Las muñecas fueron creadas para obedecer, no para sentir.
En un mundo donde las mujeres biológicas no existen, los hombres conviven con muñecas creadas para obedecer… incapaces de sentir.
Ethan jamás imaginó que conocer a Cereza y Cidra cambiaría su vida para siempre. Mientras el vínculo entre ellos desafía todo lo que la ciencia creía posible, una guerra entre seis naciones se intensifica y un antiguo secreto, oculto durante siglos, convierte a las dos muñecas en el objetivo más codiciado del continente.
Ahora, Ethan deberá proteger un secreto capaz de cambiar el destino de la humanidad… antes de que caiga en las manos equivocadas.
Porque hay corazones que nunca debieron despertar… y otros que harían cualquier cosa por arrebatarlos.
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CAPÍTULO 20 – SEIS DÍAS
Faltaban seis días.
Seis días para que venciera el ultimátum de Fausto. Y por primera vez en la historia de Nova Áurea... El enemigo no estaba únicamente al otro lado de la frontera, sino que también comenzaba a aparecer dentro de la propia ciudad.
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Desde muy temprano, cientos de personas se habían reunido frente al Palacio de Gobierno. Los accesorios permanecían cerrados por soldados que trataban de contener a la multitud.
Había gritos, carteles, discusiones y, sobre todo... Miedo.
—¡Entréguenlas!
—¡No queremos morir!
—¡Son solo dos máquinas!
Las voces retumbaban entre los edificios.
Un hombre de mediana edad levantó un cartel sobre su cabeza.
"NUESTRAS FAMILIAS PRIMERO."
—¡Tengo dos hijos!
—¡No pienso dejar que mueran por culpa de dos muñecas!
Varios lo apoyaron.
—¡Tiene razón!
—¡Que las entreguen!
—¡Fausto solo quiere esas máquinas!
Pero no todos pensaban igual.
Un anciano dio un paso al frente… su voz no era fuerte, pero sí firme.
—Y ustedes realmente creen que Fausto cumplirá su palabra?
El grupo guardó silencio.
El anciano continuó.
— ¿Cuántas veces ha roto tratados? ¿Cuántas ciudades ha conquistado prometiendo paz?
Nadie respondió.
Otro hombre intervino.
—¡Pero si no hacemos nada nos destruirá!
—¡No podemos enfrentarlo!
Desde otro extremo apareció un joven que tenía el brazo vendado. Era uno de los sobrevivientes del incendio.
—Yo estaría muerto...
Se señaló el pecho.
—Si Cereza y Cidra no hubieran entrado al edificio.
Miró a todos.
—Ellas se arriesgaron por personas que ni siquiera conocían. ¿Y ahora ustedes quieren entregarlas?
Un silencio incómodo recorrió la plaza.
Sin embargo... Otro hombre respondió inmediatamente.
—¡Porque ellas son precisamente el problema! ¡Si no existieran, Fausto no vendría!
El joven negó con la cabeza.
-No.
—Fausto ya era un asesino antes de conocerlas.
Las discusiones comenzaron a multiplicarse y cada grupo defendía una postura distinta.
—¡Entréguenlas!
—¡No las entreguen!
—¡Hay que negociar!
—¡Hay que prepararnos para la guerra!
—¡Fausto jamás negociará!
—¡Nova Áurea debe defenderse!
Las voces comenzaban a mezclarse. No existía una respuesta correcta, solo existía el miedo.
Y el miedo siempre encontró nuevas formas de dividir a las personas.
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Dentro del Palacio de Gobierno...
El ambiente era igual de tenso. Un enorme mapa holográfico ocupaba el centro de la sala, sobre él aparecían las fronteras de Nova Áurea y las rutas militares, las ciudades principales, los posibles puntos de invasión.
Alrededor de la mesa se reunían permanentemente los consejeros, Ethan, Cereza, Cidra y varios generales.
Uno de los militares rompió el silencio.
—Nuestros exploradores no han detectado movimientos importantes.
Otro negó lentamente.
—Eso es precisamente lo preocupante.
—Fausto nunca mueve tropas sin que nosotros lo sepamos.
—Si no vemos nada...
—Es porque quiere que no veamos nada.
El salón volvió a quedar en silencio.
Uno de los consejeros miró a Ethan.
—Ya tomamos una decisión… No entregaremos a Cereza ni a Cidra.
Ethan respiró con alivio.
—Gracias.
El consejero pensó apenas.
—No lo hacemos solo por ellas.
Miró al resto.
—Lo hacemos porque nadie aquí cree que Fausto vaya a detenerse.
Todos asintieron.
Otro consejero habló.
—Si hoy entregamos a Cereza... Mañana exigirá otra cosa. Y pasado mañana... Nuestra rendición completa.
Nadie discutió aquella conclusión, era demasiado evidente.
Entonces Cidra dio un paso al frente y su voz fue tranquila.
—Existe otro problema.
Todas las miradas se dirigieron hacia ella.
—Civeta y Lince.
El ambiente se volvió tenso.
Cidra señaló el mapa.
—No son muñecas convencionales… recuerden que ellas piensan, aprenden, improvisan y sienten como nosotras…
Cereza continuó la idea.
—¡Además son muy fuertes!
Recordó el último combate.
—Mucho más fuertes que las otras muñecas guerreras.
Uno de los generales preguntó:
—¿Qué propones?
Cidra respondió sin dudar.
—Nosotras debemos enfrentarlas.
Ethan giró inmediatamente.
-No.
La respuesta fue instantánea.
Cereza lo miró.
—¿Eh?
—No pienso permitirlo.
El biomédico dio un paso frente a ambas.
—Las dos estuvieron a punto de ser destruidas la última vez. No volveré a pasar por eso.
Cereza alarmante, como si aquella preocupación le hiciera feliz.
—Mi amo Ethan... Esta vez será diferente.
Cidra también habló.
—Hemos aprendido de ellas. Conocemos su forma de combatir y también conocemos nuestras propias limitaciones.
Ethan negó con la cabeza.
—No. No quiero perderlas.
Durante unos segundos nadie habló.
Entonces Cereza tomó una de las manos de Ethan.
— ¿Recuerdas lo que te prometemos?
Él la miró.
—Prometimos protegerte.
Sonrió con esa calidez tan propia de ella.
—Y proteger todo aquello que tú quieres.
Cidra terminó la frase.
—Si Nova Áurea desaparece... Usted sufrirá. Eso basta para que valga la pena luchar.
Ethan bajó la mirada, no encontré palabras.
Un general carraspeó.
—Existe otra posibilidad.
Todos volvieron hacia él.
— Podríamos atacar primero.
El mapa cambió y aparecieron varias rutas hacia Garlant.
—Un ataque preventivo. Tomarlos por sorpresa.
Cereza abrió mucho los ojos.
—¡Eso! ¡Eso estaba pensando!
Cidra.
—Si destruimos parte de su ejército antes del plazo... Reduciremos sus posibilidades de invadir.
Ethan frunció el ceño.
—¿Y ustedes participarían?
Las dos respondieron al mismo tiempo.
-Si.
Él golpea suavemente la mesa.
-¡No!
La sala volvió a quedar en silencio.
—¡No pienso dejarlas ir solas!
Cereza sonreír.
—Entonces vienes con nosotras.
-No.
Respondió Cidra antes que Ethan y todos la miraron.
—Mi señor Ethan no puede participar.
Ethan frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque usted es la razón por la que vivimos.
Su voz seguía estando completamente tranquila.
—Si usted muere... Nuestra razón de ser deja de existir.
Cereza ascendió inmediatamente.
—¡Exacto! ¡No podemos dejar que le pase nada a mi amo Ethan!
Ethan suspiró.
— ¿Y creen que yo sí puedo dejarlas arriesgar sus vidas?
Las dos permanecieron en silencio porque era una pregunta difícil.
Uno de los consejeros intervino antes de que la discusión continuara.
—No podemos decidir con el corazón.
Todos lo observaron.
—Si atacamos primero... Fausto conseguirá exactamente lo que desea.
Otro consejero continuó.
—Podrá decir que Nova Áurea inició la guerra y obtendrá una justificación frente a las demás naciones.
El general añadió:
—Y quizás eso convenza a Helios, Ferrum o Verdania de permanecer neutrales.
Otro indicó el mapa.
—Incluso podría provocar que algunos se unan a él.
La sala quedó completamente en silencio porque era cierto. Fausto seguramente esperaba una reacción impulsiva.
Un consejero respiró profundamente.
-No. No podemos caer en su provocación.
Otro añadió.
—Nos defenderemos. Pero no seremos quienes comiencen esta guerra.
Cereza cayó un poco la cabeza.
—Entonces... ¿Solo esperaremos?
Nadie respondió de inmediato, porque esa era precisamente la parte más difícil. Esperar. Esperar sabiendo que el enemigo avanzaba, mientras sabían que el tiempo se agotaba.
Esperar...
Contando los días.
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En ese mismo instante...
Las enormes puertas del salón se abrieron de golpe.
—¡¡¡YA LLEGUÉ!!!
Todos dieron un pequeño sobresalto.
Los soldados casi desenfundaron sus armas.
Mauricio apareció caminando con absoluta confianza como si estuviera entrando en su propia casa y llevaba una enorme carpeta bajo el brazo.
Sonreía de oreja a oreja.
—¡Buenos días a todos!
Uno de los consejeros llevó una mano a su frente.
—¿Cómo entró?
Otro respondió resignado.
—La familia Echeverría... Nadie les niega el acceso.
Ethan cerró los ojos.
—Mauricio... ¿Qué haces aquí?
Mauricio sonrió con orgullo.
—¡Salvar el país, obviamente!
Se acercó hasta la mesa holográfica y la observó unos segundos. Después dejó caer la enorme carpeta sobre ella.
¡PUM!
Todos lo miraron.
Mauricio cruzó los brazos y sonoro como un niño que acababa de descubrir un gran secreto.
—Después de pensar toda la noche... ¡Se me ocurrió una idea absolutamente brillante para acabar con la amenaza de Fausto!
El silencio volvió a apoderarse de la sala.
Incluso Cereza abrió muchos los ojos.
—¿De verdad?
Mauricio infló el pecho con orgullo.
—¡Por supuesto! Y cuando la escuchen... Les aseguro que nadie volverá a dormir tranquilo.
Ethan suspir, pues conoca perfectamente esa expresin y, por alguna razn... Presenta que lo que Mauricio estaba a punto de decir...
Podía ser una locura o podía cambiar el destino de todo Tadmor.
muy buen capitulo
excelente
cada vez mejor 👏👏
muy buen capitulo 👏👏
Cereza y Cifra rescatando a la gente fue perfecto
Ya quiero saber que más va a pasar en esta novela tan interesante! ❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤
Todos los países están en alerta máxima por el ataque de Fausto!!! 😞😞😞😞😞😱😱😱😱😱😱😱😱😱😱
Cereza y Cidra descubriendo el concepto de la muerte y relacionándolo con Ethan me conmovió mucho ❤❤❤❤❤❤