con naturalidad entre sus manos.

Después miró a Everly.

—Veamos cuánto has progresado.

Everly respondió con una leve inclinación de cabeza.

—Será un honor, hermano.

Ambos adoptaron la posición de combate.

El silencio envolvió el patio.

Entonces...

El acero de entrenamiento chocó con fuerza.

Kael atacaba con la precisión que se esperaba del heredero del Archiducado.

Cada golpe obligaba a Everly a pensar con rapidez.

Cada movimiento escondía una enseñanza.

Ella bloqueó un ataque, giró sobre sí misma y respondió con una estocada que hizo retroceder apenas unos centímetros a Kael.

Una leve sonrisa apareció en los labios del heredero.

—Has mejorado.

El combate continuó.

Ninguno buscaba imponerse.

Era una conversación silenciosa entre dos espadas.

Kael aumentó poco a poco la velocidad.

Everly respondió sin vacilar.

Su respiración permanecía estable.

Sus pies apenas levantaban la arena.

Había dejado de luchar con desesperación.

Ahora luchaba con inteligencia.

Finalmente, Kael desvió la espada de Everly con un movimiento limpio y apoyó suavemente la punta de la suya sobre el hombro de su hermana.

El combate había terminado.

Everly dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Aún me falta mucho.

Kael bajó la espada.

—Sí.

Pero ya no eres la niña que necesitaba que todos la protegieran.

Guardó unos instantes de silencio.

Después añadió con la seriedad que lo caracterizaba:

—Cuando llegue el día de tu debut, la nobleza verá a una dama perfecta...

Yo veré a una Belmonth.

Aquellas palabras valían más que cualquier elogio.

Porque Kael jamás regalaba cumplidos.

Si hablaba, era porque realmente lo sentía.

Desde el balcón que dominaba el patio, una figura observaba en absoluto silencio.

Alaric Belmonth.

Con las manos entrelazadas a la espalda y el rostro tan imperturbable como siempre, seguía cada uno de los movimientos de sus hijos.

No intervenía.

No corregía.

No elogiaba.

Simplemente observaba.

Por un instante casi imperceptible...

La dureza de sus ojos se suavizó.

Era apenas un destello.

Tan fugaz que cualquiera habría pensado que lo había imaginado.

Pero aquel pequeño cambio bastaba para comprender lo que el Archiduque jamás expresaría con palabras.

Orgullo.

No solo por la fuerza de Everly.

Ni por la destreza de Kael.

Si no porque veía a sus hijos honrar el nombre de los Belmonth con disciplina, respeto y determinación.

Sin decir una sola palabra, Alaric giró sobre sus talones y abandonó el balcón.

Ninguno de los dos supo que había estado allí.

Solo el viento permaneció en el patio, haciendo ondear el estandarte de las espinas negras.

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