La Cocina de César es una apasionante novela Omegaverse donde un arrogante chef alfa acostumbrado a controlar todo se enfrenta por primera vez a un talentoso omega que, marcado por un pasado de abusos y sacrificios, se niega a caer bajo su encanto mientras trabajan juntos frente a millones de espectadores. ¿Podrá alguien como César un alfa nacido en cuna de oro conquistar a alguien como Hamlet quien no piensa unir su vida a ningún alfa?
NovelToon tiene autorización de Mckasse para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El vacío de su penthouse
—Ah... Ya extraño a mi conejito.
Las puertas del ascensor privado se abrieron en el último piso.
El penthouse de César Tascone Visconti volvió a recibirlo con el mismo lujo de siempre.
El mármol blanco y lámparas de cristal. Con ventanales desde donde podía verse casi toda Roma iluminada.
Era hermético y silencioso.
Demasiado silencio.
Aldo dejó la maleta sobre una butaca.
—¿Necesita algo más, señor?
César aflojó el nudo de la corbata.
—No. Puedes descansar.
—El doctor llamó hace unos minutos. Mañana irá a revisar a su... Compañero de trabajo.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del alfa.
—Me alegra... Mantenme al tanto, y... Hamlet no es solo mi compañero de trabajo. Es la persona que me gusta.
El mayordomo estaba sorprendido por aquellas palabras.
—Me alegra escucharlo. Eso quiere decir que este penthouse se convertirá en un hogar.
— Si... aunque aun no le propongo nada. Espero que acepte ser solo mío. Ya puedes retirarte.
Cuando el mayordomo se retiró, César caminó lentamente hasta su enorme habitación.
El dormitorio parecía sacado de una revista.
Una cama inmensa donde podían dormir cinco personas. Cortinas negras, ropa de cama oscuras. Muebles de madera fina. Una chimenea de piedra. Una terraza privada. Y un baño revestido completamente en mármol negro.
Entró bajo la ducha caliente.
El agua resbaló por su cuerpo mientras cerraba los ojos.
Sin embargo...
No lograba relajarse.
Lo único que veía era un pequeño apartamento.
Un sofá viejo.
Un omega rubio durmiendo profundamente.
Y una voz adormilada llamándolo por primera vez sin miedo.
"Gracias..."
Abrió los ojos.
—Qué demonios me hiciste, conejito...
Terminó de bañarse.
Se puso un pantalón de descanso y una camiseta negra.
Se dejó caer sobre aquella enorme cama.
Era cómoda.
Suave.
Perfecta.
Pero...
Se sentía vacía.
Giró hacia un lado.
Después hacia el otro.
Suspiró.
—Extraño ese maldito sofá... Desearía que estuvieras aquí.
Se quedó mirando el techo.
Nunca imaginó que pudiera sentirse más tranquilo durmiendo incómodo junto a Hamlet que descansando en el lugar más lujoso de la ciudad.
Tomó el teléfono.
Abrió la conversación con Hamlet.
Escribió.
"¿Cómo te sientes?"
Lo borró.
Escribió otra vez.
"Recuerda tomar la medicina."
También lo borró.
Sonrió para sí mismo.
— Soy un estúpido pendejo.
Finalmente escribió:
> Conejito, espero que hayas cenado. No hagas locuras y sigue las indicaciones del médico. Mañana no iré a molestarte, pero si necesitas cualquier cosa, llámame a cualquier hora. Buenas noches.
Lo leyó dos veces.
No sonaba demasiado meloso, era perfecto, así que lo envío.
Dejó el teléfono sobre la mesa de noche.
Cinco minutos después volvió a tomarlo.
No había respuesta.
—Claro... Debe estar dormido.
Apagó la pantalla.
Cayó en cuenta que el siendo el hombre más famoso de la televisión sonrió antes de quedarse dormido.
Pensando en un solo omega.
A la mañana siguiente
Los estudios de televisión hervían de actividad.
Maquillistas.
Camarógrafos.
Productores.
Asistentes corriendo de un lado a otro.
Sin embargo...
Algo era diferente.
Faltaba una presencia.
—¿Todavía no vuelve Hamlet? —preguntó Chiara Lombardi mientras organizaba los cosméticos.
Fabrizio negó.
—El médico le dio varios días de reposo.
La joven omega suspiró.
—Qué alivio saber que está bien...
En ese momento las puertas del estudio se abrieron.
César apareció vestido con el uniforme negro del programa.
Todo el personal se puso de pie para saludarlo.
—Buenos días, chef.
—Buenos días.
Respondió con educación.
Pero seguía serio.
Más serio de lo habitual.
Enzo Ricci se acercó con una carpeta.
—Tienes mala cara.
—Siempre tengo mala cara. Es mi cara la única que tengo.
—No parece que sea solo eso.
—No dormí bien.
—¿Cinco horas?
—Tres.
Enzo soltó una risa.
—Se nota.
Antes de que pudiera seguir molestándolo apareció Saulo Borgia Orsini, productor ejecutivo del programa.
El omega llevaba varias hojas con los índices de audiencia.
No sonreía.
—Tenemos un problema.
César tomó los documentos.
Frunció el ceño.
—¿Qué pasó?
—La competencia.
Sobre la hoja aparecía un enorme gráfico.
"Sabores de Italia"
Presentado por...
Adriano De Luca.
El rival directo de César.
—Subieron cuatro puntos de audiencia.
—¿Y nosotros?
—Bajamos dos.
César permaneció callado.
Saulo respiró hondo.
—Desde que Hamlet salió del programa las redes empezaron a preguntar dónde está el subchef.
Enzo asintió.
—Hay cientos de comentarios.
"¿Dónde está el rubio?"
"El programa ya no se siente igual."
"Extrañamos la química entre César y Hamlet."
El chef dejó lentamente la carpeta sobre la mesa.
—No vamos a utilizar la enfermedad de Hamlet para ganar audiencia.
—Nadie dijo eso grandulon.
—Entonces dejen de preocuparse.
Saulo suspiró.
—Ojalá fuera tan simple.
En ese momento Gianna apareció.
—César.
—¿Sí?
—El dueño del canal quiere verte.
Oficina de la presidencia
Un enorme despacho dominaba el último piso del edificio.
Sentado detrás del escritorio esperaba Giulio De Luca, presidente de la cadena y tío de Adriano.
Junto a él había varios ejecutivos.
César entró sin perder la compostura.
—Buenos días.
—Siéntese, César.
El chef obedeció.
Giulio entrelazó las manos.
—Llevas años siendo la cara del canal.
—Lo sé.
—Pero últimamente...—Miró unos informes.—Te noto distraído. Cansado. Menos espontáneo.
César sostuvo la mirada.
—He tenido unos días complicados.
—Las cámaras también lo notan.
Otro ejecutivo intervino.
—El programa rival está creciendo muy rápido.
—Adriano ha traído nuevas ideas.
Giulio asintió.
—Y Lorenzo Ferraro también está teniendo excelentes resultados.
César permaneció en silencio.
—No te estoy despidiendo. Todavía. Pero necesito que recuperes el liderazgo. Porque si las cifras siguen bajando... Tendremos que hacer cambios importantes.
El mensaje era claro.
Podían reemplazarlo.
César se levantó.
—No perderán el liderazgo.
—Eso espero. Pero mi sobrino ama lo que hace y la gente lo ama a él. Aunque tú seas el veterano.
— Vamos a trabajar en ello.
Al salir de la oficina respiró profundamente.
—Qué oportunos...
Murmuró.
En el pasillo apareció Enzo.
—¿Malas noticias?
—Las de siempre.
—¿Presión?
—Quieren que volvamos al primer lugar.
Enzo sonrió.
—Lo haremos.
Cuando regresó al estudio encontró un espectáculo que lo hizo cerrar los ojos con paciencia.
—¡Césaaaar!
Serena Malfatti su vecina e influencer, prácticamente corrió hacia él.
La influencer llevaba un vestido rojo ajustado y un enorme ramo de rosas.
Sin pedir permiso lo abrazó del brazo.
—Hace días que no te veía. Te extrañé muchísimo.
César retiró el brazo con educación.
—Buenos días, Serena.
—¿Qué haces esta noche?
—Trabajar hasta quedar muerto.
—¿Y después?
—Dormir.
Ella hizo un puchero.
—Siempre me rechazas. Vamos a un club algún día o a cenar fuera.
Antes de que pudiera responder apareció otra mujer.
—Chef.
Una joven modelo sonrió acercándose.
—La producción me pidió entregar estas muestras de perfume.
Era evidente que buscaba llamar su atención.
Serena frunció el ceño.
—Llegué primero. Espera que termine, no seas mal educada.
Las dos comenzaron a discutir.
César apenas las escuchaba.
Su teléfono vibró.
Miró la pantalla.
Conejito 🐇
Abrió el mensaje de inmediato.
> Buenos días, chef. Ya desayuné y tomé la medicina. Gracias por todo. No se preocupe por mí. Que tenga un buen programa.
El alfa sonrió sin darse cuenta.
Una sonrisa auténtica.
Su expresión cambió por completo.
Enzo lo observó divertido.
—¿Hamlet?
César guardó el móvil.
—Sí.
—No me hace falta leer el mensaje para saberlo.
Serena seguía hablando.
—César, ¿me escuchas?
Él apenas giró la cabeza.
—Disculpen. Tengo trabajo que hacer.
Y se marchó.
Las dos mujeres quedaron inmóviles.
Serena apretó los labios.
—¿Qué le pasa?
Chiara, que había observado toda la escena desde maquillaje, sonrió para sí.
—Creo que el chef ya tiene ocupado el corazón.
Desde el otro extremo del estudio, Adriano De Luca observaba todo con una sonrisa fría. En unas horas sería su turno para salir en pantalla.
A su lado estaba Lorenzo Ferraro.
—¿Lo ves?
—¿Qué cosa?
—Está distraído. Enamorado. Y un hombre enamorado comete errores.
Lorenzo cruzó los brazos.
—¿Y el subchef?
Adriano sonrió.
—Cuando vuelva... Me encargaré de que quiera trabajar conmigo.
Lorenzo sonrió con la misma ambición.
—Déjamelo a mí. Soy bueno domando Omegas y hacer que haga lo que yo quiera.
Los dos observaron el set donde César daba inicio a la grabación.
Sin saberlo...
La verdadera batalla apenas estaba comenzando.