En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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broma
La clase olía a tinta, madera vieja y humedad.
Lyra escribía rápidamente las últimas líneas de su tarea mientras el maestro hablaba al frente del salón. Había pasado casi toda la noche terminando aquel cuaderno.
No porque amara estudiar.
Sino porque era lo único que podía controlar.
No tenía marca.
No podía entrenar.
No tenía lugar dentro de la manada.
Pero al menos podía ser buena en algo.
Cuando el maestro pidió un descanso breve, Lyra se levantó para ir al baño dejando el cuaderno sobre su mesa.
No pensó nada raro.
Hasta que volvió.
El salón estaba demasiado silencioso.
Algunos estudiantes evitaban mirarla.
Otros sonreían apenas.
Y entonces vio su cuaderno.
Las páginas estaban arrancadas.
Otras tenían manchas de tinta negra encima.
Y la portada había sido rota completamente a la mitad.
Lyra se quedó inmóvil.
El corazón empezó a golpearle fuerte contra el pecho.
—¿Qué es esto…?
Nadie respondió.
Pero una risa baja sonó desde el fondo.
Mira.
Una de las chicas más cercanas al grupo de Kael.
Tenía los brazos cruzados y una sonrisa burlona en los labios.
—Oh, qué tragedia —dijo fingiendo preocupación—. Tal vez la Luna tampoco quería tus tareas.
Varias risas pequeñas llenaron el aula.
Algo dentro de Lyra se quebró.
—¿Tú hiciste esto?
Mira levantó una ceja.
—¿Y si sí?
Lyra caminó hacia ella rápidamente.
—Te tomó horas hacer una tarea tan inútil —continuó Mira—. Debe ser triste esforzarte tanto y seguir siendo—
El golpe la interrumpió.
Toda la clase quedó en silencio.
Mira cayó al suelo sorprendida mientras se llevaba la mano al rostro.
Ni siquiera Lyra entendió lo que había hecho hasta escuchar su propia respiración agitada.
Nunca golpeaba a nadie.
Nunca.
Pero estaba cansada.
Cansada de las miradas.
De las burlas.
De tragarse todo en silencio.
Mira levantó la vista furiosa.
—¡Perra loca!
Se lanzó hacia Lyra tirándole del cabello mientras ambas chocaban contra una mesa.
Los demás comenzaron a gritar.
Alguien intentó separarlas.
Otra silla cayó al suelo.
Lyra apenas escuchaba nada sobre el ruido en su cabeza.
Solo sentía años enteros de humillación explotando dentro de ella.
Hasta que una voz atravesó el salón.
—¡SUFICIENTE!
El maestro separó brutalmente a ambas chicas.
Mira lloraba.
Lyra respiraba agitadamente mientras tenía los puños cerrados.
Y entonces la puerta del aula se abrió.
Kael apareció junto a otro guerrero.
Probablemente atraídos por el escándalo.
Sus ojos dorados recorrieron rápidamente el desastre.
Luego se detuvieron en Lyra.
Como siempre.
—¿Qué ocurrió? —preguntó fríamente.
Mira habló antes que nadie.
—¡Me atacó!
Lyra soltó una risa incrédula.
—¿En serio?
El maestro tomó el cuaderno roto del suelo.
—Encontré esto en medio del salón… pero cuando llegué, Lyra estaba golpeándola.
Kael observó las páginas destruidas apenas un segundo.
Sin emoción.
Sin interés.
Después miró directamente a Lyra.
—Otra vez perdiendo el control.
El enojo le ardió en el pecho.
—¿Ni siquiera vas a preguntar qué pasó?
—No importa qué pasó. La violencia dentro de la escuela está prohibida.
Lyra sintió ganas de gritar.
Porque claro.
Siempre era más fácil culparla a ella.
La chica sin marca.
La problemática.
La diferente.
Mira seguía llorando detrás del maestro mientras algunas personas murmuraban cosas sobre “comportamiento salvaje”.
Kael habló finalmente:
—Quedas castigada. Ayudarás en los establos toda la semana después de clases.
Lyra lo miró fijamente.
Dolida.
Furiosa.
—La próxima vez —murmuró temblando de rabia— asegúrate de ver toda la escena antes de actuar como un alfa.
El salón entero quedó en silencio.
Porque nadie le hablaba así.
Mucho menos a él.
Los ojos de Kael se endurecieron apenas.
Pero Lyra ya había tomado su cuaderno destruido antes de salir del aula.
Y esta vez…
las lágrimas no eran de tristeza.
Eran de impotencia.