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Solo Nosotros Dos

Solo Nosotros Dos

Status: En proceso
Genre:Yaoi
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: luana figueroa

Dos hombres, un amor inmenso y el sueño de ser papás. Él es un hombre trans, y juntos llevarán a su bebé en el corazón y en el vientre. No importa lo que digan los demás: esta familia se construye solo nosotros dos.

NovelToon tiene autorización de luana figueroa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Solo nosotros dos Capítulo 7: Los últimos preparativos y el miedo que se compa

Llegaron los ocho meses, y el tiempo pareció acelerarse al mismo tiempo que todo se volvía más lento y pesado. Mateo ya no podía caminar mucho sin detenerse a descansar; sus zapatos le quedaban chicos, y Lucas le envolvía los pies con paños tibios cada noche para que bajara la hinchazón. El vientre ya era muy grande, y a veces Luca se movía con tanta fuerza que se le veía la forma de su espalda o su pierna bajo la ropa, como si quisiera salir ya para conocerlos.

Pasaron las tardes preparando la “mochila” para la clínica. Fue una tarea que hicieron con calma, revisando cada cosa una y otra vez. Lucas anotaba todo en una lista: ropa cómoda para Mateo, los bodys diminutos de Luca, las mantas que tejieron las abuelas, la ecografía del primer día, y hasta el mate y la bombilla que nunca faltaban en su casa.

—¿Te parece que nos falta algo? —preguntó Lucas por tercera vez, revisando la lista con el ceño fruncido.

Mateo soltó una risa suave y le tomó la mano.

—Nos tenemos el uno al otro. Eso es lo único que no puede faltar. Lo demás se puede comprar si hace falta.

Pero por las noches, cuando todo estaba en silencio, los miedos volvían. Mateo se despertaba sobresaltado, con el corazón a mil, pensando en el parto, en si todo saldría bien, en si sería capaz de cuidar a un bebé tan pequeño. Una madrugada se sentó en el borde de la cama, abrazando sus rodillas, y no se dio cuenta de que Lucas se había despertado hasta que sintió su mano en la espalda.

—¿En qué piensas? —le preguntó muy bajito.

Mateo tardó en contestar.

—Tengo miedo. Miedo a no aguantar el dolor, a que le pase algo a Luca… a que de repente no sepa cómo ser papá. Toda la vida soñé con esto, pero ahora que falta tan poco… siento que no estoy listo.

Lucas se sentó a su lado y lo abrazó, dejando que se recostara en su hombro.

—Yo también tengo miedo —confesó, y su voz tembló un poco—. Tengo miedo de no saber calmarlo cuando llore, de equivocarme al bañarlo, de no saber qué hacer si algo sale mal. Pero lo que no tengo miedo es de hacerlo contigo. No necesitamos saberlo todo desde el primer día. Lo vamos aprendiendo juntos, paso a paso. Si te cansas, yo te sostengo. Si yo me asusto, tú me das calma. Así funciona esto: solo nosotros dos.

Esas palabras fueron como un abrazo al alma. Mateo se quedó callado un rato, sintiendo el latido del corazón de Lucas, y el suyo propio se fue calmando. No tenían que ser perfectos: solo tenían que estar ahí.

Unos días después, fueron a la última consulta antes de la fecha probable. El médico les dijo que todo estaba perfecto, que Luca venía en la posición correcta y que el cuerpo de Mateo estaba listo. Al salir, se detuvieron en la puerta y miraron la calle. El sol brillaba, y un grupo de niños pasó corriendo, riendo y persiguiendo una pelota.

—Pronto seremos nosotros —dijo Lucas, sonriendo.

Pero también hubo un momento difícil esa semana. Una tía lejana llamó por teléfono y, sin filtro, le dijo a Mateo: “Bueno, espero que todo salga bien y que no te arrepientas… al final, esto no es lo que le corresponde a un hombre”. Mateo colgó el teléfono con la mano temblando, y se quedó mirando la pared durante mucho tiempo. No lloró, pero sintió que le quitaban el aire.

Lucas lo encontró así, y no dijo nada al principio. Solo lo abrazó muy fuerte y le dijo:

—Ella no sabe lo que dice. No sabe cuánto has luchado, cuánto has amado, ni cuánto vales. Tú eres mi hombre, tú eres el papá más valiente que existe, y nadie tiene derecho a decirte lo que te corresponde o no. Tú eliges tu vida, y es una vida llena de amor. Eso es lo único que importa.

Esa tarde decidieron no ir a la reunión familiar a la que los habían invitado. Prefirieron quedarse en casa, preparar una comida sencilla, poner música suave y bailar despacio en la sala, mientras Lucas le hablaba a Luca pegando la boca al vientre de Mateo.

—No necesitamos la aprobación de nadie más —le dijo Lucas mientras se movían—. Con que nos tengamos el uno al otro, y pronto a él, nos basta.

Y Mateo supo que tenía razón. El mundo podía pensar lo que quisiera, pero su hogar estaba ahí, en esos brazos, en ese latido que compartían, en el amor que no necesitaba explicaciones.

1
Brisa Romero
/Grin/
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