Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 10
Nina
No había sido fácil.
Ni rápido.
Ni justo.
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Conseguir trabajo se convirtió en una realidad mucho más dura de lo que había imaginado.
Vacantes abiertas.
Requisitos altos.
Salarios… bajos.
Demasiado bajos.
Leía una y otra vez las ofertas laborales y sentía cómo algo dentro de mí se encogía.
Posgrado requerido. Experiencia mínima de tres años. Disponibilidad total. Salario: mínimo.
Suspiré.
Era frustrante.
Dolía.
No por el trabajo… sino por lo que implicaba.
Años de estudio.
Esfuerzo.
Sacrificios.
Para terminar sintiendo que… no valían nada.
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Había días en los que me preguntaba si realmente merecía algo mejor.
Y eso…
era lo que más miedo me daba.
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Para no quedarme encerrada en esos pensamientos, decidí hacer algo distinto.
Me inscribí en un gimnasio.
Uno económico.
Nada sofisticado.
Pero suficiente.
Necesitaba moverme.
Salir.
Respirar.
Aunque fuera un poco.
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También empecé a investigar.
Nuevas formas de generar ingresos.
Ventas en línea.
Servicios digitales.
Asesorías.
Pasaba horas viendo contenido, tomando notas, intentando entender qué podía hacer… sin fallar.
Porque fallar… ya no era una opción.
No ahora.
No en la situación en la que estaba.
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Ese día salía del gimnasio.
Cansada.
Con el cuerpo adolorido.
Pero con la mente un poco más clara.
Hasta que mi teléfono sonó.
Damián.
Lo miré.
Y lo dejé sonar.
No quería hablar con él.
No quería escuchar su voz.
No quería… volver a sentir lo que me hacía sentir.
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Una hora después, volvió a sonar.
Esta vez…
Camila.
Solté un suspiro pesado.
—¿Qué quieren ahora…?
No respondí.
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Minutos después, llegó un mensaje.
Damián:
“Si te disculpas con mi tía, te devuelve el trabajo.”
Lo leí.
Una vez.
Dos.
Y sentí algo que no esperaba.
No tristeza.
No duda.
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Rechazo.
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Lo dejé en visto.
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Al rato, otro mensaje.
Esta vez de Camila.
Lleno de emojis.
Como siempre.
“Cariño 😊 ¿tú atendiste al señor Kros?”
Miré la pantalla.
No respondí de inmediato.
Dejé el teléfono a un lado.
Respiré.
Intenté ignorarlo.
Pero el nombre…
se quedó.
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Kros.
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Volví al teléfono.
“Buenas tardes, señora Camila. No sé quién es esa persona.”
Respondí finalmente.
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No tardó.
“Bastian Kros, el empresario 😌”
Mi ceño se frunció levemente.
No.
No lo conocía.
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“No lo conozco. En la convención se atendió mucha gente.”
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La respuesta llegó casi de inmediato.
“Pero si es muy conocido… aunque tú eres un poco despistada 😌 no podría esperar menos.”
La leí.
Y esta vez…
no sentí culpa.
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Sentí claridad.
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Dejé el mensaje en visto.
Entré a sus contactos.
Y eliminé su número.
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Luego… hice lo mismo con Damián.
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Silencio.
Por primera vez en mucho tiempo.
Silencio.
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Seguí con mis días.
Buscando.
Intentando.
Resistiendo.
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Con lo que sabía de mi profesión, empecé a vender documentos en línea.
Formatos.
Modelos.
Guías.
No era mucho.
Pero era algo.
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Aun así…
los pensamientos seguían llegando.
Una y otra vez.
Como un eco constante.
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No eres suficiente.
No vas a poder.
Te equivocaste.
No sirves para esto.
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Cerraba los ojos.
Respiraba.
Y seguía.
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No le decía a nadie.
A nadie.
No quería ser una carga.
Nunca lo había sido.
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Siempre había sido la fuerte.
La que escucha.
La que resuelve.
La que sostiene.
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La que no pide ayuda.
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Mi madre me había abierto las puertas de su casa.
Con amor.
Sin preguntas.
Y eso… era suficiente para mí.
No iba a fallarle.
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Pero entonces…
el teléfono vibró.
Otra vez.
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Un número desconocido.
Abrí el mensaje.
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“Ya me quiero cobrar ese favor que no me hiciste.
Estoy esperando con ansias.”
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El estómago se me revolvió.
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Era Damián.
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Sentí asco.
Real.
Físico.
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Leí el mensaje otra vez.
Y una pregunta cruzó mi mente.
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¿Siempre fue así… y yo no quise verlo?
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Apreté el teléfono.
Con fuerza.
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Y esta vez…
no dudé.
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Bloqueé el número.
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Porque algo estaba cambiando.
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Lento.
Doloroso.
Pero real.
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Ya no era la misma que se quedaba en silencio.
La que soportaba.
La que justificaba.
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No completamente.
Pero…
ya no igual.
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Y por primera vez en mucho tiempo…
aunque todo era incierto…
aunque todo daba miedo…
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Sentí algo distinto.
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Una pequeña chispa.
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De inicio.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro