Durante veinte años, un matrimonio arreglado unió el destino de dos de las familias más poderosas del país. La elegida siempre fue la hija menor de los Moretti. Pero cuando oscuros rumores sobre la crueldad del heredero Volkov salen a la luz, los Moretti toman una decisión despiadada: proteger a su hija favorita… sacrificando a la mayor. Ivonne nunca imaginó que sería entregada como moneda de cambio por las mismas personas que juraron amarla. Sin embargo, descubrirá que el verdadero peligro no siempre se encuentra en el hombre con el que debe casarse, sino en la familia que la abandonó. Porque algunas alianzas se firman con tinta… Y otras, con sangre.
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Víspera
...¿Ultima noche de calma o ultima noche de silencio?...
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Cuando regresaron al estudio jurídico, los abogados ya tenían las copias del acuerdo listas.
—Todo está en orden, señor Volkov, señorita Villald.
Ambos recibieron una carpeta.
—Nos veremos mañana en la ceremonia —dijo uno de los abogados con una sonrisa profesional.
Ivako hizo un leve asentimiento.
Ivonne respondió con una sonrisa educada.
Después caminaron juntos hasta la salida del edificio.
La lluvia había cesado.
El cielo seguía cubierto por nubes oscuras.
Frente a la entrada aguardaban dos automóviles negros, uno de cada familia.
Los choferes permanecían inmóviles junto a las puertas.
Era el momento de despedirse.
—Gracias por el café —dijo Ivonne.
—No tiene que agradecerlo.
Hubo un pequeño silencio.
—Hasta mañana, señorita Villald.
—Hasta mañana, señor Volkov.
Ivonne dio un paso hacia el automóvil de su familia.
—Ivonne.
Era la primera vez que él pronunciaba su nombre sin tanta formalidad.
Ella se giró.
—Sí.
—Descanse.
Mañana será un día largo.
Ella sonrió apenas.
—Usted también.
Subió al automóvil.
Mientras el vehículo se alejaba, Ivako permaneció inmóvil observándolo desaparecer entre el tráfico.
Nikolai abrió discretamente la puerta trasera del otro automóvil.
—¿Señor?
Ivako entró sin dejar de mirar la calle.
Solo cuando el coche comenzó a avanzar habló.
—Nikolai.
—Sí.
—Cancela todas mis reuniones de mañana.
El hombre lo miró por el espejo retrovisor.
—Ya estaban canceladas.
Ivako asintió.
Por primera vez en muchos años…
No pensaba en una negociación.
Pensaba en una conversación.
La mansión Villald estaba completamente iluminada.
Costureras, decoradores y floristas recorrían los pasillos preparando cada detalle para la boda.
Parecía una celebración.
Pero para Ivonne era una despedida.
Entró en su habitación y encontró el vestido colgado junto a la ventana.
Lo observó durante unos segundos.
Mañana dejaría de ser una Villald.
La puerta se abrió suavemente.
Era Ivy.
Llevaba una taza de chocolate caliente entre las manos.
—Pensé que no habías cenado.
Ivonne sonrió.
—Gracias.
Las dos se sentaron sobre la alfombra, como cuando eran pequeñas.
Ninguna habló durante varios minutos.
—¿Lo odias?
La pregunta llegó de repente.
Ivonne miró a su hermana.
—¿A quién?
—A él.
Pensó unos segundos antes de responder.
—No.
—¿Y a mamá y papá?
El silencio fue mucho más largo.
—No sé si los odio.
Pero estoy… decepcionada.
Nunca pensé que fueran capaces de decidir algo tan importante sin preguntarme.
Ivy comenzó a llorar.
—Si pudiera cambiar las cosas…
—Lo sé.
Ivonne tomó su mano.
—Pero ya no podemos.
La menor apoyó la cabeza sobre el hombro de su hermana.
—Prométeme que si alguna vez eres infeliz… volverás a casa.
Ivonne cerró los ojos.
Qué difícil era responder eso.
Porque ya no estaba segura de que aquella siguiera siendo su casa.
Aun así, besó la frente de Ivy.
—Lo prometo.
Esa misma noche, en la residencia Volkov, Ivako permanecía de pie en el balcón de su habitación.
Su abuela salió con una manta sobre los hombros.
—No puedes dormir.
No era una pregunta.
Él sonrió levemente.
—¿Se nota tanto?
—Te crié.
Claro que se nota.
La anciana se apoyó en la baranda.
—¿Cómo es ella?
Ivako tardó unos segundos en responder.
—Muy distinta a lo que imaginaba.
—¿En qué sentido?
Miró el cielo cubierto de nubes.
—Es educada.
Serena.
Y creo que lleva demasiado tiempo cargando con cosas que nunca eligió.
Su abuela sonrió con ternura.
—Entonces mañana no solo te casarás con una mujer.
Te casarás con una historia que todavía no conoces.
Ivako no respondió.
Porque, por primera vez en mucho tiempo…
Sintió curiosidad por descubrirla.
Y sin saberlo, esa curiosidad sería el primer paso de un vínculo que ninguno de los dos había esperado construir.