En los pasillos del Instituto Amanecer, Alexandra es una estudiante dulce, amable con todos y que prefiere la tranquilidad de un buen libro y pasar desapercibida. Por su parte, Santiago es el carismático capitán del equipo de natación, el chico popular de hombros anchos y sonrisa fácil que siempre está rodeado de ruido y amigos. En la vida real, apenas cruzan miradas y sus mundos parecen completamente opuestos.
Pero al caer la noche, todo cambia.
Cuando las pantallas se encienden y se sumergen en el vasto universo de fantasía de su MMORPG favorito, se transforman por completo: ella es Lady Sol, una guerrera feroz, terca e implacable que defiende el frente de batalla con armadura brillante; y él es Sombra22, un mercenario cínico, astuto y bromista que prefiere las sombras y disfruta al máximo sacarla de quicio. Sin saberlo, son el dúo más explosivo y divertido del servidor, compartiendo horas de risas, peleas virtuales y una química innegable a través del chat de voz.
Mientras la ten
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Capítulo 4: Habitaciones, llamadas y eternos "enemigos"
El timbre que anunciaba el final de las clases sonó como una bendición celestial. Alexandra iba saliendo del instituto junto a Vanessa, ambas cargando las mochilas al hombro mientras respiraban el aire fresco de la tarde.
—Ay, por fin salimos —se quejó Vanessa con un suspiro dramático, estirando los brazos hacia arriba—. ¡Qué aburrido fue este primer día! Literalmente todos los profesores hicieron lo mismo: pasarse las horas hablando y recordándonos todo lo que vamos a hacer durante el año con ese maldito plan de evaluación, y para colmo nos volvieron a repetir lo de la actividad del viaje escolar.
—Bueno, es normal, Vane. Es el inicio del último año y quieren curarse en salud con las notas —le respondió Alexandra con una sonrisa tranquila mientras caminaban de regreso a la residencia.
Eran pasadas las dos de la tarde cuando finalmente llegamos a la habitación del dormitorio estudiantil. Al abrir la puerta, nos encontramos con el caos y la rutina de siempre entre compañeras. Sofía estaba de pie junto a su litera, hablando por teléfono con su mamá en un tono suplicante y agobiado:
—Sí, mamá, te juro que no dejé nada olvidado en la casa... Si se me olvida algo, te aviso, de verdad. Mamá, te prometo que te voy a llamar siempre, tranquila... —repetía por enésima vez.
Era exactamente el mismo ritual de todos los años: durante la primera semana de clases, la mamá de Sofi la llamaba sin parar para asegurarse de que respiraba. Un poco más allá, Daniela saltaba de alegría casi literal, festejando emocionada porque por fin tenía la reunión con el equipo de química para organizar las próximas prácticas de laboratorio. Y por último, en la otra esquina, estaba Gabriela tirada bocarriba en su cama, con la tablet en las manos y totalmente concentrada; probablemente jugando a ese juego de pintar por números con el que llevaba semanas obsesionada y del que no se despegaba ni para respirar.
Para no interrumpir la intensa llamada de Sofía, las saludamos con la mano de lejos, sin levantar la voz.
Alexandra se fue directo al baño para quitarse el uniforme y ponerse ropa cómoda. Cuando regresó a la habitación, el resto de las chicas seguía en sus asuntos. Sin perder tiempo, buscó su laptop, la encendió y se acostó boca abajo en su cama, acomodando las almohadas para estar más cómoda.
En ese momento, Vanessa se asomó por el borde de su litera, mirándola con una sonrisa picara y los ojos brillantes de curiosidad:
—Oye, Ale... dime la verdad, ¿vas a hablar hoy con tu novio? —le soltó de la nada, moviendo las cejas de manera exagerada.
Alexandra rodó los ojos, suspirando profundamente mientras abría el chat del juego en la pantalla.
—Vanessa, por enésima vez: ¡te ya dije que no es mi novio!
—Ajá, claro. ¿Cómo es la cosa? ¿Llevan más de cuatro años hablando todas las noches y dices que no son novios? —replicó Vanessa soltando una risita burlona.
—¡Es que somos enemigos en el juego, no novios! Nos la pasamos peleando, compitiendo y sacándonos canas verdes en cada misión. ¡No me gusta y punto! —se defendió Alexandra cruzándose de brazos, sintiendo cómo las mejillas le quemaban un poquito.
Vanessa alzó las manos en señal de rendición, achinando los ojos con complicidad:
—Bueno, está bien, lo que tú digas, capitana. Pero de todas formas... mándale saludos de mi parte.
Alexandra bufó por lo bajo, negando con la cabeza mientras ajustaba los auriculares.
—Okey, okey, ya le digo... —murmuró, dispuesta a encender el micrófono para enfrentarse, una vez más, a su dolor de cabeza favorito del servidor.