NovelToon NovelToon
LA JAULA DE ESMERALDA

LA JAULA DE ESMERALDA

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro
Popularitas:923
Nilai: 5
nombre de autor: NATALIA ORTEGA

El huracán le quitó su casa, pero él le quitó su libertad. Esmeralda vive encerrada en una jaula de oro, prisionera del hombre que dice amarla. Entre mentiras, tormentas y secretos, deberá elegir: morir en silencio o destruir todo para ser libre. ¿El amor puede doler tanto como una prisión?


.Confirmo que soy la autora, la autora de esta obra y poseo todos los derechos de autor,

.Estoy de acuerdo con los terminos de MangaToon.

NovelToon tiene autorización de NATALIA ORTEGA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7. LA AMANTE EN LA CENA.

Una semana de casada.

Una semana durmiendo en la misma cama que mi carcelero, con su cuerpo a centímetros del mío cada noche. Una semana en la que no me tocó. Una semana en la que me morí por dentro cada vez que su respiración rozaba mi nuca.

Esa era su tortura. Y estaba funcionando.

“Vístete”, dijo Emiliano desde la puerta de mi habitación. Vestidor, debería decir. “Cenamos fuera hoy. Algo apropiado. Nada de trapos de mercado.”

Sobre mi cama había una caja negra. Dentro, un vestido rojo. Corto. Apretado. De espalda descubierta. Era un grito de guerra.

“¿Vamos a algún lugar en específico?”, pregunté, con la voz seca. Ya no pedía permiso. Solo información.

“La reapertura de mi restaurante insignia”, respondió, sin mirarme. “Estará toda la prensa. Y la élite de la ciudad.” Sus ojos grises me encontraron por fin. “Y mi familia. Quiero que conozcan a mi esposa.”

Esposa. La palabra todavía me daba arcadas.

Dos horas después, bajé las escaleras. El vestido rojo me quedaba como una segunda piel. El escote en la espalda me hacía sentir desnuda. En mi dedo, la esmeralda. En mi cuello, un collar de diamantes que él me había puesto personalmente. Una cadena más.

Él me esperó al pie de la escalera. De esmoquin negro. Impecable. Mortal.

Su mirada me devoró. No dijo nada. Solo me ofreció el brazo.

El restaurante era un templo de cristal y luces. La prensa nos cegó con flashes en cuanto entramos. “¡Señor de la Rosa! ¡Señora de la Rosa!”, gritaban.

Señora. Quise vomitar.

Me llevó directo a la mesa principal. Y ahí estaba ella.

Valeria Montenegro.

Rubia. Alta. Vestida de dorado. La exnovia. La mujer que toda la ciudad juraba que sería la señora de la Rosa. Hasta que aparecí yo.

Sus ojos azules se clavaron en mí. Y luego en mi anillo. La esmeralda bajo las luces parecía sangrar.

“Emiliano, cielo”, ronroneó, levantándose. Ignorándome por completo. Le plantó dos besos en las mejillas. Demasiado cerca. Demasiado tiempo. “Felicidades por la… adquisición.”

Adquisición. Como si fuera un coche. Un terreno.

Emiliano no se apartó. Pero su mano\, en mi cintura\, me apretó. Un aviso. _Mía._

“Valeria”\, dijo él\, con una calma helada. “Ella es Esmeralda. Mi _esposa_.” Recalcó la palabra. “Esmeralda\, ella es Valeria. Una vieja amiga de la familia.”

Vieja amiga. Valeria palideció.

Nos sentamos. La cena fue un campo minado. Valeria se dedicó a hablar de “los viejos tiempos” con Emiliano. De viajes. De fiestas. De una pulsera que él le había regalado en París. Todo dirigido a él. Todo para recordarme que yo era la intrusa. La nadie.

Yo picoteé mi comida. Humillada. Exhibida. Cada mirada de la mesa me medía, me juzgaba. La pobre chica que cazó al millonario.

Hasta que Valeria cometió el error.

Se inclinó hacia mí, con una sonrisa de serpiente, y dijo lo bastante alto para que la mesa oyera: “Cariño, ese color rojo es… atrevido. Aunque no sé si te favorece. Con tu tono de piel, te ves un poco… barata. Emiliano siempre prefirió el dorado. ¿Verdad, cielo?”

El silencio cayó en la mesa. Todos contuvieron el aliento. Esperando mi reacción. Esperando ver a la chica pobre romperse.

Sentí la sangre subirme a la cara. Las lágrimas me picaban. Quise hundirme en el suelo.

Y entonces, sentí su mano.

Emiliano dejó su copa de vino sobre la mesa. Lento. Con un _clink_ que sonó como un martillo de juez. No me miró a mí. Miró a Valeria.

Y su mirada no era humana.

“Valeria”, dijo. Su voz era suave. Terciopelo sobre hielo. “Hay dos reglas en mi mesa.”

Toda la sala pareció congelarse.

“Uno: nadie le habla a mi esposa si yo no le doy permiso.” Su pulgar empezó a acariciar mi columna desnuda\, posesivo. “Y dos…” Se inclinó hacia adelante\, y su voz bajó\, pero todos oyeron: “Nadie insulta lo que es _mío_. Nunca más.”

Valeria se quedó blanca. “Emiliano, yo solo…”

“No”, la cortó él. “Tú ya terminaste.” Chasqueó los dedos. Un guardia apareció de la nada. “La señorita Montenegro se retira. Ahora.”

“¡No puedes hacerme esto!”, siseó ella, furiosa. “¡Después de todo lo que fuimos!”

Emiliano se levantó. Toda su altura, toda su furia contenida. Me jaló para que me levantara con él. Me pegó a su costado. Dueño.

“Lo que fuimos no importa”, dijo, mirándola como si fuera basura. “Lo que ella es, sí. Ella es mi esposa. Y tú acabas de demostrar que no sabes cuál es tu lugar.” Le hizo un gesto al guardia. “Fuera.”

A Valeria la sacaron entre murmullos. La humillación en su cara era un poema.

Emiliano se volvió hacia mí. La tormenta en sus ojos no se había ido. Me tomó la cara entre sus manos, delante de todos. Su pulgar limpió una lágrima que no sabía que había caído.

“Para que te quede claro, Esmeralda”, me dijo, con la voz ronca, solo para mí. “Pueden mirarte. Pueden envidiarte. Pero si alguien vuelve a hacerte sentir menos… yo lo entierro.”

Y me besó. Ahí. Delante de la prensa\, de su familia\, de toda la élite. No fue un beso de castigo. Fue un beso de posesión. De marca. De _“es mía y ay de quien lo dude”_.

Cuando me soltó, yo estaba temblando. No dé miedo. De algo peor. Algo que se parecía peligrosamente al… alivio.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play