La caja apareció el día del funeral de su abuela.
Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.
Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.
Pero cada carta tiene un precio.
Con cada viaje, un recuerdo desaparece.
Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:
Alguien está borrando historias.
Y ella podría ser la siguiente.
✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."
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"La caja"
La caja apareció el día del funeral.
Nadie sabía de dónde había salido.
La casa de la abuela Elena estaba llena de gente desde temprano. Familiares que Luna apenas recordaba caminaban de un lado a otro, hablando en voz baja, tomando café y compartiendo recuerdos.
Pero Luna no podía concentrarse en nada de eso.
Sentía un vacío extraño en el pecho.
Su abuela había sido la única persona que siempre parecía entenderla.
La única que nunca la había juzgado.
Y ahora ya no estaba.
Mientras todos conversaban en el comedor, Luna se alejó en silencio.
Necesitaba respirar.
Necesitaba escapar del ruido.
Subió las viejas escaleras de madera hasta el altillo.
Cada escalón crujía bajo sus pies.
Hacía años que nadie entraba allí.
Cuando abrió la puerta, una nube de polvo se elevó en el aire.
La habitación estaba casi a oscuras.
Viejos muebles cubiertos por sábanas blancas ocupaban cada rincón. Había cajas, marcos de fotografías, libros olvidados y juguetes que pertenecieron a generaciones anteriores.
La luz anaranjada del atardecer se filtraba por una pequeña ventana redonda.
Todo parecía detenido en el tiempo.
Luna avanzó lentamente.
Entonces algo llamó su atención.
Debajo de una mesa cubierta por una tela blanca había una caja de madera oscura.
Se detuvo.
Estaba segura de que nunca la había visto antes.
Se acercó.
La caja era hermosa.
Antigua.
Tallada a mano.
En la tapa había grabada una pequeña pluma plateada.
Luna pasó los dedos sobre el dibujo.
En ese instante sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Como si aquella caja estuviera viva.
Como si la reconociera.
—Qué raro... —susurró.
Se arrodilló frente a ella.
La tapa se abrió con facilidad.
Y lo que vio en su interior la dejó sin palabras.
Cartas.
Cientos de cartas.
Tal vez miles.
Ordenadas cuidadosamente.
Algunas estaban atadas con cintas azules.
Otras parecían recién escritas.
Tomó una al azar.
La fecha decía:
12 de octubre de 1941.
Frunció el ceño.
Tomó otra.
3 de febrero de 2089.
Su corazón dio un salto.
—¿Qué...?
Tomó una tercera.
17 de noviembre de 1968.
Una cuarta.
28 de julio de 2134.
Las fechas no tenían ningún sentido.
Siguió revisando.
Todas estaban escritas con la misma tinta azul.
Todas tenían la misma pluma dibujada en una esquina.
Y todas estaban dirigidas a personas desconocidas.
Nombres que jamás había escuchado.
Hasta que encontró una diferente.
Congeló la respiración.
Porque aquella carta tenía escrito su nombre.
Luna.
Solo Luna.
Nada más.
Sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.
Tomó el sobre.
La caligrafía era elegante.
Perfecta.
Como si hubiera sido escrita por alguien de otra época.
Leyó la frase que aparecía debajo de su nombre.
"Para Luna, la que eligió cantar."
Se quedó inmóvil.
Cantar.
Ella jamás había sido cantante.
De pequeña le gustaba la música, pero nunca había estudiado canto.
Nunca había actuado en un escenario.
Nunca había elegido cantar.
Entonces...
¿Quién había escrito aquello?
Y más importante aún...
¿Cómo sabía su nombre?
Durante varios segundos dudó.
Una parte de ella quería dejar la carta donde estaba.
Bajar las escaleras.
Olvidar todo aquello.
Pero la curiosidad pudo más.
Abrió el sobre.
Dentro había una sola hoja.
Antes de que pudiera leerla, una fuerte ráfaga de viento atravesó el altillo.
La ventana cerrada se abrió de golpe.
Las cortinas comenzaron a moverse.
Y todas las cartas de la caja se agitaron al mismo tiempo.
Como si una fuerza invisible hubiera despertado.
Luna retrocedió.
Las cartas comenzaron a girar a su alrededor.
Decenas.
Cientos.
Miles.
Volaban por toda la habitación.
Algunas chocaban contra las paredes.
Otras giraban sobre su cabeza.
El aire se volvió frío.
Demasiado frío.
Y entonces escuchó una voz.
Muy cerca de ella.
Tan cerca que sintió el aliento en su oído.
—Por fin la encontraste.
Luna se giró inmediatamente.
No había nadie.
El altillo estaba vacío.
Su respiración se aceleró.
—¿Quién está ahí?
Silencio.
Solo el sonido del viento.
Miró nuevamente la carta que sostenía entre las manos.
Y fue entonces cuando el miedo apareció.
Porque las palabras habían cambiado.
Ella estaba segura de que la hoja estaba en blanco.
Pero ahora había una frase escrita con tinta azul.
Una única frase.
"Si estás leyendo esto, significa que ya es demasiado tarde."
El corazón le golpeó las costillas.
La tinta comenzó a moverse.
Las palabras desaparecieron lentamente.
Y nuevas líneas comenzaron a formarse frente a sus ojos.
Luna soltó un grito ahogado.
Aquello era imposible.
Las letras seguían apareciendo solas.
Como si alguien estuviera escribiendo en ese mismo instante.
Entonces leyó la siguiente frase.
"Tu vida no es la única que has vivido."
Luna sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Y antes de poder comprender lo que estaba ocurriendo...
La última línea apareció.
"Bienvenida de nuevo."
Continuará...