Mateo Rinaldi es el titán tecnológico: frío, metódico y controlador, con un secreto que desentona con su fachada de piedra: unos celos posesivos e invisibles que lo consumen cada vez que alguien osa mirar de más a su esposa.
Valeria Cienfuegos es la reina de la moda y los bienes raíces: brillante, desinhibida y dueña de un humor ácido capaz de dinamitar la seriedad de Mateo en segundos.
Con dos décadas de matrimonio, tres hijos caóticos y las dos empresas más poderosas del país sobre sus hombros, su vida es una guerra constante entre las altas finanzas y la convivencia indomable. Cuando las presiones del mercado amenacen con destruirlos, descubrirán que tras veinte años de rivalidad y pasión, los polos opuestos no solo se atraen: se vuelven indispensables.
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EL INFORME FINANCIERO DEL CAOS COTIDIANO
Eran las ocho y media de la mañana cuando la puerta de la cocina se abrió con un estrépito familiar. Alejandro, Sofía y Lucas irrumpieron en el espacio minimalista discutiendo animadamente sobre los detalles logísticos del próximo fin de semana, seguidos de cerca por Renata, Damián y Camila, quienes ya se movían con la soltura de veteranos en medio del campo minado que era la dinámica de los Rinaldi-Cienfuegos.
—Te digo que si papá vuelve a revisar mis planos de ingeniería con lupa de banquero, voy a registrar mi propia patente en una isla caribeña solo para no pagarle impuestos emocionales —protestó Alejandro sirviéndose un café doble.
—No te preocupes, hermano; papá está demasiado ocupado intentando averiguar cómo hackear el correo del médico de Sofía para asegurarse de que no le prescriba sonrisas a ningún pretendiente —añadió Lucas con una sonrisa socarrona, ganándose un codazo amistoso por parte de Camila.
En ese momento, Mateo y Valeria entraron a la cocina. Mateo vestía una impecable camisa negra con las mangas dobladas hasta los codos, manteniendo esa postura imponente de patriarca que imponía respeto con solo cruzar el umbral. Valeria, por su parte, lucía un traje sastre en color blanco impecable que resaltaba su energía arrolladora, masticando una tostada con total tranquilidad.
Mateo barrió con la mirada a los tres herederos y a sus respectivas parejas antes de posar sus oscuros ojos en su esposa.
—Veo que el comité directivo junior ya abrió la sesión sin aprobación previa de la presidencia —observó Mateo con su voz grave, cruzándose de brazos frente a la isla de la cocina.
Valeria soltó una carcajada cristalina, pasándole una taza de espresso negro a su esposo sin mirar, con la precisión de quien conoce cada movimiento milimétrico del hombre tras décadas de convivencia.
—Ay, por favor, Mateo. Deja la manía de auditar hasta el saludo matutino. Los chicos solo están planeando su fin de semana, no organizando un golpe de estado contra tu imperio tecnológico —bromeó Valeria, dándole un sorbo a su propio café.
—No lo descartes, mamá —intervino Sofía con una sonrisa idéntica a la de su madre—. Con el nivel de celos crónicos que maneja papá, cualquier reunión familiar que supere las cuatro personas sin un contrato de confidencialidad firmado es un riesgo geopolítico.
Renata, la abogada, sonrió discretamente detrás de su taza, mientras Damián y Camila intentaban contener la risa ante las réplicas filosas de los jóvenes.
Mateo exhaló un suspiro profundo, negando con la cabeza mientras aceptaba la taza de café que Valeria le había entregado. Clavó sus ojos en ella con una mezcla de resignación infinita y una devoción tan absoluta que rozaba la locura.
—Treinta y tres años de lidiar con esta empresa familiar, Valeria... y a veces me pregunto si no habría sido más fácil fundar una corporación en Marte —murmuró Mateo con fingida severidad, aunque una comisura de sus labios se curvó inevitablemente hacia arriba.
Valeria se acercó a él con pasos felinos, le quitó la taza de las manos y la dejó sobre la encimera, antes de rodearle el cuello con los brazos frente a la mirada divertida de sus hijos y nueras.
—En Marte te aburrirías en dos días, mi querido CEO —susurró Valeria contra sus labios, con una chispa traviesa brillando en sus ojos—. Porque no tendrías a nadie que te obligue a sonreír, ni a ninguna mujer dispuesta a poner de cabeza tu bolsa de valores cada vez que le da la gana.
Mateo la atrajo de la cintura con una fuerza posesiva y urgente, sellando sus palabras con un beso profundo e ignorando por completo los abucheos y aplausos exagerados que sus tres hijos comenzaron a hacer desde la mesa.
—Eso es una verdad absoluta, Valeria —murmuró Mateo contra su boca, perdiéndose en el caos perfecto de su risa—. Eres la única quiebra que volvería a firmar con los ojos cerrados por el resto de mi vida.
pensé que iba hacer una novela aburrida, Pero me callo la boca Escritora🫥...
Buena redacción.
Buenas ortografía.
Buen balance.
50 y 50 de cada uno.
mismo poder, mismo liderazgo y mismo Lealtismo..
10/10.
es como el vino, estre más viejo, más bueno sabe.