Valentina Montenegro a sus 27 años creyó que lo tenía todo: un matrimonio estable, una familia influyente y un futuro junto al hombre que amaba.
Durante siete años permaneció al lado de Leonardo de la Vega, soportando silencios, ausencias y un secreto que decidió cargar sola por amor, hasta que una noche descubrió que su esposo llevaba años compartiendo su vida con otra mujer.
Y entonces apareció él....
Alexander de la Vega, el tío de su esposo, un hombre diez años mayor a ella, que siempre permanecía en las sombras de la familia, el único que vio su dolor cuando todos los demás miraban hacia otro lado.
Lo que comenzó como consuelo se convirtió en una amistad peligrosa y lo que jamás debió ocurrir terminó cambiando sus vidas para siempre, porque mientras Leonardo cree que tiene el control de la herencia y de mi vida, él no tiene idea de que en este tablero de traición, dinero y poder... su propio tío ya se quedó con la corona, y con la mujer que él nunca supo valorar.
NovelToon tiene autorización de LunaBella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 11 "Promesa sin cumplir"
Al día siguiente, el viento de la mañana soplaba con frialdad, agitando las copas de los cipreses que custodiaban el cementerio privado de la dinastía De la Vega, pero en ese rincón del mundo, el dinero no podía comprar el regreso de los que ya no estaban.
Valentina Montenegro caminaba en silencio,a su lado, Leonardo avanzaba con paso pesado, manteniendo la mirada fija en el suelo, vestía una gabardina negra largo y sus manos estaban hundidas en los bolsillos.
Aquel día no había arrogancia en su postura; el peso de la fecha lo aplastaba, era el quinto aniversario luctuoso de su padre, Eduardo de la Vega. Se detuvieron frente a una imponente tumba doble de mármol gris, ambos se inclinaron ligeramente en una muestra de profundo respeto. Valentina observó los nombres grabados en oro: Eduardo de la Vega y a su lado, Priscila de la Vega, la madre de Leonardo, quien había partido de este mundo debido a una complicidad pulmonar fulminante cuando su hijo tenía quince años.
A pesar de la tragedia, Valentina sabía que ellos habían sido un matrimonio verdaderamente feliz, una unión real basada en el afecto que contrastaba trágicamente con la farsa que ella vivía.
—Te dejaré un momento a solas Leo, habla con tus padres tranquilo —le susurró con suavidad, dándole un sutil toque en el brazo.
Leonardo asintió en silencio, sin apartar los ojos de la lápida, ella se alejó con paso lento, guardando una distancia prudente de varios metros para respetar su privacidad. Se detuvo cerca de un viejo roble y cruzó los brazos, refugiándose del frío, desde allí observó a su esposo arrodillandose lentamente y extender una mano temblorosa, acariciando el frío mármol donde descansaban los pilares de su vida.
Al verlo en esa postura de total vulnerabilidad, despojado de su habitual personalidad, la mente de Valentina fue arrastrada de golpe por la marea de los recuerdos, transportándola años atrás en el pasado.
Cinco años atrás...
La mansión De la Vega estaba vestida de fiesta, toda la familia y amigos más cercanos celebraban el compromiso oficial entre Valentina y Leonardo.
La música flotaba en el aire y el ambiente era de una armonía y felicidad absolutas. Leonardo ya le había entregado un hermoso anillo de compromiso y la miraba con una devoción que, en aquel entonces, era completamente real, no existía ninguna amante y el futuro brillaba para ellos. Alexander no estaba presente; se encontraba en el extranjero, atendiendo los negocios de la sede en Londres.
En medio de los brindis, el abuelo palmeó el hombro de su nieto y le pidió que lo acompañara un momento al despacho para platicar sobre unos asuntos, Leonardo aceptó dejando a Valentina sola cerca del gran ventanal de la sala.
Eduardo, su suegro, aprovechó ese instante para acercarse a ella, sosteniendo una copa de vino, pero Valentina notó de inmediato una sombra de profundo cansancio en sus ojos, una rigidez que no cuadraba con la celebración.
Sin embargo, al mirarla, el hombre suavizó las facciones y le dedicó una sonrisa cálida.
—Valentina, solo quería agradecerte profundamente por la felicidad de mi hijo —dijo con voz cargada de emoción— Puedo ver en la mirada de Leonardo que realmente te ama, hacía mucho tiempo que no lo veía sonreír así desde la muerte de su madre.
Ella se sintió conmovida y sonrió con sinceridad, acomodándose el vestido.
—No tiene nada que agradecer, señor Eduardo, créame que lo hago por amor —respondió con pureza de una joven enamorada — Leonardo me hace muy feliz y yo sería capaz de todo por él.
Eduardo asintió, pero su sonrisa desapareció lentamente, reemplazada por una solemnidad que tomó a Valentina por sorpresa, dio un paso más hacia ella, bajando el tono de la voz, como si temiera que alguien más escuchará.
—Quiero pedirte una cosa, hija —dijo su suegro— Quiero que ambos sean felices, quiero que formen una familia, pero sobre todo quiero que sin importar lo que suceda... tú cuides de mi hijo, no lo dejes solo por favor.
La última parte de la petición le pareció extraña a ella, le cuestionó de inmediato con una risa nerviosa.
—¿Por qué dice esas cosas, señor? Usted siempre estará aquí para cuidarlo y guiarlo en la empresa.
Eduardo negó con la cabeza, pero prefirió no responder a su pregunta, la miró directo a los ojos y Valentina pudo ver una urgencia y una desesperación ocultas, un rastro de miedo que nunca olvidaría.
—Prométemelo por favor, Valentina.
Impresionada por la gravedad de su suegro y decidiendo no hacer más preguntas para no romper la armonía de la noche, asintió despacio.
—Claro que sí, señor Eduardo, no importa qué suceda en el futuro, siempre estaré a su lado, se lo prometo.
Eduardo exhaló un suspiro de alivio, como si se hubiera quitado un peso enorme de encima, le brindó un abrazo cálido y protector.
—Sin duda, mi hijo se sacó la lotería contigo —susurró antes de soltarla y retirarse hacia los invitados.
Sin imaginar que pocas semanas después, el auto de Eduardo se saldría de la carretera y eso le quitaría la vida.
Fin del flashback
De vuelta en el presente, el murmullo del viento devolvió a Valentina a la fría realidad del cementerio.
Leonardo se puso de pie, limpiándose los pantalones y giró la cabeza hacia ella, le dirigió una mirada indicándole con un gesto sutil que ya había terminado de conversar con sus padres y que podía acercarse de nuevo; Valentina caminó hacia él, cuando llegó a su lado, Leonardo estiró la mano y entrelazó sus dedos con los de ella, apretándolos con fuerza, levantó su mano y le dio un beso suave en los nudillos.
Él miró fijamente la tumba doble y habló con voz firme, dirigiéndose a su progenitor:
—No importa qué suceda padre, yo obtendré la presidencia del imperio, tal como tú la obtuviste algún día, sé que lo lograré porque tengo a Valentina a mi lado —dijo con un toque de orgullo en su voz—Sin duda, no me equivoqué al elegirla como mi esposa, ella me hace muy feliz.
Leonardo terminó la frase mirando de reojo a Valentina, buscando en sus ojos la aprobación, ella lo miró de frente y dibujó una sonrisa ligera, sin embargo, una oleada de desprecio la recorrió por completo, escuchar a su esposo jurar amor y felicidad ante la tumba de sus padres, sabiendo que esa misma semana se había desvestido con Valeria, le pareció el acto de hipocresía más asqueroso que había presenciado.
Mientras Leonardo soltaba su mano para acomodarse el abrigo, Valentina miró el nombre de Eduardo grabado en la piedra. En este punto de su vida, rota por el engaño y entregada en cuerpo y alma a la pasión de Alexander, supo que ya no creía posible cumplir la última petición de su suegro fallecido.
No iba a cuidar a Leonardo, ni a quedarse a su lado, el destino de su esposo estaba sellado y ella no movería un solo dedo para salvarlo de su propia caída.