Tras la trágica muerte de sus padres, Tom llega destrozado al orfanato de Santa María. Allí encuentra una luz en la pequeña Alesandra. Unidos por la soledad, los niños se vuelven inseparables y sellan una promesa inquebrantable bajo el solsticio: un día se casarán. Sin embargo, las leyes separan sus caminos; él se marcha a los 18 años hacia la capital financiera y ella es adoptada por una familia en España.
Diez años después, Tom regresa convertido en el temido "especialista de los números" de Londres, un multimillonario implacable dispuesto a usar todo su poder para encontrarla. Cuando un peligroso sindicato criminal ataca a la familia de Alie en Madrid, los hilos del destino colisionan. En mitad de un peligro mortal y secretos de sangre, el hombre de piedra arriesgará su imperio para blindar la vida de su única constante. ¿Podrán los lienzos del pasado vencer las sombras del mañana?
NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 15. LOS HILOS DE LA EXPANSION
La City de Londres se rendía ante la precisión milimétrica de una firma que había reescrito las reglas de la consultoría de capitales en las islas británicas. A sus veinticinco años de edad, Tom ya no era el huérfano retraído que buscaba refugio en los desvanes de Kent; ahora era el director ejecutivo de una de las corporaciones financieras más agresivas y respetadas de la capital. Su fisonomía imponía respeto en cualquier sala de juntas: superaba el metro noventa de estatura, poseía una complexión atlética esculpida a base de disciplina y unas facciones marcadas que rara vez mostraban emoción alguna. Sus ojos verdes, gélidos y calculadores, operaban con la rapidez analítica de su superdotación, desglosando los mercados mundiales como si se tratara de un engranaje predecible.
La empresa era un imperio en plena construcción. El software predictivo que Gustav había diseñado, combinado con las proyecciones macroeconómicas infalibles de Tom, les había permitido duplicar los activos de sus clientes en un tiempo récord, dándoles la liquidez necesaria para mirar más allá de las fronteras británicas. Sin embargo, para Tom, el dinero y la influencia seguían teniendo un valor puramente instrumental: eran los ladrillos con los que pretendía demoler los muros de confidencialidad que le habían arrebatado a Alie siete años atrás.
—Las proyecciones del Eurogrupo confirman que el mercado del sur de Europa está experimentando un ajuste de liquidez severo —comentó Gustav, interrumpiendo el silencio del despacho principal mientras arrojaba una carpeta de cuero sobre la mesa de cristal.
Gustav, que ejercía como socio principal y director de tecnología de la firma, mantenía intacto su carisma y su cabello rubio alborotado, pero sus trajes a medida delataban su estatus de magnate tecnológico. Era el único ser humano que se atrevía a entrar al despacho de Tom sin anunciarse y el único que conocía el motor secreto que impulsaba cada movimiento del economista.
—Madrid es la plaza ideal para iniciar la internacionalización de la cartera —continuó Gustav, dejándose caer en uno de los sillones de piel—. La banca privada de la capital española carece de herramientas de automatización de riesgo. Si desembarcamos allí el próximo mes, absorberemos los contratos de las principales constructoras y fondos patrimoniales antes de que termine el año fiscal. Es un movimiento perfecto en el plano financiero, Tom.
Tom retiró la vista de las pantallas que mostraban las fluctuaciones bursátiles a tiempo real y clavó sus intensos ojos verdes en su socio. El especialista de los números no necesitaba revisar los informes de Gustav; su mente ya había procesado esas variables macroeconómicas hacía semanas, pero el nombre de la capital española activó una frecuencia distinta en su cerebro.
—¿Cómo van los rastreos transfronterizos? —preguntó Tom con su habitual voz ronca y pausada, ignorando deliberadamente los gráficos de rendimiento.
Gustav soltó un suspiro, entrelazando los dedos sobre el regazo. La seriedad reemplazó por un instante su habitual expresión vivaracha.
—He cruzado los registros de emisión de visados especiales del consulado español en Londres correspondientes al año en que Alie dejó el orfanato —explicó el informático en voz baja—. Es un trabajo analógico y lento, Tom. Muchas de las solicitudes de adopción internacional se tramitaron bajo identidades de tutela protegida por motivos de seguridad del menor. Hay más de setecientas niñas británicas que emigraron a España en esa década. Sin un apellido adoptivo o una ubicación civil exacta, hackear el sistema de la seguridad social española para buscar una 'Alesandra' sin historial médico previo es como disparar a ciegas en mitad de la niebla.
Tom apretó los puños bajo la mesa. Habían pasado siete años desde la separación, y el dolor de la ausencia no se había anestesiado; se había concentrado, transformándose en una disciplina fría que dominaba cada aspecto de su existencia. Custodiaba el cuaderno de cuero nuevo y los lápices en el cajón de su escritorio como si fueran reliquias, negándose a aceptar que el tiempo pudiera borrar el juramento del solsticio.
—Entonces el desembarco en Madrid deja de ser una opción comercial y se convierte en nuestra prioridad absoluta, Gustav —dictaminó Tom, y su tono de voz sonó como un decreto inamovible—. Si la información no se puede obtener desde Londres, la buscaremos desde dentro del territorio español. Abriremos la sucursal en el paseo de la Castellana. Nos codearemos con la alta sociedad madrileña, financiaremos los eventos de la prensa local y compraremos las bases de datos civiles que sean necesarias. El especialista de los números va a trasladar su tablero de juego a España.
Gustav sonrió de medio lado, una sonrisa cargada de camaradería pura. Se puso en pie y se ajustó la chaqueta del traje.
—Sabía que dirías eso. Ya he ordenado al equipo de operaciones que reserven los pases de prensa y los detalles logísticos para la convención financiera internacional del próximo mes en Madrid. Todo el sector económico y la prensa de la capital española estarán allí para recibir al nuevo fenómeno de la City de Londres. Prepárate, economista. Vamos a agitar el avispero en España.
Cuando Gustav salió del despacho, Tom se giró hacia el gran ventanal que dominaba los rascacielos londinenses. El mañana se presentaba como un lienzo en blanco cargado de estrategias empresariales y peligros latentes. No sabía que a miles de kilómetros de allí, en la redacción de un periódico madrileño, Alie escribía sus novelas de amor custodiando una pulsera con un sello maldito que pertenecía a la misma mafia que amenazaba el sustento de su nueva familia. Los hilos de la expansión financiera de Tom estaban a punto de colisionar de forma orgánica con el presente español, reactivando los engranajes de un destino internacional que se había cobrado sangre en el pasado y que ahora aguardaba el momento exacto para el reencuentro de las dos almas rotas del orfanato inglés.