NovelToon NovelToon
DEUDAS Y DOLOR ... Se Me Acabó La Plata, Se Terminó Tu Amor

DEUDAS Y DOLOR ... Se Me Acabó La Plata, Se Terminó Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Autosuperación / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Abelardo creyó haber encontrado al amor de su vida en Deborah. Por ella lo entregó todo: su corazón, sus ahorros y hasta sus tarjetas Visa y Mastercard. Pero cuando el dinero se terminó, también terminó el amor. Deborah lo abandonó por Gastón, un hombre rico, y para justificar su traición llenó de mentiras la vida de Abelardo.

Hundido en deudas y solo, Abelardo estuvo a punto de rendirse. Sin embargo, decidió levantarse. Trabajó, pagó cada deuda y construyó un imperio con esfuerzo, honestidad y determinación.

Años después, el destino cambió las cartas. Gastón dejó a Deborah en la ruina, y ella, consumida por la desesperación y la envidia, regresó buscando al hombre que había destruido.

Pero Abelardo no era aquel hombre.

Ahora ella tendría que descubrir una verdad dolorosa: cuando el amor depende del dinero, nunca fue amor.

Y esta vez, será Abelardo quien cierre la puerta para siempre.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La acumulación de deudas

El teléfono vibraba una, dos, tres veces sobre el escritorio, como un latido enfermo que no se detiene. En pantalla: número desconocido. Abelardo sabía perfectamente quién era: los bancos, las cobranzas, la realidad que intentaba ignorar. Con manos temblorosas, silenció el aparato y clavó la mirada en la pantalla de su computadora, donde las cifras se negaban a cuadrar, igual que su vida.

Lo que antes era un sueldo que le sobraba, ahora se desvanecía en los primeros cinco días del mes. Los resúmenes llegaban manchados de rojo, números que crecían como una herida infectada: el interés de la Visa se devoraba a sí mismo, y la Mastercard ya estaba muerta, alcanzada hasta el límite por bolsos, zapatos y cenas que él ni siquiera había disfrutado. Al revisar el buzón, encontró tres sobres con sellos rojos que gritaban URGENTE: pagos vencidos, reporte negativo, deudas que ya no podía tapar. Un sudor frío le recorrió la nuca. Todo lo que había construido con años de disciplina se desmoronaba en meses… y él no podía decírselo a nadie. Menos a ella.

Porque la sola idea de ver decepción —o peor, asco— en los ojos de Deborah lo aterrorizaba más que la ruina misma. Así que sonreía. Se tragaba el nudo en la garganta, buscaba un crédito nuevo para tapar el viejo, y fingía que nada pasaba. Mentía para no ser menos, y cada mentira lo hundía más.

Esa noche, en el bar exclusivo donde ella lo esperaba, Deborah brillaba con la pulsera de diamantes que él había pagado con tres meses de sueldo. Pero no lo miraba con gratitud: lo miraba exigiendo más, como si aquello no fuera un regalo, sino el mínimo pago que se merecía.

—Mira esto, mi amor —dijo, deslizando el teléfono por la mesa sin siquiera tomarlo de la mano—. Un resort privado, cabaña frente al mar, todo incluido. Tenemos que reservar ya, antes de que suban los precios. Mis amigas ya van a ir con sus parejas y no quiero ser la única que no puede.

Abelardo sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Apretó las manos bajo la mesa hasta clavarse las uñas en las palmas, intentando controlar el temblor.

—Deborah… —susurró, con la voz quebrada—. He tenido problemas en el trabajo, recortes, reajustes… Quizás debamos esperar. Podemos ir a un lugar más cercano, más tranquilo…

El cambio fue inmediato y brutal. La sonrisa se apagó, los ojos se endurecieron, y dejó el teléfono sobre la mesa con un golpe seco que hizo eco en el pecho de él.

—¿Tranquilo? ¿Cerca de la ciudad? —repitió ella, con un tono lleno de desprecio, como si él le hubiera propuesto vivir en un basurero—. ¿Entonces era todo mentira? ¿Todo eso de que yo soy especial, de que me daría todo lo que merezco? Qué fácil es hablar bonito cuando no hay que cumplir nada. Me estás diciendo que no puedes… y lo que en realidad estás diciendo es que no valgo la pena el esfuerzo. ¿Es eso, Abelardo? ¿No soy suficiente para ti?

—¡No, no es eso! —se apresuró a decir él, desesperado por arreglar lo que ni siquiera había roto—. Claro que vales todo…

—Entonces demuéstralo —lo cortó ella, tajante, clavándole la mirada como una navaja—. No me vengas con excusas que suenan a abandono. Mis amigas se ríen de mí porque dicen que te creí mucho para lo que eres. ¿Quieres que tengan razón? ¿Quieres que digan que me equivoqué al elegirte? Si me quieres de verdad, encuentras la forma. Si no… bueno, ya sé qué pensar.

Era la estocada final: lo culpaba a él de sus propias ambiciones, lo hacía responsable de su orgullo herido, y convertía su incapacidad financiera en falta de amor. Y él, ciego y aterrado de perderla, se rindió.

—Está bien —murmuró, derrotado, sintiendo que firmaba su propia sentencia—. Lo reservo mañana. No te preocupes.

Ella sonrió entonces, una sonrisa que no llegó a sus ojos, y volvió a mirar su teléfono como si nada hubiera pasado. Había ganado otra vez.

Esa noche, Abelardo se sentó en el borde de su cama, rodeado de estados de cuenta, facturas y sobres rojos que parecían multiplicarse en la oscuridad. Comprendió, por fin, la verdad que había estado evitando: no estaba pagando un viaje. Estaba pagando el derecho a ser amado. Y ese precio, cada día más alto, era uno que jamás podría pagar. Porque cuando el amor se cobra en dinero, la cuenta nunca se cierra. Solo crece… hasta que te consume.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play