NovelToon NovelToon
Entre Sombras Y Piel

Entre Sombras Y Piel

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Suspenso / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Elara es una arquitecta brillante, reservada, que ha vivido siempre bajo reglas y control. Todo cambia cuando acepta restaurar la antigua mansión de la familia Varela y conoce a Dante Varela: un hombre misterioso, intenso, que despierta en ella un fuego que creyó no tener. Entre paredes que guardan secretos, noches de pasión arrolladora y un pasado que amenaza con separarlos, descubrirán que el deseo no se puede controlar… y que a veces, amar es el único riesgo que vale la pena correr.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 — El plan y la noche

El silencio volvió a caer sobre la mansión, pero ya no era un silencio de calma: era un silencio tenso, alerta, lleno de sombras que se movían con cada respiración. Esa noche, después de que la casa se sumiera en el sueño, Dante y Elara se reunieron en su habitación, con la puerta cerrada con llave y las cortinas echadas, como si la oscuridad misma pudiera escucharlos. Sacaron la caja de metal de su escondite y la colocaron sobre la mesa, bajo la luz tenue de una lámpara que apenas iluminaba sus rostros pálidos por la tensión.

—No podemos esperar más —empezó Dante, con voz baja y firme, recargándose contra el borde de la mesa—. Julián nos ha dado una advertencia. Y gente como él no avisa dos veces. O actúa esta noche… o mañana. Debemos movernos antes de que él lo haga.

—¿Y qué haremos? —preguntó Elara, aunque en el fondo ya conocía la respuesta—. No podemos ir a la policía directamente. Dices que tiene contactos, que nos pueden traicionar antes de llegar.

—Es cierto —asintió él, pasándose una mano por el rostro, cansado—. Pero no todos son suyos. Hay un fiscal, un hombre íntegro, que investigó a mi padre hace años y se quedó con la duda. Se llama Marcelo Salinas. Vive en la capital, a unas horas de aquí. Si logramos llegar hasta él, si le entregamos estas pruebas personalmente… podremos detenerlo. Pero para eso, debemos salir de esta casa sin que nadie nos vea. Sin que Julián se entere. Sin que la señora Clara tenga que elegir bandos.

—¿Salir ahora? —preguntó ella, mirando hacia la ventana, donde la noche era profunda y oscura—. ¿En medio de la madrugada?

—Mientras duermen es nuestra única oportunidad —explicó él, tomándola de las manos, apretándolas con fuerza—. Si esperamos a mañana, puede que ya sea demasiado tarde. Puede que encontremos la puerta cerrada, o el coche sin combustible, o cualquier excusa para retrasarnos… y él llegará antes de que podamos irnos. No quiero arriesgarte, Elara. Si prefieres quedarte, si crees que es demasiado peligroso… lo entenderé. Pero yo debo irme. Debo poner estas pruebas a salvo.

Ella negó con la cabeza de inmediato, sin dudarlo ni un segundo.

—No te dejaré ir solo. Y no me quedaré aquí esperando a que venga por nosotros. Voy contigo. Juntos empezamos esto, y juntos lo terminaremos.

Dante la miró, y en sus ojos brilló algo que no era miedo ni dolor: era gratitud, era amor, era la certeza de que no estaba solo. La atrajo hacia sí y la besó, despacio, con toda la ternura y la desesperación que sentía, como si quisiera grabarse el sabor de sus labios por si algo salía mal, como si fuera la última vez que pudiera tocarla.

—Gracias —susurró contra sus labios—. No sabes cuánto significa esto para mí. Prometo que te protegeré con mi vida si es necesario.

—Y yo la tuya —respondió ella, acariciando su mejilla—. Ahora, díme qué hacemos.

Prepararon todo con rapidez y silencio. Empacaron solo lo esencial: las pruebas, documentos importantes, algo de ropa, dinero en efectivo. Dante escondió la caja de metal en el fondo de una mochila, cubriéndola con ropa para que no se viera. Se vistieron con ropa oscura, abrigos gruesos para el frío de la noche, y se detuvieron un instante antes de apagar la luz, escuchando: solo el viento soplando entre los árboles, ningún paso, ninguna voz.

—Saldremos por la puerta de la cocina —susurró Dante—. Da al jardín trasero, alejada de la entrada principal. Allí tengo el coche aparcado, escondido entre los árboles. Nadie lo verá desde la casa.

Salieron de la habitación uno tras otro, con el corazón latiendo desbocado, caminando descalzos sobre la madera para no hacer ruido. Cada crujido del suelo les pareció un trueno, cada sombra en el pasillo una figura acechante. Al bajar las escaleras, Elara se detuvo un instante al ver una puerta entreabierta: la habitación de la señora Clara. ¿Estaría despierta? ¿Los habría oído? Pero no hubo movimiento, ni luz, ni sonido. Continuaron hasta la cocina, y Dante abrió la puerta con lentitud, sin hacer el menor ruido. El aire frío de la noche los golpeó de inmediato, cargado de olor a pino y tierra mojada.

Caminaron rápido, agachados, hacia donde estaba el coche, entre la espesura del bosque que rodeaba la casa. Elara miró hacia atrás una sola vez: la mansión se alzaba imponente y oscura, sin una sola luz encendida, como un gigante dormido que guardaba todos los secretos del pasado. Pero sabía que no estaban solos. Alguien los estaba observando. Lo sintió en la piel, como una mirada fría clavada en su espalda.

—Dante —susurró, deteniéndose un instante—. Alguien nos mira.

Él se giró de inmediato, escaneando las sombras con la mirada, pero no vio nada. Solo árboles, solo oscuridad.

—Vamos —dijo, tomándola de la mano y corriendo hacia el coche—. Debemos irnos. Ya.

Subieron al vehículo y Dante encendió el motor con rapidez. Las luces delanteras iluminaron el camino de tierra que se abría entre los árboles. Condujo con cuidado al principio, sin prisa, para no levantar polvo que pudiera delatar su salida, y cuando estuvieron lejos de la casa, pisó el acelerador con fuerza. El coche avanzó veloz por la carretera solitaria, alejándose de todo lo que habían conocido, alejándose del peligro que los había acechado durante días.

Elara miró por la ventanilla, viendo cómo los árboles pasaban a toda velocidad, borrando el paisaje en la oscuridad. Tenía la mano sobre la mochila, donde estaba la caja, donde estaba la verdad que podía cambiarlo todo. Se giró hacia Dante, que conducía con la mandíbula tensa, los ojos fijos en la carretera, y sintió una oleada de amor tan grande que le dolió el pecho. Estaban huyendo, arriesgándolo todo, pero no estaban solos. Y mientras estuvieran juntos, nada los detendría.

—Lo lograremos —dijo ella, suavemente—. Llegaremos con él. Y todo terminará.

Dante le tomó la mano con la suya, sin apartar la vista del camino.

—Sí. Y cuando todo termine, volveremos. Pero no como huéspedes, ni como escondidos. Volveremos a limpiar el nombre de mi padre, a darle descanso a Valeria… y a hacer de esa casa un hogar. Nuestro hogar.

Pero mientras hablaba, sus ojos se encontraron con algo en el retrovisor: luces. Un coche que venía detrás de ellos, rápido, demasiado cerca para ser una coincidencia. El corazón de Elara se detuvo al verlo.

—Dante…

—Lo sé —dijo él, apretando el volante con fuerza—. Nos siguen.

1
Eliana Angulo
interesante
Eliana Angulo
desde que se conocieron hubo una química entre los protagonistas, que me gustó 🤭
Eliana Angulo
el paso de deja quieto, por estar de hosiosa que les pasara
Eliana Angulo
yo no recostruiria nada, dejaría esa casa asi
Eliana Angulo
yo no recostruiria nada, dejaría esa casa asi
Eliana Angulo
esa Clara guarda algo
Eliana Angulo
jajaja es Dante no era que se reprimia🤣🤣
Eliana Angulo
interesante tu obra
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: me alegra que te guste, te invito a seguir leyendo la y a qué le mis otras historias, te encantarán ☺️
total 3 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play