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Mi Sexy Jefe Es el Padre de Mi Enemiga

Mi Sexy Jefe Es el Padre de Mi Enemiga

Status: En proceso
Genre:CEO / Amor prohibido / Romance de oficina
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Estaba desesperada. A punto de perder mi carrera por no poder pagar la matrícula, acepté ser la asistente personal del imponente Nicolas Donovan. Él es todo lo que intimida: cuarenta y tres años, poder absoluto y una mirada tan oscura que me desnuda el alma. La tensión entre nosotros es un fuego a punto de estallar cada vez que nos encerramos en su oficina. Pero el infierno se desató cuando vi ese portarretratos en su escritorio. Nicolas es el padre de Vanessa, mi peor enemiga. Entregarme a él significa arriesgarlo todo. ¿Pero... cómo me resisto al hombre que ya logró dominarme?

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9: ENCUENTRO EN MEDIO DE LA TORMENTA

Chloe Bennett

El lunes por la mañana amaneció con un cielo plomizo y una llovizna pertinaz que se pegaba a los cristales del autobús como lágrimas frías. No había pegado el ojo en toda la noche. Las palabras de Nicolas Donovan del sábado por la tarde seguían grabadas a fuego en mi mente: «Mi vida privada y mi vida corporativa corren por vías estrictamente separadas». Él me había advertido que me mantuviera alejada de su entorno familiar, y yo no necesitaba que me lo dijera dos veces. Estaba firmemente decidida a ser un fantasma en el campus, a pasar completamente desapercibida y a no darle a Vanessa la más mínima oportunidad de cruzar su camino con el mío. Si lograba sobrevivir a las clases y luego refugiarme en el piso cuarenta y cinco de la torre, todo estaría bien.

Al bajar del autobús, me subí la capucha de mi abrigo gastado y agaché la cabeza, apretando la mochila contra mi pecho. El suelo gótico de la universidad estaba resbaladizo, lleno de hojas caídas y charcos que reflejaban la arquitectura imponente del lugar. Caminé a paso rápido por el sendero lateral, evitando deliberadamente la plaza central donde los estudiantes solían congregarse antes de la primera hora. Mi único objetivo era llegar al aula de Relaciones Internacionales, sentarme en la última fila y desaparecer del mapa.

Sin embargo, el destino parecía ensañarse conmigo. Al doblar la esquina del edificio de idiomas, un grupo de risas ruidosas y estridentes me obligó a frenar en seco.

Ahí estaba ella.

Vanessa Donovan lideraba su séquito con paso de reina, vistiendo un abrigo de piel sintética blanca y sosteniendo un vaso de cristal con una malteada rosa en la mano. Intenté retroceder de inmediato, dar la vuelta sobre mis talones y tomar el camino largo por los laboratorios, pero fue demasiado tarde. Sus ojos caprichosos se clavaron en mí con la velocidad de un rayo, y una sonrisa cargada de pura maldad se dibujó en sus labios perfectamente pintados.

—¡Vaya, vaya! Miren a quién tenemos aquí, chicas —exclamó Vanessa en voz alta, cortándome el paso de inmediato al interponerse en el sendero junto a sus dos amigas—. Si es la huérfana invisible. Pensé que a estas alturas ya habrías empacado tus trapos viejos y estarías dejando el campus por falta de pago.

—Tengo clase, Vanessa. Con permiso —dije en un susurro, manteniendo los ojos fijos en el suelo, recordando las palabras de Nicolas. No podía armar un escándalo. Debía mantenerme al margen.

Intenté rodearla por la izquierda, pero una de sus amigas se movió rápidamente para bloquearme el paso, empujándome sutilmente con el hombro hacia atrás.

—¿A dónde tan rápido, Bennett? —se burló Vanessa, dando un paso hacia mí, acortando la distancia con una actitud sumamente hostil—. Ayer estuve en la oficina de administración y me enteré de que tu saldo de matrícula misteriosamente aparece liquidado. Una cifra tan alta... y pagada de la noche a la mañana. Qué extraño, ¿no creen?

Las otras dos chicas soltaron risitas burlonas, cruzándose de brazos. Sintiendo que el pánico y la humillación comenzaban a quemarme la garganta, apreté los dientes y me obligué a tragarme el orgullo. No respondí. Me quedé estática, como una estatua, repitiéndome mentalmente que debía soportarlo por mi futuro.

—Dime, Chloe... —continuó Vanessa, bajando la voz a un tono venenoso, arrastrando las palabras con una crueldad infinita—. ¿Cómo hace una muerta de hambre sin familia para conseguir miles de dólares en un fin de semana? Todos sabemos qué clase de "servicios" ofrece la gente como tú cuando está desesperada. ¿En qué esquina tuviste que pararte? ¿A qué viejo asqueroso tuviste que venderle tu cuerpo para que te pagara la escuela? Porque es obvio que una arrastrada no gana ese dinero limpiando pisos. Eres una basura que se vende al mejor postor.

Cada palabra se clavó en mi pecho como un puñal oxidado. La acusación era tan asquerosa, tan dolorosamente injusta, que sentí un impulso salvaje de gritarle la verdad en la cara, de decirle que trabajaba para su propio padre gracias a mi cerebro y no a lo que su mente retorcida imaginaba. Pero la cláusula de confidencialidad y el temor a Nicolas me sellaron los labios. Me quedé callada, temblando de rabia contenida, con los ojos llenos de lágrimas que me negaba a dejar caer frente a ellas.

—¿No vas a decir nada? —preguntó Vanessa, fastidiada por mi absoluto silencio—. Claro, la verdad duele. Eres patética. Das asco, Bennett.

En un movimiento rápido y mezquino, Vanessa alzó la mano y volcó el vaso de malteada de fresa directamente sobre mi cabeza.

El líquido espeso, helado y pegajoso chorreó por mi cabello rubio, empapando mi frente, deslizándose por mis mejillas y manchando por completo el cuello de mi abrigo y mi blusa limpia. El olor dulce y artificial de la fresa se volvió nauseabundo en un segundo.

—¡Ay, qué torpe soy! Se me resbaló —se rió Vanessa a carcajadas, tirando el vaso vacío al suelo—. Limpia eso, trepadora. A ver si así aprendes cuál es tu lugar.

No protesté. No grité. No me defendí. El dolor de la humillación pública me quebró por completo. Con las lágrimas desbordándose finalmente por mis mejillas, mezclándose con la viscosidad rosa de la bebida, di la vuelta, empujé a una de las amigas que se había distraído riendo y salí corriendo desesperadamente hacia la salida lateral del campus, queriendo huir de las miradas de los estudiantes que comenzaban a detenerse a observar el espectáculo.

Corrí a ciegas por el pasillo exterior arqueado, con la vista nublada por el llanto y el pecho doliéndome por los sollozos ahogados. Solo quería esconderme en mi lúgubre departamento, ducharme y desaparecer de la faz de la tierra.

Al doblar la esquina del gran arco de piedra que conectaba con el estacionamiento de visitas, no vi lo que tenía enfrente. Debido a la velocidad y a las lágrimas, choqué de lleno contra un cuerpo enorme, sólido y firme como una maldita pared de hormigón.

El impacto me hizo rebotar hacia atrás. Perdí el equilibrio por completo y mis pies resbalaron en el suelo húmedo, preparándome para una caída dolorosa contra el pavimento. Sin embargo, antes de que pudiera tocar el suelo, dos manos increíblemente grandes, fuertes y autoritarias me sujetaron firmemente por los antebrazos, deteniendo mi caída con una fuerza asombrosa.

Alcé la mirada de golpe, parpadeando para apartar el líquido rosa de mis pestañas.

Era él.

Nicolas Donovan estaba de pie frente a mí. Para la jornada de hoy, se había vestido con un impecable traje de tres piezas de un profundo color azul marino que acentuaba la anchura de sus hombros y la severidad de su porte; la corbata de seda a juego y el pañuelo en el bolsillo del saco gritaban una opulencia intimidante. Su rostro, habitualmente una máscara inexpresiva de frialdad ejecutiva, se contrajo en una mueca de absoluta sorpresa al reconocer el rostro cubierto de lágrimas y malteada de su asistente personal.

—¿Señorita Bennett? —su voz profunda y ronca que conocía tan bien, vibró en el aire húmedo, cargado de un desconcierto inmediato—. ¿Qué demonios le ha pasado? ¿Qué es todo esto?

Nicolas me miró de arriba abajo, y sus manos grandes apretaron mis brazos con un instinto de protección tan feroz que me quemó la piel a través de la tela mojada. Sus ojos recorrieron mi cabello empapado, el líquido espeso que goteaba por mi abrigo y el llanto descontrolado que me sacudía los hombros. Sentí que su cuerpo entero se tensaba, transformando la sorpresa inicial en una rigidez peligrosa.

—Yo... yo... lo siento, señor —logré articular entre sollozos, intentando zafarme de su agarre de hierro—. Tengo que irme. Suélteme, por favor.

—No voy a soltarla en este estado —sentenció él, y su tono de voz bajó un octavo, volviéndose peligrosamente oscuro, una orden que no admitía réplicas—. Dígame quién le hizo esto. Ahora mismo.

Miré hacia el pasillo de donde venía, aterrorizada de que Vanessa apareciera en cualquier momento y nos viera juntos. La urgencia de escapar se volvió una locura en mi cabeza. En este momento, en medio del campus universitario y fuera de las oficinas de la corporación, él no era mi jefe. No tenía por qué darle explicaciones de mi miserable vida estudiantil ni de los ataques de su consentida hija.

—¡No le debo ninguna explicación, señor Donovan! —le espeté con una fuerza que ni yo misma sabía que tenía, clavando mis ojos verdes en su rostro—. Esto no tiene nada que ver con la empresa. ¡Déjeme ir!

Aprovechando su milimétrica distracción ante mi inesperado arrebato de rebeldía, tiré de mis brazos con todas mis fuerzas, logrando liberarme de sus manos. Di un paso atrás, me limpié la cara bruscamente con la manga húmeda del abrigo y salí corriendo a toda velocidad bajo la llovizna, perdiéndome entre los autos del estacionamiento, dejando atrás al imponente millonario del traje azul marino, inmóvil y con la mirada clavada en mi huida.

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Agripina Botines
y no hay continuidad de la lecto novela??
Zuleima Chavez
muy buena pero no deberían publicar si está incompleta
Celeste Godoy: Hola, gracias por darle una oportunidada la novela/Drool/ pero, a los escritores nos conviene subir por partes ya que ganamos por la retención de lectores y en lo que va de la publicación de la novela hasta ahora estoy actualizando a un ritmo constante y diario. /Shy//Shy//Shy/
total 1 replies
Agripina Botines
buena trama...pero nos deja esperando más capítulos....
Celeste Godoy: Hoy en la noche se viene /Chuckle/
total 1 replies
Zuleima Chavez
excelente
Celeste Godoy: MUCHAS GRACIAS REINA♥️♥️♥️♥️✨️
total 1 replies
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