Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Lord Gartner
Cuando Grace llegó a los jardines quedó momentáneamente maravillada.
La familia Russ había transformado el lugar para el almuerzo.
Mesas elegantes cubiertas con manteles blancos se distribuían entre senderos nevados cuidadosamente despejados.
Las ramas de los árboles estaban adornadas con pequeñas luces mágicas que brillaban incluso durante el día.
El aire seguía siendo frío, pero grandes barreras de magia térmica mantenían una temperatura agradable alrededor de las zonas destinadas a los invitados.
Todo parecía sacado de un cuento.
Grace caminó entre los nobles hasta encontrar a sus padres.
Su madre le sonrió inmediatamente.
—Te ves mucho mejor.
—Ya te dije que estoy bien.
—Lo sé, pero aun así me alegra verlo.
Lord Gartner también parecía satisfecho.
Los tres comenzaron a conversar tranquilamente.
Grace estaba intentando concentrarse en la charla cuando escuchó una voz demasiado familiar.
Una voz que reconocería incluso entre cientos de personas.
—Conde Gartner.
Su corazón dio un salto.
Antes incluso de girarse ya sabía quién era.
Aaron Hoffman.
Cuando levantó la vista lo encontró acercándose acompañado por una sonrisa perfectamente educada.
Tan impecable.
Tan formal.
Tan diferente del hombre que había estado bromeando con ella la noche anterior.
Grace sintió un repentino nerviosismo.
Y al parecer no logró ocultarlo del todo.
Porque su padre la observó unos segundos.
—¿Grace?
Ella parpadeó.
—¿Sí?
—¿Te encuentras bien?
Grace abrió la boca para responder.
Pero su madre fue más rápida.
—Por supuesto que está bien.
Lady Gartner sonrió divertida.
—De hecho, despertó de excelente humor esta mañana.
Grace sintió que deseaba desaparecer.
Inmediatamente.
Aaron también la miró.
Y por una fracción de segundo sus ojos parecieron brillar con diversión.
—¿Es así? —preguntó él.
—Madre exagera.
—No exagero.
—Un poco.
Lord Gartner soltó una pequeña risa.
—Ahora que lo menciona, sí pareces especialmente feliz.
Grace estaba convencida de que aquella conversación iba a terminar con ella enterrándose bajo la nieve.
Y entonces Aaron decidió empeorar las cosas.
La observó.
Solo un instante.
Pero fue suficiente.
—Quizás Lady Grace simplemente tuvo una buena noche.
La frase era completamente inocente.
Perfectamente aceptable.
Nadie podía sospechar nada.
Excepto ellos dos.
Grace sintió calor en las mejillas.
Y supo inmediatamente que Aaron había dicho aquello a propósito.
[Desgraciado.]
Pensó.
Pero también tuvo que contener una sonrisa.
Así que decidió responder.
—Sí.
Todos la miraron.
—Fue una noche inolvidable.
Aaron mantuvo la compostura.
Aunque ella vio claramente cómo se tensaban ligeramente sus labios.
—Pero es una noche que no volverá a repetirse.
Por un instante hubo silencio.
Lord Gartner parecía confundido.
—¿A qué te refieres?
Antes de que Grace pudiera responder, Lady Gartner intervino.
—Oh, seguramente habla de esta reunión.
La mujer sonrió con nostalgia.
—Después de todo, no volveremos pronto a la mansión Russ.
—Ah.
Lord Gartner asintió.
—Tiene sentido.
—Ha sido una estancia agradable.
Los padres de Grace parecían completamente satisfechos con aquella explicación.
Pero Aaron sabía la verdad.
Y Grace también.
Porque aquellas palabras tenían otro significado.
Uno muy distinto.
Uno que solo compartían ellos dos.
Grace mantuvo la sonrisa.
Aaron hizo exactamente lo mismo.
Sin embargo, detrás de aquellas expresiones educadas había algo más.
Una conversación silenciosa.
Una despedida.
Porque por primera vez desde que se conocieron, Aaron parecía recordar con claridad lo que ella le había contado.
El templo.
La partida.
Los años de ausencia.
Y por primera vez, Grace vio desaparecer parte de la ligereza habitual de su mirada.
Solo por un instante.
Solo un segundo.
Pero estuvo allí.
Después Aaron volvió a ser el heredero encantador que todos conocían.
Continuó conversando con Lord Gartner.
Habló sobre la reunión.
Sobre el viaje.
Sobre asuntos políticos.
Como si nada hubiera ocurrido.
Como si ambos fueran simples conocidos.
Y aun así, cada vez que sus miradas se encontraban por encima de la conversación, Grace sentía una pequeña sonrisa amenazando con aparecer.
Porque ambos compartían un secreto.
Uno que nadie más en aquellos jardines podía imaginar.
Y mientras escuchaba a los adultos hablar, Grace pensó que aquella situación era casi divertida.
Su madre seguía creyendo que ella era la hija perfectamente obediente.
Su padre seguía preocupado por su bienestar.
Y Aaron conversaba con ellos con toda la elegancia de un noble ejemplar.
Mientras los dos fingían que la noche anterior jamás había existido.
Aunque ambos sabían perfectamente que jamás la olvidarían.
El almuerzo continuó entre conversaciones, saludos y protocolos nobles.
Lord Gartner parecía llevarse sorprendentemente bien con Aaron.
Algo que Grace encontraba peligrosamente divertido.
Porque cada vez que veía a ambos conversando con total normalidad, recordaba que apenas unas horas antes la situación había sido muy distinta.
[Esto es absurdo.]
Pensó mientras intentaba mantener una expresión tranquila.
Aaron, por supuesto, parecía disfrutar de aquella situación.
De vez en cuando lanzaba algún comentario ingenioso que hacía reír a sus padres.
Y cada vez que eso ocurría, Grace tenía la incómoda sensación de que él estaba ganándose su simpatía demasiado rápido.
En cierto momento, Lady Gartner fue llamada por otra noble.
Poco después, Lord Gartner también se apartó para conversar con unos invitados.
Grace aprovechó para caminar unos metros por los jardines.
Necesitaba un momento para respirar.
Y para dejar de ponerse nerviosa cada vez que Aaron sonreía.
Estaba observando unas flores invernales protegidas por magia cuando escuchó pasos detrás de ella.
No necesitó girarse.
Ya sabía quién era.
—¿No se cansa nunca? —preguntó ella.
—Todavía no.
Grace sonrió.
—Deberías.
—Lo consideraré dentro de unos años.
Ella negó con la cabeza.
Aaron se colocó a su lado.
Por un momento ninguno habló.
Solo observaron el jardín.
La tranquilidad del instante resultaba extraña después de toda la emoción de las últimas horas.
—Te irás pronto.
La voz de Aaron sonó mucho más seria de lo habitual.
Grace asintió.
—Sí.
—Sigo pensando que es una mala idea.
Ella soltó una pequeña risa.
—Lo sé.
—Y sigo pensando que podría convencerte.
—Lo sé.
—Y todavía no te rindes.
—No.
Aaron suspiró dramáticamente.
—Eres una mujer difícil.
[¿dificil? me entregue a ti a noche, a una hora de conocerte]
—Tú eres demasiado insistente.
—Eso también es cierto.
Grace sonrió.
Y en ese momento Aaron se inclinó ligeramente hacia ella.
Fue algo rápido.
Discreto.
Tan breve que cualquiera que estuviera observando desde lejos apenas habría notado nada.
Un gesto cariñoso y travieso que la tomó por sorpresa.
Él la besó.
Cuando se apartó, Aaron parecía demasiado satisfecho consigo mismo.
—Eso fue muy poco noble de tu parte.
—Jamás he afirmado ser un caballero perfecto.
—Eso sí lo creo.
—Al menos soy honesto.
Grace terminó riendo.
Realmente no podía evitarlo.
Aaron tenía una habilidad extraordinaria para hacerla sonreír.
—Deberías regresar con tu familia.
—Probablemente.
—Antes de que tu padre empiece a sospechar que intento secuestrarte.
—Estoy bastante segura de que esa sospecha ya existe.
Aaron pareció considerar la idea.
—Es razonable.
Ella volvió a negar con la cabeza.
Y después comenzó a caminar de regreso hacia donde estaban sus padres.
Antes de alejarse por completo, giró la cabeza.
Aaron seguía allí.
Observándola.
Con aquella sonrisa que parecía aparecer siempre que la miraba.
Grace respondió con una sonrisa propia.
Pequeña.
Cómplice.
Y luego regresó junto a su familia.
Lady Gartner le dedicó una mirada curiosa.
—Pareces contenta.
Grace acomodó tranquilamente un mechón de cabello detrás de su oreja.
—Es un día bonito.
Su madre sonrió.
Aceptando aquella explicación.
Y mientras retomaba la conversación familiar, Grace no pudo evitar pensar que, sin importar lo que ocurriera después, aquellos días se estaban convirtiendo en recuerdos que guardaría durante mucho tiempo.
Mala actitud la de los padres