no estaba buscando amor cuando descargó una app de citas.
Solo quería escapar de la vida asfixiante que tenía en Londres.
Sin trabajo y desesperada por irse de casa de sus padres, acepta la extraña propuesta de , un hombre frío, reservado y marcado por un divorcio escandaloso.
Él le ofrece ayudarla.
A cambio, solo debe acompañarlo a Emiratos Árabes Unidos.
Sin sentimientos.
Sin preguntas.
Sin involucrarse demasiado.
Pero entre el lujo, los silencios y la distancia que Nael impone entre ambos, Liora descubre que algunas personas esconden más dolor del que dejan ver.
Y que enamorarse de alguien como Nael Al-Hadid nunca fue parte del plan.
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Capitulo 20
Liora
Zayd Al-Mansoori era un hombre encantador.
Samira y Karim me lo habían presentado durante uno de los eventos familiares y desde el inicio había sido amable conmigo.
Educado. Divertido. Respetuoso.
Nunca se propasaba.
Y quizás por eso me sentía cómoda hablando con él.
Después de que Nael se fue del evento, Zayd intentó distraerme llevándome hacia una de las terrazas exteriores donde podía verse el mar iluminado por las luces de Dubái.
—Creo que Nael estaba de mal humor —comentó con una pequeña sonrisa.
Intenté sonar tranquila.
—¿Por qué lo dices?
Zayd soltó una risa suave.
—Porque prácticamente me fulminó con la mirada.
Lo miré sorprendida.
—No hizo eso.
—Claro que sí.
Tomó una copa de agua y agregó divertido:
—Liora, soy abogado. Vivo observando expresiones faciales. Tu amigo estaba incómodo.
Mi corazón se aceleró apenas.
Intenté ocultarlo.
—Nael siempre es serio.
Zayd negó lentamente.
—No contigo.
La respuesta me dejó en silencio unos segundos.
Él pareció notar mi incomodidad y cambió de tema inmediatamente.
Eso me gustaba de él. Tenía inteligencia emocional.
Comenzó a hablarme de Dubái, de cómo algunas familias Emirati seguían conservando costumbres tradicionales aunque la ciudad fuera tan moderna.
Me habló de los halcones, de las carreras de camellos y de cómo su abuelo todavía prefería dormir algunas noches en el desierto.
Y terminé riéndome genuinamente.
Pero incluso mientras hablaba con él…
seguía sintiendo algo extraño.
Una incomodidad persistente desde que Nael se había ido.
Como si algo entre nosotros hubiera quedado mal.
Como si hubiéramos dejado una conversación pendiente.
Cuando finalmente regresé a la propiedad ya era bastante tarde.
El silencio elegante de la casa me envolvió apenas crucé la entrada principal.
Y ahí estaba él.
Nael estaba sentado en la sala principal con una laptop sobre las piernas.
Llevaba ropa oscura mucho más casual que la habitual y tenía audífonos puestos mientras digitaba algo concentrado.
Se veía agotado.
Y absurdamente atractivo.
Cuando sintió mi presencia levantó la vista inmediatamente.
Por un segundo pensé que seguía molesto.
Pero apenas me vio se quitó los audífonos.
—¿Cómo te fue?
Entré despacio a la sala.
—Bien.
Él cerró lentamente la MacBook.
—Me alegro.
Se levantó y caminó hacia mí.
Mi respiración se volvió ligeramente inestable conforme se acercaba.
Había algo distinto en él esa noche.
Algo contenido. Tenso.
Nael observó el collar que llevaba puesto.
El mismo que la señora Myriam Al-Hadid me había regalado.
Lo tomó con cuidado entre sus dedos.
Su tacto fue tan suave que sentí un escalofrío recorrerme lentamente.
—¿Sabías que tu nombre significa luz? —preguntó en voz baja.
Negué apenas.
Él observó la gema azulada del collar.
—Y esta piedra representa eso.
Levanté lentamente la mirada hacia él.
Nael sonrió apenas.
—Eres luz, Liora. No lo olvides.
Mi pecho se tensó.
Porque nadie jamás me había hablado así.
Soltó lentamente el collar y pasó a mi lado.
—Descansa.
Pero antes de que siguiera caminando hablé casi sin pensar.
—¿Estás molesto?
Él se detuvo inmediatamente.
Permaneció de espaldas unos segundos antes de responder:
—No. ¿Por qué lo estaría?
Tragué saliva.
—No lo sé…
Nael se giró lentamente hacia mí.
Y esta vez sí pude verlo claramente.
Estaba afectado.
Cansado emocionalmente.
Se acercó otra vez.
—Liora… lo que más quiero en este mundo es verte feliz, cueste lo que cueste.
Mi corazón golpeó con fuerza.
Porque aquella frase había sonado demasiado íntima.
Demasiado real.
Lo observé fijamente.
—¿Por qué te importa tanto?
Él frunció apenas el ceño.
—¿Qué?
Mi voz salió más frágil de lo que quería.
—No significo nada para ti.
Vi cómo tensó ligeramente la mandíbula.
Y luego pasó una mano por su cabello con evidente frustración.
—No digas eso.
Dio un paso más cerca.
—Tú eres muy importante para mí.
El aire entre nosotros cambió completamente.
Sentía mi respiración acelerarse.
Nael levantó lentamente una mano y acarició mi mejilla con una delicadeza que casi me rompió emocionalmente.
Su tacto era cálido. Cariñoso.
Y la manera en que me miraba…
Dios.
Jamás nadie me había mirado así.
Como si realmente pudiera verme.
Se acercó más.
Tanto que podía sentir su respiración mezclándose con la mía.
—Liora… esto no está bien.
Pero no sonaba convencido.
Lo veía luchar contra sí mismo.
Y yo también estaba perdiendo esa batalla.
Mis ojos bajaron involuntariamente hacia sus labios.
Y él lo notó.
Lo notó todo.
El silencio se volvió insoportable.
La tensión entre nosotros ya no cabía en la habitación.
Hasta que finalmente pasó.
Nuestros labios se unieron en un beso suave.
Lento.
Tembloroso.
Como si ambos hubiéramos esperado demasiado tiempo por algo que jamás debió ocurrir.
Mis manos subieron por su pecho hasta llegar a su cuello.
Y Nael soltó el computador sobre el sofá sin apartarse de mí ni un segundo.
Sus manos sostuvieron mi rostro con cuidado.
Con una necesidad contenida que me hizo estremecer.
El beso se profundizó apenas.
Todavía delicado. Todavía inseguro.
Pero lleno de todo aquello que llevábamos semanas intentando callar.
Cuando finalmente nos separamos, nuestras respiraciones estaban agitadas.
Nael apoyó lentamente su frente contra la mía.
Cerró los ojos unos segundos.
Y cuando volvió a abrirlos…
vi miedo en ellos.
Pero también algo mucho más peligroso.
Amor.