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Los Noctarys

Los Noctarys

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Mundo de fantasía
Popularitas:523
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

🌙 LOS NOCTARYS 🌙
Libro I: Marcada por la Luna Negra

La noche de su cumpleaños número dieciocho, Ayla descubre una marca imposible en su piel.

Una marca que la señala como parte de una raza antigua que jamás debió existir.

Los Noctarys.

Nacidos de la oscuridad de una estrella caída, ocultos entre los humanos durante siglos y condenados por una profecía que podría destruir su mundo.

Cuando Ayla conoce a Kael, el misterioso heredero de los Noctarys, algo despierta entre ellos.

Una conexión imposible.

Un destino escrito mucho antes de que nacieran.

Pero la profecía es clara:

Si el heredero y la marcada se enamoran, la Luna Negra despertará... y todo aquello que aman desaparecerá.

Entre secretos, traiciones, poderes prohibidos y una guerra que se acerca, Ayla deberá decidir si está dispuesta a desafiar al destino.

Porque algunas historias de amor están destinadas a salvar un mundo.

Y otras...

A destruirlo.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: El Primer Rey

El tiempo parecía haberse detenido.

Ayla no podía apartar la mirada de la figura que flotaba dentro de la esfera violeta.

El primer rey de los Noctarys.

El fundador.

El hombre que había dado origen a toda una raza.

Y estaba allí.

Frente a ella.

Observándola.

Como si la hubiera estado esperando durante siglos.

—La Luna Negra ya te ha elegido.

Aquellas palabras resonaron por toda la sala.

Ayla sintió un escalofrío.

—¿Qué significa eso?

El rey sonrió levemente.

Pero no fue una sonrisa alegre.

Fue una sonrisa triste.

Como la de alguien que conoce un destino imposible de evitar.

—Significa que el tiempo se está acabando.

Kael dio un paso adelante.

—Majestad, ¿por qué ha despertado ahora?

La figura volvió la vista hacia él.

—Porque ella ha regresado.

El silencio se volvió pesado.

Ayla comenzaba a odiar aquella frase.

Todo el mundo decía que había regresado.

Pero nadie explicaba de dónde.

Ni por qué.

—Dejen de hablar como si yo supiera lo que ocurre.

La voz de Ayla resonó con fuerza.

Incluso ella se sorprendió.

El rey la observó durante varios segundos.

Y luego asintió.

—Tienes razón.

Por primera vez alguien parecía dispuesto a decir la verdad.

—Entonces explícame.

—Lo haré.

La luz de la esfera comenzó a expandirse.

Cubriendo la habitación.

Cubriendo las paredes.

Cubriendo el suelo.

Y de pronto todo desapareció.

Ayla se encontró de pie en un paisaje desconocido.

Un enorme desierto negro.

Montañas de cristal oscuro.

Tres lunas gigantes iluminando el horizonte.

Y en el cielo...

Una estrella.

Negra.

Completamente negra.

Más grande que cualquier luna.

Más brillante que cualquier sol.

—¿Dónde estamos?

—En el comienzo.

La voz del rey surgió detrás de ella.

Ayla se giró.

Él estaba allí.

Ya no dentro de la esfera.

Ahora parecía completamente real.

—Hace miles de años este mundo era diferente.

La estrella negra comenzó a descender lentamente.

—Y entonces llegó ella.

Ayla observó fascinada.

La estrella impactó contra la tierra.

La explosión fue tan intensa que pareció romper el mundo entero.

Montañas enteras desaparecieron.

Océanos se evaporaron.

El cielo cambió de color.

Y de aquel cráter...

Surgió algo.

Personas.

Seres.

Criaturas.

—Los primeros Noctarys.

Ayla observó cómo aquellos seres se levantaban de las cenizas.

Sus ojos brillaban.

Sus cuerpos estaban llenos de energía violeta.

Parecían dioses.

—Pero no fuimos los únicos.

La visión cambió.

Y entonces aparecieron otros.

Seres nacidos de la misma estrella.

Pero diferentes.

Oscuros.

Fríos.

Sus ojos brillaban de color rojo.

—Los Umbrarys.

El miedo recorrió el cuerpo de Ayla.

Aquellos ojos.

Había visto esos ojos antes.

—¿Por qué se enfrentaron?

El rey bajó la mirada.

—Porque ambos queríamos lo mismo.

—¿Qué cosa?

—El corazón de la estrella.

La visión mostró entonces un enorme cristal flotando sobre el cráter.

Oscuro.

Hermoso.

Poderoso.

Parecía estar vivo.

—Ese es el corazón de la Luna Negra.

Ayla sintió que la marca en su muñeca comenzaba a arder.

—Lo siento.

—Porque está conectado contigo.

El rey la observó fijamente.

—Hace siglos comprendimos algo.

—¿Qué?

—Que la Luna Negra no podía ser destruida.

Solo podía ser sellada.

Ayla comenzó a comprender.

Lentamente.

Pieza por pieza.

—Y yo soy el sello.

El rey sonrió.

—Exactamente.

La visión desapareció.

Y ambos regresaron a la sala.

Kael seguía allí.

Observándolos.

Esperando respuestas.

—Entonces soy una prisión.

La palabra salió de los labios de Ayla antes de poder detenerla.

El rey guardó silencio.

Y eso fue suficiente.

Porque era verdad.

—Toda mi vida...

Toda mi existencia...

¿Solo fue para eso?

Por primera vez el rey pareció afectado.

—No.

—Entonces dime que estoy equivocada.

El silencio volvió.

Y Ayla sintió rabia.

Una rabia inmensa.

Porque nadie le había pedido permiso.

Nadie le había dado opción.

Su destino había sido escrito antes de nacer.

Y eso la enfurecía.

De repente la puerta de la sala explotó.

Los guardias salieron despedidos.

Los gritos llenaron el castillo.

Kael desenfundó inmediatamente su espada.

—¡Atrás!

Una figura apareció entre el humo.

Alta.

Cubierta por una armadura oscura.

Y con unos ojos completamente rojos.

Ayla lo reconoció de inmediato.

Era el mismo ser que había aparecido en su habitación.

Pero esta vez no sonreía.

Esta vez parecía furioso.

—Por fin te encontré.

Su voz resonó por toda la sala.

El rey observó al recién llegado.

Y algo extraño ocurrió.

Por primera vez...

Pareció sorprendido.

—Tú.

La criatura sonrió.

—Mucho tiempo sin vernos.

Kael frunció el ceño.

—¿Lo conoces?

El primer rey permaneció inmóvil.

Y entonces pronunció unas palabras que hicieron que todos los presentes palidecieran.

—Porque él no es un Umbrary cualquiera.

El silencio fue absoluto.

La criatura abrió los brazos lentamente.

Y sonrió.

—Es un placer volver a verte, hermano.

Continuará...

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