NovelToon NovelToon
El Secreto De Mi Tutor

El Secreto De Mi Tutor

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Romance / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Todos creen conocer a Damian Varela… pero nadie conoce su verdadero secreto.
Elena solo necesitaba un tutor que la ayudara a superar una etapa complicada de sus estudios. Lo último que esperaba era descubrir que el hombre encargado de ayudarla llevaba una vida completamente diferente a la que aparentaba.
Una fotografía, una puerta entreabierta y un nombre que jamás debería haber escuchado harán que Elena empiece a investigar.
Mientras más descubre, más preguntas aparecen.
¿Quién es realmente Damian Varela?
Y, sobre todo… ¿qué hará cuando descubra que Elena conoce su secreto?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: La Lluvia y El Refugio

El día había amanecido gris, pero nadie previó la tormenta que estalló justo al terminar su sesión de la tarde. Elena salió del despacho con paso tranquilo, satisfecha por el avance de sus dibujos… hasta que cruzó la puerta principal y se detuvo en seco. El cielo se había desplomado: una cortina de agua caía con furia, ahogando calles y ahogando luces. No tenía paraguas. Y el autobús tardaría en llegar bajo ese diluvio.

—Parece que el tiempo no quiere dejarte ir.

La voz de Damian la sorprendió pegada a su espalda. Se giró sobresaltada: estaba en el umbral, con el abrigo en la mano, observándola con esa media sonrisa que ya le conocía, mitad diversión mitad tormento.

—Parece que sí —admitió ella, mirando la calle desierta y empapada—. Tendré que esperar a que amaine.

Damian salió al porche bajo el techo protector, acortando la distancia entre ambos sin prisa. El viento le traía el aroma de la lluvia mezclado con su perfume. —Esperarás aquí toda la noche si aguardas a eso. Ven. Mi casa está cerca. No es plan dejarte empapar hasta los huesos.

Elena abrió mucho los ojos. —¿Su… su casa? ¿Usted vive aquí cerca?

—A pocos minutos —dijo él, ya caminando hacia la acera y abriendo un paraguas amplio—. No vamos a llegar secos, pero al menos no nos convertiremos en charcos. Ven. Date prisa.

Dudó un instante. Cruzar ese umbral era una cosa; entrar en su refugio privado era otra muy distinta. Allí no habría despacho, ni puerta entreabierta, ni excusas. Allí estarían solos. Completamente solos. Pero la lluvia rugía, él la esperaba con el paraguas tendido… y sus pies se movieron solos hacia él.

—Está bien —susurró al situarse bajo la tela oscura.

Damian le acercó el paraguas lo suficiente para cubrirla casi por entero, quedándose él mismo medio expuesto. Caminaron juntos bajo el aguacero, hombro contra hombro, los zapatos chapoteando en los charcos. Elena sentía el calor de su brazo rozando el suyo con cada paso, una línea de fuego entre ambos cuerpos a pesar del frío y la humedad. El silencio solo se rompía por el chaparrón y por la respiración entrecortada que compartían bajo el paraguas. Nadie los veía. Nadie sabía. En ese instante, solo existían ellos dos y el mundo reducido a ese pequeño círculo seco.

Llegaron a su edificio en cuestión de minutos, aunque pareció una eternidad. Subieron en silencio. Al entrar, Damian cerró la puerta con llave tras ellos y el sonido resonó como el cierre de una jaula… o de un paraíso.

La vivienda era amplia, moderna, con grandes ventanales que miraba a la ciudad, ahora convertida en un mar de luces borrosas tras el cristal empapado. Todo respiraba orden, silencio… y él.

—Pasa —le dijo, colgando el paraguas en la entrada y soltando el abrigo mojado—. Te traeré una toalla y ropa seca. No te quedes ahí parada o te helarás.

Regresó pronto con una toalla suave y una camisa limpia suya, de algodón blanco. —El agua te ha empapado la ropa. Puedes cambiarte aquí, no te voy a mirar. Te lo prometo. Aunque me cueste —añadió en un susurro casi inaudible antes de girarse y darle la espalda.

Elena se cambió temblando, no solo de frío. Al ponerse su camisa, el aroma de Damian la envolvió por completo: colonia, madera, él. Le llegaba hasta media pierna, las mangas largas dobladas hacia atrás. Se sentía pequeña, protegida… y extrañamente suya.

—Ya estoy lista —dijo en voz baja.

Él se giró despacio y se quedó inmóvil. Su mirada la recorrió de arriba abajo, lenta, voraz, bebiendo cada detalle: las piernas descubiertas bajo la tela, el cuello al descubierto, el cabello húmedo suelto sobre los hombros. Tragó saliva visiblemente y sus pupilas se dilataron hasta casi borrar el gris.

—Dios mío —susurró, acercándose un paso sin ser consciente de ello—. Te queda perfecta. Demasiado perfecta. Parece que siempre te ha pertenecido.

Se acercó más, llevando una mano hasta su rostro para apartar un mechón mojado de su frente. Sus dedos rozaron su sien y ella cerró los ojos instintivamente, anclada a su tacto como a una tabla de salvación.

—Estás temblando —murmuró, deslizando la mano por su mandíbula hasta alzarle el rostro—. ¿Es por el frío… o por mí?

—Usted —confesó ella, sin mentiras ya, sin fuerzas para ocultarlo más—. Siempre por usted.

Damian soltó un gemido ahogado, bajó la mano hasta su nuca y la atrajo hacia sí sin dudar un segundo. Sus cuerpos chocaron con un golpe soft y sonoro, pecho contra pecho, piernas entrelazadas, todo el frío desapareció reemplazado por un calor abrasador que nacía entre ambos y lo llenaba todo.

—Me pones al límite cada maldito día, Elena —le susurró contra los labios, a un respiro de distancia—. Cada mirada tuya, cada vez que respiras cerca de mí… me cuesta cada fibra de control que me queda. ¿Sabes lo peligrosa que eres para mí? ¿Lo sabes?

—Entonces bésame —retó ella, sin apartarse, con el corazón desbocado—. O aléjate ya de una vez. Pero déjame en paz o dame todo. No me tortures más a medias.

Damian gimió bajito y cerró los ojos un instante como si soportara un suplicio. —Si empiezo… no sabré detenerme. No habrá vuelta atrás. ¿Eso quieres realmente? ¿Sabes lo que despiertas en mí?

—Sí —susurró ella, aferrándose a su camisa con ambas manos—. Lo quiero todo. O nada. Pero ya no quiero mitad.

Él la miró una última vez, buscando la mentira que no existía. Y cuando sus labios estuvieron a punto de tocarse… se apartó de golpe.

—Vete —dijo con voz ronca, dándole la espalda y apoyando las manos contra la pared, temblando de arriba abajo—. Vete ahora. Antes de que se me escape la razón y no puedas salir de aquí. Elena… por favor.

Elena se quedó helada, con el sabor de su aliento aún en los labios, el vacío donde su cuerpo la abrazaba hacía un instante. Dolía. Dolía ser rechazada así… pero dolía más ver cómo luchaba consigo mismo por ella.

—¿La dejará ir realmente? —susurró, preguntándole a su espalda, al temblor de sus hombros, a la lluvia que seguía golpeando los cristales.

Damian no respondió. No se giró. Pero tampoco la oyó marcharse. Y en ese silencio compartido, Elena supo la verdad: la puerta estaba abierta para irse… pero su corazón le pedía a gritos que se quedara

1
Yolanda Vaca
Este es una mentira total🤬🤬
Cliente anónimo
El hombre tiene mucha fuerza de voluntad
Cliente anónimo
Cuál será ese juego
Eliana Angulo
Elena porque lo esperaste con los brazos abiertos, lo hubieras dejado sufrir su rato por desaparecer
Eliana Angulo
yo no me aguantaría eso🤣🤣🤣 solo Elena
Eliana Angulo
se la van a pasar escondido🤔 porque no enfrentan todo lo que se vaya venir juntos
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play