Traicionada por su propia hermana y sacrificada como moneda de cambio por su familia, Selena Sanches vio cómo sus sueños de amor se derrumbaban cuando Ingrid falsificó sus exámenes prenupciales.
Considerada “estéril”, Selena fue descartada por Cássio Álvarez, el hombre que juró amarla y con quien iba a casarse… pero él decidió casarse con Ingrid sin dudarlo.
Humillada y sin apoyo, Selena creyó que nada podía empeorar, hasta que su padre la ofreció como esposa al misterioso y temido Henrico Garcês, un mafioso al que nadie jamás se atrevía a mirar a los ojos. Un hombre que vive en las sombras, rodeado de rumores, poder… y peligro.
Ahora, unida a un desconocido que inspira tanto miedo como fascinación, Selena deberá descubrir si este matrimonio forzado será su ruina…
o su salvación.
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Capítulo 16
El sol de la mañana entró por las rendijas de las cortinas cuando Selena abrió los ojos.
Por un instante, no sabía exactamente dónde estaba, hasta que sintió el calor firme del brazo de Henrico alrededor de su cintura.
Habían dormido juntos.
De verdad.
Como marido y mujer.
Henrico también despertó, respirando hondo antes de abrir los ojos. Cuando vio el rostro de Selena tan cerca, una sonrisa suave surgió en sus labios, una sonrisa que Selena jamás imaginó recibir de aquel hombre.
Llevó la mano al rostro de ella, acariciando su mejilla con el pulgar.
—Buenos días, mi esposa —murmuró, la voz ronca de sueño.
Selena se sonrojó.
—Buenos días…
Henrico continuó acariciando el rostro de ella, como si estuviera decorando cada rasgo.
Pero entonces su expresión cambió, volviéndose seria… preocupada.
—Selena… —comenzó, con cuidado— creo que necesitamos conversar sobre anoche.
El corazón de ella se aceleró.
Henrico respiró hondo.
—Yo… con el deseo que sentí por ti… acabé olvidando de prevenirme.
Frunció el ceño.
—Si quieres, puedo pedir a la farmacia que manden la píldora del día siguiente. No quiero que te preocupes.
Selena se quedó inmóvil.
El tiempo pareció parar.
Ella tragó saliva, reunió coraje y finalmente abrió el corazón.
—Henrico…
Su voz temblaba.
—No precisa preocuparse con eso. Yo… yo no puedo quedar embarazada.
Henrico se quedó estático, mirando profundamente en los ojos de ella.
Selena respiró hondo, sintiendo que necesitaba continuar.
—Soy estéril.
Él abrió los ojos por un momento, pero no dijo nada. Esperó.
Selena prosiguió:
—Descubrí eso antes del casamiento con Cássio.
Su voz falló.
—Y ese fue el motivo de él… desistir de mí.
Ella bajó la mirada.
—Él prefirió a Ingrid. Porque ella podía darle un hijo a él… y yo no.
Henrico sintió algo apretar dentro del pecho.
Pena. Rabia. Empatía.
Él erguio suavemente el rostro de ella con la punta de los dedos.
—Selena… lo siento mucho por eso.
—Estoy bien… —mintió ella, intentando sonreír—. Solo… solo pensé que necesitaba contarte.
Henrico quedó en silencio por largos segundos, procesando todo.
Entonces preguntó con sinceridad:
—¿Tú… estás bien con eso? Quiero decir… muchas mujeres sueñan en ser madres. ¿Y tú…?
Selena respiró hondo.
—Siempre soñé en ser madre. Siempre. Desde pequeña.
Ella apretó las sábanas entre los dedos.
—Pero sueños ni siempre se realizan. Es la vida, ¿no?
Henrico vio el dolor escondido en aquella frase.
Y aquello le conmovió.
Selena levantó la mirada, vulnerable.
—Henrico… ahora que tú sabes…
Ella vaciló.
—¿Tú vas a abandonarme un día? Tú… quieres tener tus hijos. Todo hombre quiere.
Henrico soltó un suspiro profundo, aproximándose más a ella.
—Selena…
Él tocó el rostro de ella nuevamente.
—Yo no quería casarme. Tú sabes de eso.
Hizo una pausa.
—Y mucho menos pensé en ser padre. Nunca fue un plan mío.
Los ojos de Selena se abrieron.
Henrico continuó:
—Entonces, no precisa tener miedo. No voy a abandonarte porque tú no puedes quedar embarazada.
Selena dejó escapar un suspiro casi aliviado, pero aún inseguro.
Henrico percibió.
—Y más… —dijo él, firme— si ser madre realmente es tu sueño… no está descartado.
Selena frunció el ceño, confusa.
—¿Qué quieres decir?
Henrico sonrió de lado, pasando la mano por los cabellos de ella.
—Podemos adoptar un bebé en el futuro.
—¿A-adoptar? —ella repitió, sorprendida.
—Sí. Seríamos padres de la misma forma.
Selena se quedó atónita.
—Pero… ¿a ti no te importaría criar un hijo que no lleva tu sangre?
—¿Y qué los otros irían a decir? —ella preguntó, insegura—. Irían a hablar que es hijo adoptivo, irían a juzgar…
Henrico erguio la mano y posó sobre la de ella.
—Selena… tantas criaturas nacen todos los días y son abandonadas.
Su mirada era increíblemente dulce.
—Un hijo precisa de amor. No de sangre.
Ella sintió el corazón derretirse.
Henrico, el Don de las Tinieblas, diciendo aquello?
Él completó:
—Y en cuanto al mundo…
Su mirada endureció, como el jefe de la mafia que era.
—Podemos guardar eso solo entre nosotros. Dejamos a todos creer que tú misma has generado la criatura.
Él pasó el pulgar en la mano de ella.
—Nadie precisa saber la verdad.
Selena sintió los ojos llenarse de lágrimas.
—Henrico… ¿tú harías eso por mí?
Él se aproximó, besando la frente de ella con suavidad.
—Claro que haría.
Su voz era baja, pero cargada de honestidad.
—A mi lado, tú tendrás protección. Tendrás conforto. Tendrás respeto.
Él sujetó el rostro de ella.
—Jamás serás humillada como fue por tu familia.
Henrico respiró hondo y completó:
—Solo una cosa que yo no puedo prometerte, Selena.
—El amor… yo no sé si voy a conseguir sentir.
—Pero respeto, amistad y compañerismo… eso tú siempre tendrás de mí.
Selena cerró los ojos, sintiendo la sinceridad de él entrar como un bálsamo en sus heridas más antiguas.
Y en aquel instante, por primera vez en muchos años, ella no se sintió rechazada.
No se sintió insuficiente.
No se sintió quebrada.
Ella apenas se sintió… perteneciente.
Y más próxima de Henrico de lo que jamás imaginaria.