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Sin Secretos Para Él

Sin Secretos Para Él

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Romance / Época
Popularitas:50.6k
Nilai: 5
nombre de autor: LunaDeMandala

Ella y su ansiedad renacen en un nuevo mundo..

*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**

NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ducado Reed 1

Dos días después, una nueva invitación llegó a la mansión Russ.

Esta vez con el sello del ducado Reed.

Solo ver aquel emblema bastó para que Elia se quedara inmóvil varios segundos, la carta entre las manos, el corazón latiéndole con fuerza.

Porque una cosa era que Albert le hubiera ofrecido la presentación.

Y otra muy distinta era que la invitación realmente hubiera llegado.

La abrió con cuidado.

La leyó una vez.

Luego otra.

Y una tercera más, porque evidentemente su costumbre de releer todo seguía tan viva como siempre.

La reunión era formal.

Cordial.

Y, según la carta, la recibiría la duquesa Reed para conversar sobre la posible compra de terrenos destinados a escuelas.

Aquello por sí solo ya era una oportunidad enorme. Pero, además, Elia había logrado averiguar un detalle que le dio un poco más de confianza.

La duquesa Reed prefería tratar asuntos de negocios únicamente con mujeres.

Lo que significaba que no tendría que enfrentarse a una reunión privada con el temido duque Reed, cuya reputación en los círculos nobles oscilaba entre “ferozmente protector” y “ligeramente aterrador”.

La idea de hablar con otra mujer la tranquilizó.

Un poco.

Solo un poco.

Lo que no sabía... era que el mismísimo duque O'Neill la acompañaría.

Lo descubrió la mañana de la visita, cuando el carruaje O'Neill llegó a buscarla y Albert descendió de él con la naturalidad de un hombre que no estaba alterando por completo la estabilidad emocional de una joven noble.

Elia se quedó quieta en la entrada de la mansión Russ.

Mirándolo.

Luego al carruaje.

Después a él otra vez.

Y, como siempre, pensó demasiado rápido.

[¿Va conmigo?]

Albert escuchó la alarma en su tono mental incluso antes de que ella hablara.

[¿Pasó algo?]

[¿Hubo algún problema con los Reed?]

[¿Cancelaron?]

[¿El negocio salió mal antes de empezar?]

Albert se apresuró a responder antes de que ella pudiera construir una tragedia completa.

—No hay ningún problema.

Elia parpadeó.

—¿No?

—No.

Albert se acercó con calma, como si no acabara de interrumpir una espiral de ansiedad en plena formación.

—Debo reunirme con el duque Reed de todos modos.

Eso era cierto.

No completamente cierto.

Pero sí lo suficiente como para no sentirse culpable.

—Desde que se casó, casi no sale de su ducado.

Continuó.

—Así que si quiero verlo, normalmente debo ir hasta allí.

Elia asintió.

Porque eso sí tenía sentido.

Había escuchado rumores parecidos.

Que el duque Reed, desde su matrimonio, parecía haber reducido considerablemente sus apariciones públicas y sus viajes.

Y, según decían, gran parte de la razón tenía nombre de esposa.

Un hombre profundamente enamorado, al parecer.

Uno peligrosamente dedicado a cuidar a su duquesa.

Elia subió al carruaje un poco más tranquila.

Aunque no del todo.

Porque la presencia de Albert en cualquier espacio cercano a ella tenía el lamentable efecto de desordenarle las ideas.

Y el viaje apenas comenzó, su mente volvió a hacer lo que mejor sabía hacer.

Pensar.

Muchísimo.

[Entonces el duque Reed realmente la adora.]

Albert permaneció en silencio, observando el paisaje por la ventana opuesta.

[Eso es bonito.]

[Aunque también un poco intimidante.]

[Definitivamente.]

[¿Qué clase de mujer se casa con un hombre así?]

Albert sintió curiosidad por dónde terminaría aquello.

Y entonces la escuchó.

[Todavía no conozco a la futura esposa del duque O'Neill...]

El aire pareció detenerse un instante.

[...pero ya la odio.]

Albert giró la cabeza muy despacio.

Porque sinceramente no esperaba eso.

Elia, por supuesto, seguía mirando por la ventana como si no acabara de lanzar un pensamiento devastador.

[Solo espero que no lo haga sufrir.]

Albert se quedó completamente inmóvil.

Porque aquella frase... aquella frase se le metió bajo la piel con una facilidad peligrosa.

Había celos allí.

Pequeños.

Disimulados.

Todavía inseguros.

Pero estaban.

Y además había algo más.

Preocupación real.

Una preocupación tan genuina por una mujer que ni siquiera existía todavía, solo porque esa mujer algún día podría herirlo.

Albert sintió una calidez extraña en el pecho.

Y luego, sin quererlo, sin planearlo, sin tener tiempo de detenerse... imaginó algo.

Un salón iluminado.

Flores.

Una ceremonia.

Elia vestida de blanco.

Su mano en la de él.

Una boda.

Su boda.

Albert dejó de respirar por un segundo.

Porque no había sido una idea vaga.

No había sido una posibilidad abstracta.

Había sido una imagen completa.

Precisa.

Peligrosamente fácil de imaginar.

Y lo peor fue que, durante ese instante, no le pareció absurda.

Le pareció correcta.

Tan correcta que su propio cuerpo reaccionó antes que su mente.

Se puso tenso.

Demasiado tenso.

Elia, que justo había apartado la vista de la ventana, lo notó.

—¿Su Gracia?

Albert tardó un segundo en reaccionar.

—¿Sí?

—¿Se siente bien?

[¿Le dolerá algo?]

[¿Otra vez su salud?]

[¿Será estrés?]

Albert casi se rio por la ironía.

No.

No era su salud.

Era mucho peor.

Era el hecho de que acababa de imaginarse casado con ella como si fuera la cosa más natural del mundo.

—Estoy bien.

Respondió al fin.

—Solo recordé un asunto pendiente con Reed.

Mentira.

Total y descarada mentira.

Pero Elia le creyó.

O al menos fingió creerle.

Y eso le dio a Albert unos segundos para recomponerse.

Porque necesitaba urgentemente recuperar el control de su propia cabeza.

Aquello no podía seguir así.

No era normal.

No era prudente.

No era digno de un hombre en su posición.

Y sin embargo, cuanto más intentaba apartar la idea, más regresaba.

Elia con su sonrisa pequeña.

Elia riéndose de sus propias ocurrencias.

Elia discutiendo con él sobre cultivos.

Elia sentada frente a una mesa, firmando documentos como duquesa O'Neill.

Albert miró por la ventana con una expresión impecablemente neutra.

Por dentro estaba al borde del colapso.

Mientras tanto, la propia Elia seguía con su propio desastre interno.

Porque haber pensado que ya odiaba a una esposa inexistente del duque le parecía una señal clarísima de que su enamoramiento estaba avanzando demasiado rápido y de forma demasiado vergonzosa.

[Esto está mal.]

[No estaba tan mal.]

[Definitivamente me estoy enamorando más.]

[Qué humillación.]

Albert cerró los ojos un instante.

Porque, a pesar de todo, esa última frase consiguió calmarlo un poco.

No por la humillación.

Sino por la confirmación.

Elia se estaba enamorando.

Y él... él acababa de imaginar una vida entera con ella antes de llegar siquiera al ducado Reed.

El camino hacia el ducado Reed fue, para desgracia de la estabilidad emocional de Elia, demasiado largo.

Porque mientras más se acercaban, más nerviosa se sentía.

Y mientras más nerviosa se sentía... más pensaba.

Y mientras más pensaba... más preguntas aparecían.

[¿Y si no le agrado a la duquesa Reed?]

Albert la miró de reojo.

[¿Y si cree que mi propuesta es poco ambiciosa?]

Él se acomodó con calma en el asiento, como si no estuviera escuchando la avalancha.

[¿Y si piensa que soy inexperta?]

Entonces respondió en voz alta, con naturalidad:

—La duquesa Reed valora mucho más la claridad que la grandilocuencia.

Elia giró la cabeza hacia él.

Sorprendida.

—¿De verdad?

—Sí.

Albert apoyó un brazo junto a la ventana.

—Si su propuesta es sólida, eso le importará más que cualquier adorno.

La joven asintió.

Un poco más tranquila.

Durante tres segundos.

Porque enseguida apareció otra preocupación.

[¿Y si el duque Reed está presente?]

—Normalmente deja esos asuntos a su esposa.

Dijo Albert, como si continuaran una conversación perfectamente lógica.

Elia lo miró otra vez.

[¿Cómo...?]

No terminó el pensamiento, pero Albert casi sonrió.

—Y si está presente, no la interrumpirá mientras ella negocia.

Aquello sí pareció aliviarla.

Y así continuaron el viaje.

Cada pocos minutos Elia pensaba una nueva preocupación y Albert, sin delatarse demasiado, encontraba una manera de responderla antes de que se convirtiera en una tragedia mental.

Para él, aquello comenzaba a resultar peligrosamente agradable.

Porque la ansiedad de Elia no le causaba gracia.

No de verdad.

Pero sí encontraba adorable la forma en que intentaba parecer serena mientras por dentro estaba imaginando veinte catástrofes distintas.

Y además... le gustaba poder calmarla.

Le gustaba ver cómo sus hombros se relajaban un poco cada vez que él respondía algo antes de que ella siquiera se atreviera a preguntarlo.

Era una satisfacción extraña.

Íntima.

Casi doméstica.

Tanto, que Albert terminó pensando algo profundamente inconveniente.

Si Joel Reed llegaba a hacer sentir mal a Elia durante la reunión... no le importaría enfrentarlo.

Aunque lo conociera desde hacía años.

Aunque Reed tuviera un temperamento temible.

Aunque fuera un duque.

Aunque su magia de fuego pudiera convertir una discusión en una experiencia memorable.

No le importaría.

Y aquella conclusión le pareció perfectamente razonable.

El viaje transcurría con relativa calma cuando uno de los escoltas del ducado se acercó al carruaje para avisar a Albert de un asunto pendiente.

Un paquete de documentos urgentes debía ser entregado en el pueblo por el que estaban a punto de pasar.

Albert frunció el ceño.

Era un desvío breve, pero inevitable.

—Tendré que detenerme un momento en el pueblo.

Le explicó a Elia.

—No tardaré demasiado.

Ella asintió de inmediato.

Y entonces pensó algo tan inesperado que Albert sintió una pequeña satisfacción instantánea.

[Mejor.]

Albert levantó una ceja apenas.

[Así puedo pasar más tiempo con él.]

La sonrisa le apareció antes de que pudiera evitarlo.

Una sonrisa pequeña.

Discreta.

Pero real.

Elia, por suerte, no la interpretó correctamente.

Creyó que simplemente estaba de buen humor.

El pueblo era pequeño, ordenado y bastante concurrido para esa hora de la tarde.

Albert dejó a Elia en un elegante salón de té mientras él se encargaba de los documentos, con dos guardias discretamente apostados cerca.

—Regresaré pronto.

Dijo.

Elia asintió.

—No se preocupe.

Él dudó apenas un segundo antes de irse.

Como si quisiera decir algo más.

Como si no terminara de gustarle dejarla sola.

Pero finalmente se marchó.

Elia aprovechó el tiempo para intentar organizar sus ideas antes de llegar al ducado Reed.

Necesitaba verse serena.

Inteligente.

Capaz.

Y no como una mujer que estaba a medio camino entre un ataque de ansiedad y un enamoramiento vergonzoso.

Pidió té.

Sacó mentalmente una lista de puntos importantes.

Y justo cuando estaba repasando posibles formas de presentarse ante la duquesa Reed... una voz conocida la interrumpió.

—Lady Russ.

Elia levantó la vista.

Y se encontró con el conde Nilsson.

Sonriendo.

Tan impecable como siempre.

Tan amable como siempre.

Y con una expresión que, si ella hubiera estado menos preocupada por la reunión, quizá habría interpretado con más claridad.

—Conde Nilsson.

—Qué coincidencia.

Dijo él.

Aunque honestamente no parecía una coincidencia en absoluto.

—¿Puedo sentarme?

Elia dudó apenas un instante.

Pero asintió por cortesía.

—Por supuesto.

Nilsson tomó asiento frente a ella con una naturalidad casi peligrosa.

Comenzó a hablar con facilidad.

Preguntó por sus padres.

Por los negocios.

Por cómo se había sentido tras su última reunión.

Y Elia respondió.

Educada.

Atenta.

Pero solo en apariencia.

Porque por dentro estaba en otra parte.

[Tengo que recordar hablar primero del terreno fronterizo.]

[Si la duquesa pregunta por la rentabilidad, debo mencionar la escuela y el flujo de personas.]

[¿Debería hablar de la producción antes o después?]

Nilsson sonrió, completamente ajeno al hecho de que la mujer frente a él no estaba prestándole verdadera atención.

Y justo en ese momento, Albert regresó.

Lo primero que vio fue al conde sentado frente a Elia.

Demasiado cómodo.

Demasiado sonriente.

Demasiado interesado.

Y no necesitó magia para comprenderlo.

Nilsson no estaba allí por casualidad.

Ni por amistad.

Ni por negocios.

Estaba allí por Elia.

Albert sintió una irritación inmediata.

Una de esas tan limpias y precisas que casi resultaban ofensivas.

Se acercó con paso tranquilo, aunque por dentro tenía exactamente la misma disposición que un hombre a punto de reclamar territorio.

—Conde Nilsson.

Dijo con impecable cortesía.

Nilsson se puso de pie.

—Duque O'Neill.

El saludo fue correcto.

Amable.

Incluso cordial.

Pero entre ambos quedó claro algo sin necesidad de palabras.

Ninguno estaba especialmente feliz de ver al otro allí.

Elia, mientras tanto, apenas estaba procesando la escena.

Porque la mitad de su atención seguía ocupada en la duquesa Reed.

Y la otra mitad en el hecho de que Albert ya había vuelto.

Lo que, para su propia vergüenza, le alegró bastante más de lo que debería.

Nilsson volvió a dirigirle la palabra con esa sonrisa fácil que parecía no abandonar nunca.

—Espero que podamos vernos pronto, Lady Russ. Me gustaría visitarla.

Elia asintió.

—Claro, conde.

Y pensó, honestamente:

[Qué amable.]

Albert apretó apenas la mandíbula.

Porque no.

No era solo amabilidad.

Él lo sabía.

Lo veía en la postura del conde.

En la insistencia suave.

En la forma en que había buscado conversación aun sin ser realmente atendido.

Nilsson estaba interesado.

Y por desgracia parecía decidido a seguir avanzando.

Lo único que calmó un poco a Albert fue darse cuenta de algo importante.

Elia no había prestado verdadera atención a nada de eso.

Ni a la sonrisa del conde.

Ni a sus insinuaciones.

Ni a su evidente interés.

Había estado demasiado ocupada preocupándose por Reed, por la reunión, por los documentos y por dar una buena impresión.

Aquello no solucionaba el problema.

Pero sí lo hacía un poco más soportable.

Finalmente Nilsson se despidió.

Con elegancia.

Con una inclinación de cabeza.

Y con la promesa de volver a visitarla pronto.

Cuando se marchó, Elia soltó el aire lentamente.

No por él.

Sino porque, por un segundo, había olvidado el orden en que pensaba presentar su propuesta.

Albert la observó.

Y comprendió de inmediato que ella seguía sin entender nada del conde.

Ni de sus flores.

Ni de sus visitas.

Ni de su insistencia.

La idea le resultó irritante y enternecedora a la vez.

—¿Lista?

Le preguntó.

Elia se puso de pie de inmediato.

—Sí.

Mentira.

No estaba lista.

No en lo más mínimo.

Pero subir al carruaje junto a Albert la tranquilizó un poco.

Solo un poco.

Y cuando retomaron el camino hacia el ducado Reed, el silencio entre ambos fue mucho más cercano que antes.

No hacía falta hablar demasiado.

Albert ya sabía que Elia estaba repasando mentalmente su presentación.

Y Elia, aunque no entendía del todo por qué, se sentía más segura solo porque él estaba allí.

Mientras el carruaje avanzaba, Albert miró por la ventana y pensó en el conde Nilsson.

En su sonrisa demasiado segura.

En la manera en que había dicho que iría a visitarla.

Y luego miró de reojo a Elia, que estaba tan concentrada en impresionar a la duquesa Reed que ni siquiera parecía recordar el encuentro de hacía unos minutos.

Albert exhaló despacio.

Quizá eso era lo único bueno de toda la situación.

Que, por ahora, el hombre que ocupaba los pensamientos de Elia seguía siendo él.

Y sinceramente... pensaba seguir asegurándose de que continuara así.

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Nancy Cortes J
pero eran solo ellos los que poseían esa habilidad, entonces por el duque también la tiene? es un familiar no reconocido? /Smug/
Mitsuki G
jeje está Elia pensó que era un carta de amor pero se nota que Albert quiere darle tiempo por eso no lo hace ya que sería como presionarla está pensando en ella y en verdad me da pena el conde autora luego has una novela de él que el pobre ya le toque una siempre se las ganan y no tiene nada de malo que sea bueno merece una chica igual a él y que sean unidos pero en verdad espero que ese reencuentro está Elia deje de huir y escuche vea que hay un motivo y si mintió pero no entendía la razón de escucharla
Nancy Cortes J
🤣🤣🤣no soy noble pero también quisiera saber eso /Facepalm//Facepalm/
Elizabeth Yepez
que mujer más complicada,
Gleirys Carolina
No es fácil cuando está en conflicto consigo misma, y aunque no es culpa de ninguno de los 2, y más en esa situación tan inusual, lo que más vale es que están enamorados, y puede que esa carta sea para hablar de lo sucedido o también referencia con la investigación de Jack,
Mitsuki G
Si tiene muchos sentimientos encontrados pero debería ver ese lado este Albert no huyo de ella a pesar del caos que tiene en su cabeza de su ansiedad estuvo ahí apoyándola si tardo en decirle pero no por gusto ya que es algo extraño que no entendía cómo decirle fue algo que ninguno de los dos busco como eso de enamorarse espero que deje esa vergüenza atrás y prefiera vivir bien está vez arriesgarse para ese amor más con alguien que no escapó al escuchar su ansiedad si no eso lo enamoro y da su tiempo pero se de esa oportunidad al no querer de verdad alguien más si lo aproveche
Isabel Peña
Ahhhhh Elia no des más vueltas,lo esperas te gusta!!!Y como dices se enamoró conociendo tu peor parte!!!🤭🥰
Marisela Morales
haaaa si el mago por su puesto así empezará 🤣🤣🤣🤣
Alma Morales
De seguro le dirá conociéndolo que contacto un mago de sanación para su papá 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Alma Morales
Entiendo a Elia y creo que la manera en que lo dijo el duque fue la mejor no la mas adecuada pero la mas oferta que se le ocurrio😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱
Marisela Morales
será el mago malo será 🤔🤔🤔🤔
Alma Morales
La verdad aveces duele pero es preferible saberla a destrozarte con la mentira👍👍👍👍👍👍
Alma Morales
😱😱😱😱😱😱😱 estoy que me como las uñas con todo y dedos😱😱😱😱😱😱😱
Alma Morales
Noooo Albert por ahí no le caben😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Carola 🦋
🤯el cerebro de Elia 💥 hajajaja
Carola 🦋
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Laura Aguado
Aaaaaahhhhh q nervios 😱😱
Mitsuki G
Me da pena Albert ya que el no fue su culpa el no quiso escuchar sus pensamientos no fue algo que el decidió solito fue pero si debió decirlo desde antes ya que si fue algo que no controlo pero ya digo todo ahora debe de esperar el tiempo necesario que me imagino que será mucho por la ansiedad de Elia solo espero que no huya por miedo ya que el hombre que piensa que no merece la ama debería quererse un poco tener confianza en ella misma
Marisela Morales: será el mago que fue malo será 🤔🤔🤔🤔🤔
total 2 replies
Isabel Peña
Pobre Albert te toca esperar que ella saque todas las alternativas posibles!!!Elia no lo hagas sufrir tanto!!!!Se sincera contigo misma,te gusta y no es imposible!!!🤭🥰
Mitsuki G
Ya digo la verdad que obviamente la dejaría con vergüenza ya que escucho todo que siempre anda pensando y sobre que lo ama pero me gusto que tomara valor también decir sobre su amor por ella y los celos espero que Elia no huya de sus sentimientos por vergüenza si que lo piense pero no escape de lo que siente y que es posible
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