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La esposa sustituta del comandante

La esposa sustituta del comandante

Status: Terminada
Genre:Amor tras matrimonio / Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amante arrepentido
Popularitas:12.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Ayu Lestari

Alma Montenegro aceptó casarse con el comandante Damián Arce por una razón simple: proteger a su familia. Lo que debía ser un acuerdo frío se convierte en una vida compartida entre hospitales, misiones de frontera, secretos de sangre y un niño que no debería estar en medio de ninguna guerra.

Cuando una red criminal vuelve a reclamar lo que cree suyo, Alma y Damián tendrán que decidir si su matrimonio es solo una obligación... o la única casa capaz de resistirlo todo.

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Capítulo 1

La que se casará con él

Alma Montenegro se detuvo frente a la enorme casa de los Arce, con una carpeta marrón apretada entre las manos.

La lluvia acababa de cesar. El empedrado del patio seguía húmedo y el olor de la tierra mojada ascendía con el frío de aquella tarde en la Capital.

Desde el interior llegaba la voz dura de un hombre.

—Ya se lo dije, abuelo. No voy a casarme con Laura.

Era una voz grave, cortante.

Alma se quedó a un paso de la puerta de la sala. Apretó tanto la carpeta que dobló las puntas de los papeles.

Había visto el rostro de ese hombre en las noticias militares. El mayor Damián Arce: un comandante joven al que enviaban con frecuencia a la frontera. Firme, frío, casi incapaz de sonreír ante las cámaras.

Pero oírlo en persona le encogió el pecho.

—¡Damián! —la voz de don Esteban Arce tembló de rabia—. La familia Montenegro salvó a la nuestra cuando estábamos en la ruina. Esta promesa no es un juego.

—Fue su promesa, no la mía.

—Si vas a seguir negándote, deja tu puesto en la unidad. Vuelve y ayuda a tu padre con la empresa familiar. No permitiré que mi nieto humille una promesa hecha ante gente que ya murió.

La sala quedó en silencio.

Alma bajó la mirada. El rostro pálido de Laura acudió a su mente.

—Alma, no puedo. Amo a Felipe. Si me obligan a casarme con el mayor Damián, me voy a escapar. Hablo en serio.

Su hermana había llorado hasta quedarse sin aliento. Su padre estaba sentado en el sofá de la habitación del hospital, con una vía en el brazo. Su madre no dejaba de rezar. Las deudas de la empresa, la cirugía cardíaca de su padre y el buen nombre de la familia se habían convertido en una cuerda alrededor de sus cuellos.

Laura no pudo soportarlo.

Su padre no podía enterarse de que Laura había huido.

Y los Arce no podían retirar la ayuda que podía salvarlo.

Alma tomó aire y llamó a la puerta.

Todos voltearon.

Don Esteban estaba en una silla de ruedas, con el rostro severo y el pelo blanco cuidadosamente peinado. A su lado se encontraban Bruno y Natalia Arce, los padres de Damián. Ambos parecían tensos.

Entonces los ojos de Alma se cruzaron con los de Damián.

Fríos. Afilados.

Como si ya supiera que ella había ido a mentir.

—Buenas tardes —saludó Alma en voz baja.

Natalia se puso de pie.

—¿Alma? ¿Dónde está Laura?

Alma tragó saliva.

—Laura está enferma. No pudo venir.

Damián entrecerró los ojos.

—Qué conveniente.

Alma fingió no oírlo. Entró y se detuvo frente a don Esteban.

—Don Esteban, vine a decirle algo.

El anciano la miró largamente.

—Habla.

Las rodillas le temblaban, pero Alma se obligó a mantenerse firme.

—Si la familia Arce todavía desea honrar su promesa con los Montenegro, permita que yo sustituya a Laura.

Natalia se cubrió la boca.

Bruno frunció el ceño.

—Alma, ¿entiendes lo que estás diciendo?

—Sí, tío Bruno.

Damián soltó una risa seca. No había humor en ella.

—¿Así que este es el nuevo plan de tu familia?

Alma se volvió hacia él.

—No.

—Laura se niega y aparece la hermana menor. Admirable.

Se acercó. Aún llevaba el uniforme de servicio; su altura obligó a Alma a levantar apenas el mentón.

—¿Qué crees que es esto? ¿Un asiento vacío que cualquiera puede ocupar?

—No pienso eso.

—Entonces, ¿por qué viniste?

Porque mi padre podría morir si la operación se retrasa.

Porque Laura no volverá esta noche.

Porque mi madre ya está agotada de llorar.

Alma no dijo nada de eso. Alzó el rostro.

—Porque estoy dispuesta a casarme con usted.

Los ojos de Damián se oscurecieron.

—¿Dispuesta? —repitió, como si la palabra le ensuciara la boca—. Ni siquiera me conoces.

—Sé que es un buen soldado.

—No me adules.

Alma guardó silencio. Aquella frase le dolió más de lo que esperaba.

Don Esteban golpeó el apoyabrazos de su silla.

—¡Damián, cuida tu boca!

—No hace falta, abuelo. Ella vino sola. Seguro que ya tiene preparada cada respuesta.

Alma apretó la carpeta. Dentro estaban sus documentos de identidad, la constancia de soltería y todos los papeles que había reunido con su madre desde esa mañana. Todo había ocurrido demasiado deprisa, demasiado absurdamente. Pero cuando dos familias poderosas y el dinero de los Arce se ponían en marcha, los trámites podían resolverse.

Sabía cómo se veía aquello.

Tal vez, a los ojos de Damián, ella era exactamente lo que parecía.

—No le pido que me quiera —dijo—. Solo le pido que cumpla el acuerdo si ese matrimonio llega a celebrarse.

El silencio regresó a la sala.

Damián la miró como si acabara de desafiarlo.

Don Esteban soltó un largo suspiro.

—Prefiero a una joven que habla con valentía que a alguien que huye de sus responsabilidades.

Alma bajó la cabeza.

Perdóname, Laura.

Sabía que aquellas palabras herían a su hermana, aunque no estuviera allí.

Damián se volvió hacia su abuelo.

—Está bien.

Alma levantó la cabeza.

Él habló de nuevo, todavía más frío.

—Me casaré con ella.

Natalia pareció aliviada, pero el rostro de Bruno se endureció aún más.

—Con una condición —continuó Damián.

Don Esteban apretó la mandíbula.

—Dila.

Damián fijó los ojos en Alma.

—Primero: después de la boda, nadie se meterá con mis asignaciones. Volveré a la frontera.

—Eso puede discutirse —intervino Bruno.

—No. Es una condición.

Don Esteban asintió despacio.

—Segundo —prosiguió Damián—: este matrimonio será solo un estatus. No me exijas nada. Ni amor, ni atención, ni los derechos de esposa que imaginas.

Algo le atravesó el pecho a Alma.

Pero él no había terminado.

—Tercero: tres años. Si dentro de tres años este matrimonio no trae más que problemas, nos separamos.

Natalia dio un respingo.

—¡Damián!

—No voy a firmar un acuerdo absurdo delante del Registro Civil —dijo con llaneza—. Conozco la ley. Pero ella necesita oír esto desde el principio.

Sus ojos regresaron a Alma.

—¿Todavía quieres hacerlo?

Alma sintió que todos esperaban hasta su respiración.

Podía echarse atrás. Podía volver a casa, despertar a Laura, obligar a su hermana a asumir la responsabilidad.

Pero la imagen de su padre en la habitación del hospital mató esa posibilidad antes de que naciera.

Asintió.

—Sí.

Damián la observó un largo instante. Luego una comisura de sus labios se elevó. No fue una sonrisa, sino desprecio.

—Entonces, felicidades. Conseguiste el lugar que querías.

Alma no respondió. Bajó la cabeza para ocultar las manos que empezaban a temblarle.

Esa noche, mientras las familias hablaban de testigos, documentos y de apresurar la boda con un permiso especial, Alma permaneció sentada en silencio en un rincón.

Nadie le preguntó si tenía miedo.

Nadie le preguntó si lo hacía por voluntad propia.

Porque las respuestas ya no importaban.

Solo importaba una cosa.

A la mañana siguiente, los Montenegro aún tendrían una esperanza de salvar a su padre.

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Ana Veronica Pineda Gonzalez
Dios mío ya póngale un alto a esa Sabrina me está haciendo arre....
Ana Veronica Pineda Gonzalez
que orror soy de Venezuela y hace mes y medio ocurrió lo mismo y fue muy triste y doloroso ver cómo temblaba la tierra y caían los edificios 😥
Ana Veronica Pineda Gonzalez
que fuerte es ser medico y tener esa responsabilidad y más en esos pueblos de bajo recursos
Brenda Angulo
Cada vez más entrada en la historia 🥰
Ana Veronica Pineda Gonzalez
bellos mis protagonistas
Ana Veronica Pineda Gonzalez
hay mi Damián pensaste mal de mi Alma y ahora te das cuenta de quién es en realidad
Brenda Angulo
Mendigo Ramiro canijo, Ramiro te tenías que llamar 🤭
Ana Veronica Pineda Gonzalez
así es Alma pon Carácter y no te dejes y enséñales quien manda
Ana Veronica Pineda Gonzalez
empecé a leer se ve interesante
Kayra Villavicencio
Dos tornados enfrentados.
Jeniffer Rodriguez Valencia
Me llegan a hablar asi, ese mismo día se queda sin descendencia 🥰
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