Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPÍTULO 22
Damián encuentra a Giuseppe.
No ha sido fácil. El antiguo contable de Vittorio Moretti se ha esfumado como humo, cambiando de identidad, de ciudad, de vida. Pero Damián tiene contactos en los lugares más insospechados, y una deuda que cobrar.
—Está en un pueblo a tres horas de aquí
anuncia una mañana, entrando en el departamento con una libreta llena de anotaciones.
—Vive solo, con un nombre falso, trabajando en una tienda de ultramarinos.
Alejandro silba, impresionado.
—Giuseppe, el brazo derecho de mi padre, vendiendo conservas en un pueblo perdido. El mundo da muchas vueltas.
—¿Está dispuesto a hablar?
pregunta Scarlett.
—No lo sé. Pero tenemos que intentarlo. Es nuestra mejor bala.
—Iré yo
dice Scarlett.
—¿Tú?
Alejandro la mira.
—Estás embarazada, acabas de escapar de un secuestro, y quieres ir a hablar con un hombre que puede estar protegiendo a tu enemigo?
—Soy agente del FBI. Bueno, lo era. Interrogar a testigos es lo mío. Y Giuseppe me conocerá de las noticias. Sabrá quién soy y por qué lucho.
—Es peligroso.
—Todo es peligroso. Pero si no arriesgamos, no ganamos.
Alejandro la mira largamente. Luego asiente.
—Voy contigo.
—No. Si algo sale mal, necesito que alguien proteja a Solía. Y que siga con la lucha.
—Scarlett...
—Alejandro.
Toma su rostro entre las manos
—Confía en mí. Voy a traer a Giuseppe. Y vamos a ganar.
Él la besa con desesperación, como si cada vez pudiera ser la última.
—Vuelve a mí
susurra
—Vuelve siempre.
—Siempre.
El viaje es largo y silencioso.
Damián conduce mientras Scarlett mira por la ventana, pensando. En Alejandro, en su hijo, en Giuseppe. En cómo convencer a un hombre que ha pasado un año escondido para que arriesgue su vida hablando.
—¿Qué sabes de él?
pregunta.
—Era leal a Vittorio
responde Damián
—Durante años. Pero algo pasó. Nadie sabe exactamente qué. Un día, simplemente desapareció. Los rumores dicen que descubrió algo que no debía.
—¿Algo sobre los negocios?
—O sobre la familia. Vittorio es muy celoso de sus secretos.
Scarlett asiente, almacenando la información.
Llegan al pueblo al atardecer. Es un lugar pequeño, de esos donde todos se conocen, donde un extraño llama la atención. Damián estaciona el coche a dos calles de la tienda.
—¿Vas sola?
pregunta.
—Sí. Espérame aquí. Si no vuelvo en una hora, vete y dile a Alejandro que lo quiero.
—Scarlett...
—Es una precaución. Nada más.
Baja del coche y camina hacia la tienda. Sus tacones resuenan en la acera de piedra, una música extraña en este pueblo dormido.
La tienda es pequeña, con olor a especias y conservas. Un mostrador de madera, estantes metálicos, y detrás, un hombre de unos sesenta años, canoso, con gafas de lectura.
Giuseppe.
Levanta la vista cuando ella entra. Por un momento, no hay reconocimiento. Luego sus ojos se abren.
—Tú
susurra.
—Buenas tardes, Giuseppe. Necesito hablar con usted.
—No tengo nada que decir. Váyase.
—Sé quién es. Sé lo que sabe. Y sé que Vittorio lo matará si lo encuentra, igual que intentó matarme a mí.
Giuseppe traga saliva.
—Usted no entiende. Si hablo, matará a mi familia. Tengo una hija, nietos...
—¿Cree que no lo hará igual, Cree que porque está escondido está a salvo? Vittorio tiene memoria de elefante. Tarde o temprano lo encontrará. Y cuando lo haga, no solo lo matará a usted. Matará a su hija, a sus nietos, a cualquiera que tenga su sangre.
—No tiene pruebas de eso.
—No las necesito. Usted sabe que es verdad.
El silencio se alarga. Giuseppe aparta la mirada.
—¿Por qué debería confiar en usted?
—Porque yo también perdí todo por enfrentarlo. Porque estoy embarazada de su nieto y aún así estoy aquí, luchando. Porque si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará.
Giuseppe la mira largamente.
—Usted es la agente. La del FBI.
—Lo era. Ahora solo soy una mujer que quiere un futuro para su hijo.
—¿Y Alejandro, Él también?
—Él más que nadie. Quiere ser diferente a su padre.
Otro largo silencio.
Finalmente, Giuseppe asiente.
—Hablemos.
Hablan durante horas.
Giuseppe cuenta todo, los sobornos, los asesinatos, las cuentas en paraísos fiscales. Los políticos comprados, los jueces amenazados, los periodistas asesinados. El imperio de Vittorio Moretti se sostiene sobre una montaña de cadáveres y mentiras, sobre el narcótico.
—Lo que hizo con esa chica, Soila, no es nada
dice Giuseppe.
— He visto cosas mucho peores. Gente desaparecida para siempre. Familias enteras borradas del mapa por una deuda.
—¿Por qué se fue?
pregunta Scarlett.
—¿Qué descubrió?
Giuseppe duda.
—Descubrí la verdad sobre la madre de Alejandro.
Scarlett siente un escalofrío.
—¿Qué verdad?
—No la mató por celos. La mató porque ella iba a testificar contra él. Había reunido pruebas, contactado con la policía. Vittorio lo descubrió y la mató con sus propias manos. Alejandro lo vio, pero nunca supo el motivo real.
—Dios mío.
—Su madre era una heroína. Intentaba hacer lo correcto. Y pagó con su vida.
Scarlett procesa la información. Esto cambiará todo para Alejandro. Pero también es el arma definitiva contra Vittorio.
—¿Testificaría?
pregunta.
— ¿Diría esto frente a una cámara?
Giuseppe la mira fijamente.
—Si me garantiza protección para mi hija y mis nietos, sí. Lo haré.
—Se la garantizo.
Cuando Scarlett sale de la tienda, la noche ha caído. Damián la espera, visiblemente nervioso.
—¿Y bien?
—Tenemos todo. Más de lo que imaginaba.
—¿Hablo?
—Hablo. Y lo que tiene que decir derribará a Vittorio para siempre.
En el coche, de vuelta a la ciudad, Scarlett no puede dejar de pensar en la historia de Giuseppe. La madre de Alejandro, asesinada por intentar hacer lo correcto. Igual que ella. Igual que Sofía.
La historia se repite.
Pero esta vez, piensa, será diferente. Esta vez, los ellos ganarán.
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Alejandro la espera en la puerta del departamento. Cuando la ve, la abraza con tanta fuerza que casi la levanta del suelo.
—No vuelvas a hacerme eso
murmura
—No puedo vivir sin saber si estás bien.
—Estoy bien. Y tengo noticias.
—¿Qué noticias?
—Sobre tu madre.
Alejandro se tensa.
—¿Mi madre?
—Giuseppe sabe la verdad. Lo que realmente pasó.
Lo lleva al interior, se sientan, y Scarlett le cuenta todo. Cuando termina, Alejandro está pálido, temblando.
—Mi madre... era como tú. Intentaba hacer lo correcto.
—Sí. Y por eso la mataron.
—Pero nosotros no vamos a correr la misma suerte.
—No. Porque vamos a ganar.
Alejandro la abraza con fuerza.
—Te amo
susurra.
— Te amo tanto.
—Yo también. Y ahora, con Giuseppe, tenemos todo lo que necesitamos para destruir a tu padre.
Se besan, un beso de promesas, de futuro, de esperanza.
Afuera, la noche sigue siendo peligrosa. Pero por primera vez, la balanza comienza a inclinarse a su favor.