Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Andres Vanderbilt 1
Circe necesitaba información.
Pero no podía simplemente acercarse a cualquiera y preguntar directamente por el hombre que acababa de mencionar a los Root.
Eso levantaría sospechas.
Así que cambió de estrategia.
Se acercó a una doncella que estaba recogiendo algunas copas.
Su expresión cambió inmediatamente.
Dejó de parecer la maga que entrenaba con espada durante horas y adoptó la apariencia de una joven tímida e inocente.
Incluso inclinó ligeramente la cabeza.
—Disculpa...
La doncella la miró.
—¿Sí, señorita?
Circe señaló discretamente al hombre.
—¿Quién es él?
La doncella siguió su mirada.
—¿Aquel caballero?
Circe asintió.
—Sí.
La muchacha pareció interesarse también.
—Déjeme averiguarlo.
Después de unos minutos regresó.
—Es el duque Vanderbilt.
Circe parpadeó.
—¿Un duque?
—Sí.
Ella asintió lentamente.
[Ya tengo un nombre.]
Duque Vanderbilt.
Eso era importante.
Según los recuerdos de Circe, los Root eran nobles, pero no poseían un título nobiliario importante.
Su poder dependía principalmente de sus negocios y de los acuerdos comerciales que mantenían con otras familias.
Un duque, en cambio...
Era una posición completamente diferente.
Circe volvió a mirar al hombre.
Esta vez lo observó de otra manera.
Alto.
Cabello oscuro.
Ojos grises.
Elegante.
Atractivo.
Y aparentemente inteligente.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
[Quizás pueda utilizar al guapo moreno para castigar un poco a los Root.]
No tenía intención de involucrarlo directamente en sus problemas.
Todavía no.
Pero si aquel hombre tenía negocios con los Root...
Quizás podría convertirse en una pieza interesante.
La pregunta era cómo acercarse.
Circe sabía perfectamente que era hermosa.
Su cabello largo y liso, de aquel particular tono azul ceniza, llamaba la atención.
Y su rostro tampoco pasaba desapercibido.
Pero precisamente por eso debía tener cuidado.
No podía acercarse demasiado rápido.
Tenía que parecer natural.
Esperó.
Esperó pacientemente.
Hasta que finalmente encontró el momento adecuado.
El duque Vanderbilt se quedó solo durante unos instantes.
Circe respiró profundamente.
[Perfecto.]
Caminó hacia él.
Y justo cuando estaba cerca...
Tropezó.
—¡Ah!
No cayó realmente.
Pero perdió el equilibrio de forma suficientemente convincente.
El duque reaccionó inmediatamente.
La sostuvo antes de que llegara al suelo.
—¿Se encuentra bien?
Circe levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron.
Él sonreía.
Una sonrisa ligeramente coqueta.
Circe parpadeó.
[Oh.]
[Es rápido.]
El duque la sostuvo por el brazo hasta asegurarse de que estuviera estable.
—Pareció una caída bastante casual.
Circe lo observó.
[Es inteligente.]
[Definitivamente no intenta hacerse el héroe.]
[No busca rescatar a una damisela.]
[Está jugando.]
Eso le gustó.
Circe adoptó una expresión inocente.
—Sí... estoy bien.
Entonces hizo algo que esperaba que funcionara.
Dejó que una pequeña luz blanca apareciera sobre su mano.
La pasó lentamente sobre su pie.
No era magia de sanación.
Simplemente había creado luz.
Pero el duque no lo sabía.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¿Está herida?
Circe abrió los ojos con sorpresa fingida.
—No, no es nada.
El duque la observó.
—Lo lamento.
Hizo una pequeña pausa.
—Pensé que era una señorita más buscando llamar la atención.
Circe levantó una ceja.
[Oh.]
[Así que ese es su juego.]
Sonrió suavemente.
—Creo que se tiene en muy alta estima, lord..
El hombre pareció darse cuenta de que había sido demasiado directo.
—Yo...
Por primera vez pareció ligeramente nervioso.
—Disculpe.
Se enderezó.
—Soy el duque Adrian Vanderbilt.
Circe hizo una pequeña reverencia.
—Gracias por su ayuda, duque.
Después comenzó a retirarse.
Había dado apenas unos pasos cuando escuchó..
—Espere.
Circe se detuvo.
Tuvo que contener una sonrisa.
[Perfecto.]
Se giró lentamente.
Adrian la observó con curiosidad.
—¿No va a decirme su nombre?
Circe fingió cierta incomodidad.
—No quiero que crea que estoy buscando llamar su atención.
El duque sonrió avergonzado.
—No pensaría eso.
Circe lo miró durante unos segundos.
[Es guapo.]
Eso era un hecho.
Y además parecía tener cerebro.
Una combinación peligrosa.
Finalmente decidió darle su nombre.
—Soy Circe.
Hizo una pequeña pausa.
—Una maga del templo.
Adrian sonrió.
—¿Una amiga de la novia?
Circe asintió.
—Sí.
—Entiendo.
Ella volvió a hacer una pequeña reverencia.
—Que tenga una buena noche, duque.
Se dio la vuelta.
—Y disculpe por haberlo molestado.
Adoptó nuevamente aquella expresión tímida.
Bajó ligeramente la mirada.
Y comenzó a alejarse.
Pero no llegó demasiado lejos.
Adrian la alcanzó.
—Espere.
Circe se giró.
Él parecía algo incómodo.
—No quería ser grosero antes.
Circe no respondió.
—Permítame compensarla.
Por dentro, Circe casi sonrió.
[¿Acepto?]
La respuesta obvia era sí.
Pero había algo que la detenía.
Adrian parecía inteligente.
Y si ella aceptaba demasiado rápido, podía perder parte del misterio.
Así que decidió dejarlo con la duda.
Sonrió.
Una sonrisa suave.
Casi coqueta.
—No será necesario.
Adrian la miró.
—¿Está segura?
—Completamente.
Circe se dio la vuelta nuevamente.
Caminó unos pasos.
Después, como si hubiera cambiado de opinión...
Giró ligeramente la cabeza.
Lo miró.
Coqueta.
Solo durante un instante.
Adrian seguía observándola.
Sus miradas se encontraron.
Circe sonrió apenas.
Después continuó caminando.
[Perfecto.]
[El duque Vanderbilt me buscará.]
[Estoy casi segura.]
Se alejó lentamente entre los invitados.
Y mientras fingía estar completamente concentrada en la celebración...
Una sonrisa maliciosa apareció en su rostro.
[Adrian Vanderbilt.]
[Veremos qué tan útil puede ser un duque.]