Ella se casa por contrato con un empresario frío (CEO). Él la ignora, la traiciona y la desprecia.
Un día, decide irse sin decir una sola palabra.
Cuando él descubre que ella era la mente detrás de todo lo que hacía crecer la empresa… ya es demasiado tarde.
Su regreso será rápido, triunfal y absolutamente satisfactorio.
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Capítulo 17
El corredor del hospital parecía no tener fin.
Horas habían pasado.
Ninguna noticia.
Ningún médico.
Ningún sonido además del bip distante de máquinas y pasos apresurados.
Lívia permanecía sentada, columna erguida, manos entrelazadas en el regazo. El rostro sin lágrimas. Sin expresión. Pero por dentro, un volcán en erupción.
Hugo estaba a su lado, inmóvil. La mirada perdida en la puerta del centro quirúrgico.
Henrique, diferente a ellos, no conseguía parar. Andaba de un lado para otro, pasando la mano por los cabellos, respirando pesado, como si el aire estuviera enrarecido.
Hasta que, finalmente, la luz roja encima de la puerta se apagó.
Se puso verde.
La puerta se abrió.
Un médico, de unos cincuenta y tantos años, salió. El semblante cansado, pero había algo diferente en sus ojos.
Esperanza.
—¿Familia de Letícia Alves?
Lívia y Hugo se levantaron al mismo tiempo.
—Aquí —dijeron casi juntos.
El médico respiró hondo.
—Fue una cirugía larga. Hubo hemorragia interna, fracturas… realmente tuvimos momentos críticos.
El silencio pesó.
Henrique se aproximó.
—¿Y ella?
El médico entonces completó:
—Conseguimos salvar la vida de Letícia… y del bebé.
El mundo se detuvo.
—¿Bebé? —Lívia repitió.
Hugo quedó inmóvil por un segundo.
—¿Bebé? —su voz salió fallida.
El médico confirmó con una leve sonrisa.
—Está embarazada. Pocas semanas. Fue delicado, pero el bebé resistió.
El aire volvió a los pulmones, pero ahora venía mezclado con choque.
Hugo miró a Lívia, los ojos aguados.
—Yo… ¿yo voy a ser padre?
Lívia parpadeó, aún absorbiendo.
—Yo no sabía… —ella susurró—. Tal vez ni ella lo supiera aún.
Hugo pasó las manos por el rostro.
—Ella sabía… —murmuró, como si recordara algo—. Ella estaba diferente en los últimos días. Pensativa… Tal vez tuviera miedo de contármelo.
Lívia asintió despacio.
—Ella iba a visitar a sus padres hoy. Tal vez quisiera contárselo primero a ellos. Hacer sorpresa para ti.
Hugo cerró los ojos.
—Ella tenía miedo de que yo no aceptara. Yo nunca hablé sobre hijos… nunca dejé claro que quería una familia.
La culpa atravesó su voz.
Henrique colocó la mano en el hombro del amigo.
—Vas a tener tiempo para decirle eso a ella.
Hugo respiró hondo, como si necesitara creer.
De repente, él abrazó a Henrique con fuerza.
—Ella necesita salir de esta. Nuestro hijo necesita ser fuerte.
Henrique apretó el abrazo.
—Ella va a salir. Estoy seguro.
Pero mientras los dos se abrazaban, Lívia permanecía en silencio.
Los ojos fijos en el suelo.
Algo no encajaba.
Accidentes no suceden de ese modo.
Camión en alta velocidad.
Sin intento de freno.
Justamente en el coche de ella.
Ella alzó la mirada lentamente.
La expresión cambió.
No era más solo dolor.
Era decisión.
—Doctor —ella llamó antes de que él se alejara—. ¿El conductor del camión?
El médico respondió:
—Está internado bajo escolta policial. Dijo que perdió el control.
Lívia asintió despacio.
Perdió el control.
Ella sabía que no.
Henrique percibió la mirada de ella.
—¿Qué estás pensando?
Ella giró el rostro hacia él.
—Eso no fue un accidente.
La frase fue dicha sin emoción.
Pero llena de certeza.
Hugo, aún afectado, la miró.
—¿Crees que…?
—Estoy segura.
El silencio cayó nuevamente.
Lívia caminó hasta la ventana del corredor y observó las luces de la ciudad allá afuera.
Si alguien había intentado quitar su vida…
Había acertado a la única persona que ella consideraba familia de verdad.
Y ahora había colocado a un niño inocente en medio de eso.
Ella cerró los ojos por un segundo.
Cuando abrió, ya no era la misma.
—Voy a descubrir quién hizo esto —dijo, firme—. Y cuando descubra… esa persona va a desear nunca haber cruzado mi camino.
Henrique sintió un escalofrío.
Él conocía empresarios implacables.
Pero nunca había visto a Lívia así.
Determinada.
Fría.
Poderosa.
En aquel instante, él entendió algo que venía ignorando desde el inicio:
Él no tenía idea de quién era, de verdad, la mujer con quien se había casado.
Y tal vez…
Tal vez fuera demasiado tarde para continuar subestimándola.
Dentro de la UCI, Letícia luchaba.
En el corredor, un futuro padre temblaba.
Y en algún lugar de la ciudad, alguien aún creía que había salido impune.
Mal sabía…
Que había acabado de despertar a la mujer más peligrosa de aquella historia.