Lía Castillo solo quería convertirse en una estrella.
Como vocalista de Lumina Hearts, su grupo de idols empieza a conquistar seguidores y cumplir sus primeros sueños. Pero una noche de celebración, unas copas de más y un tropiezo cambian su vida para siempre.
Lía termina frente a un hombre demasiado atractivo para ser real. Sin saber quién es, lo llama guapo, lo besa y pasa la noche con él.
Al despertar, huye convencida de que todo quedó atrás.
Hasta que Dante Varela aparece.
Él es el líder de la familia criminal más poderosa y temida de la región. Y no está dispuesto a olvidar a la mujer que se atrevió a besarlo sin miedo.
Cuando Dante amenaza con destruir la carrera de Lumina Hearts, Lía se ve obligada a elegir entre su sueño y convertirse en la amante del mafioso.
Pero Dante pronto descubrirá que retenerla será mucho más fácil que hacerla enamorarse de él.
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Un nuevo comienzo juntas
Salimos del estudio con el cuerpo destrozado y la mente llena de pensamientos pesados. El sol ya se había puesto y el aire fresco de la tarde nos golpeó la cara, pero no logré despejarme del todo. Me despedí de ellas con la intención de caminar hasta la parada del autobús, pero apenas di unos pasos, Mila y Luna me alcanzaron, corriendo un poco para llegar a mi lado.
—¿A dónde vas tan rápido? —me dijo Mila, tomándome del brazo suavemente—. No puedes irte sola así, Lía. Se nota que estás herida, que te duele todo, y nosotras también estamos agotadas. No tiene sentido que cada una regrese por su lado a estas horas.
Luna asintió, mirándome con esa expresión seria que siempre tenía cuando se le ocurría algo importante.
—Exacto. Y… he estado pensando mucho en esto últimamente. ¿Y si vivimos juntas?
Me detuve en seco y las miré a las dos, sin entender bien al principio.
—¿Vivir juntas? —repetí.
—Sí —continuó Luna, con los ojos brillando con esa determinación que la hacía tan especial—. En lugar de pagar tres alquileres por separado, tres servicios, tres deudas distintas… compartimos un solo departamento. Dividimos todo entre las tres. He estado haciendo los números, y nos ahorraríamos casi la mitad de lo que gastamos ahora mismo. Ya no llegaríamos a fin de mes contando monedas, ya no pasaríamos tantas penurias. Es la mejor opción que tenemos.
Mila me apretó la mano, emocionada.
—¡Tiene toda la razón! Luna, siempre has sido la más lista del grupo. Cuando seamos famosas, serás tú quien nos maneje, quien organice todo. Ya no necesitaremos a ningún representante que nos grite, que nos presione, que nos haga sentir menos. Seremos nosotras tres, decidiendo todo juntas.
Caminamos despacio, hablando y planeando cada detalle mientras las ideas fluían con más fuerza que nunca. Y entonces Luna sonrió, esa sonrisa que iluminaba todo a su alrededor.
—¡Ya sé dónde! Mi departamento. Tiene tres habitaciones pequeñas, sí, pero son tres habitaciones independientes. Tenemos dos baños, una sala pequeña, un comedor y cocina con lavandería. No es grande, pero nos cabe. Y lo mejor de todo: está en una zona tranquila, a una cuadra de un parque amplio. Podemos ir ahí a practicar por las noches, cuando el estudio nos cierra. La ubicación es perfecta para nosotras.
—¡Es ideal! —exclamé, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que algo bueno, algo mío, estaba empezando—. Cerca del parque, sin gastar tanto, juntas todo el tiempo…
—Sí —dijo Luna, emocionada de verdad—. Ya no viviré sola en ese departamento pequeño y silencioso. Ahora viviré con mis mejores amigas, con mis compañeras. Ese será nuestro hogar. El lugar donde empezaremos de verdad. Cuando seamos grandes, cuando llenemos estadios, nos acordaremos de esto: de cuando vivíamos juntas para poder pagar las deudas, para poder ensayar hasta la madrugada, para llegar a fin de mes sin rendirnos. Ese será nuestro inicio como grupo.
Las tres nos miramos y soltamos una risa, una risa sincera, ligera, que no tenía nada que ver con el cansancio ni con el miedo. Nos abrazamos ahí, en la acera, bajo las luces de la calle, y supimos que era lo correcto.
—Entonces está decidido —dije, sintiendo que el pecho se me aliviaba un poco—. Nos mudamos mañana.
—¡Sí! —gritaron las tres al unísono.
—Esa noche tenemos que alistar todo —dijo Mila—. Cajas, bolsas, lo que tengamos. Mañana temprano empezamos a llevar todo.
Caminamos un rato más juntas, disfrutando de esa sensación de pertenecer, de no estar sola, de tener un plan que no incluía secretos ni cadenas. Por un momento, me olvidé de Dante, de la mansión, de la argolla que no era real y de la mentira que me mantenía atada. Por un momento, solo fui Lía, la chica que cantaba con sus amigas y que creía que el esfuerzo y la unión podían con todo.
Cuando llegamos a la esquina donde nos separábamos, nos despedimos con una sonrisa y un abrazo fuerte.
—Nos vemos mañana —dijo Luna—. Nuestro nuevo hogar nos espera.
Caminé hacia mi departamento con el corazón mucho más ligero. Tenía un plan. Tenía a mis amigas. Tenía un lugar donde ser yo misma. Y aunque sabía que esa noche tendría que volver con él, tendría que soportar sus reglas y sus silencios… al menos ahora tenía un refugio. Un lugar donde nadie me exigiría ser nada más que yo. Un lugar donde no tenía que esconderme.
Mientras abría la puerta de mi cuarto, vi el teléfono sobre la mesa. No había mensaje suyo todavía. Y por primera vez desde que lo conocí, no sentí la urgencia de esperarlo. Sentí algo mejor: esperanza. La de empezar de nuevo, juntas, sin importar cuán pequeña fuera la casa, cuán simples fueran las cosas… porque lo estábamos construyendo nosotras mismas.