Lucia despierta después de una noche de borrachera, dándose cuenta que estaba en la casa de su jefe, Mateo Alcázar, y que había pasado una noche de pasión.
Mateo, a consecuencia de esto, promete hacerse responsable, pero Lucía lo rechaza. Aunque eso no significa que sea el final, ya qué, con la presencia de su ex novio, quien intenta agredirla, Lucía finalmente acepta el matrimonio con Mateo, iniciando así, una relación en donde no existe amor, pero hay una evidente atracción entre ambos.
¿Podrá prosperas el amor, en este matrimonio que empezó como una necesidad de protección?
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Capítulo 3
Tres golpes.
—Adelante.
Lucía entró al despacho de Mateo con el estómago apretado.
El despacho era sobrio, enorme y callado de una forma incómoda. Mateo estaba frente a la notebook, sin saco, con la camisa negra abierta en los dos primeros botones y la corbata tirada a un costado. En el cuello todavía se le veían las marcas de la noche anterior.
Lucía apartó la vista.
Simón cerró la puerta desde afuera.
El clic sonó como sentencia.
—Señor Alcázar.
—Sentate.
Ella se sentó en el sofá, a dos metros de él.
Mateo la miró.
—Acá.
Marcó el lugar a su lado.
Lucía se tomó dos segundos para respirar y obedeció. No estaba asustada de que le hiciera algo. Estaba asustada de acordarse de demasiado.
—¿Te duele? —preguntó.
—No.
Mentira, pero no pensaba hacer un parte médico.
—¿Tenés algo para decir?
—Que tomé de más, que me subí al auto equivocado y que lamento haberle causado problemas.
—No fuiste la única.
—¿Perdón?
Mateo se apoyó contra el respaldo.
—Vos estabas borracha. Me besaste. Después fui yo.
—No hace falta que lo describas.
—Hace falta que quede claro.
Lucía sintió que le ardían las orejas.
—Somos adultos. Pasó. Yo no voy a armar un drama.
Mateo la miró fijo.
—¿Me estás tratando como un taxi de una noche?
—No dije eso.
—Lo pensaste.
—Pensé muchas cosas. No todas conviene decirlas frente al presidente de la empresa.
El silencio se estiró.
Mateo no parecía enojado. Eso era lo raro. Parecía evaluarla.
—Probemos algo —dijo.
—¿Algo?
—Ser mi esposa.
Lucía parpadeó.
—¿Qué?
—Anoche no hubo protección. Si hay embarazo, nace. Si no lo hay, igual me hago cargo de lo que hice.
Lo dijo sin levantar la voz. Como si estuviera cerrando una reunión.
Lucía, en cambio, sintió que le tiraban un balde de agua fría.
Mateo Alcázar venía de una familia tradicional, poderosa, de apellido pesado. A los veintiocho seguía soltero, sin escándalos, sin mujeres entrando y saliendo de su vida. Era lógico que una noche así le rompiera la cabeza moral.
Pero ella no podía aceptar.
No por Bruno.
No solo por Bruno.
Lucía era hija de Clara Salcedo y de un empresario que nunca la reconoció. Había crecido con comentarios, sonrisas torcidas, madres de compañeras hablando bajito. Como si ser hija fuera culpa de la hija. No pensaba llevar esa historia a la casa de un hombre como Mateo.
Además, Bruno todavía dolía. No porque lo quisiera igual, sino porque la traición deja mugre aunque una ya haya decidido limpiar.
—Tomé la pastilla esta mañana —dijo—. No tenés que casarte conmigo por culpa.
Mateo no se movió.
—No es culpa.
—Entonces es peor.
Lucía se levantó.
—Señor Alcázar, no quiero ser señora de nadie para tapar una noche. Yo no voy a perseguirte, no voy a hablar y no voy a hacerte un escándalo. Dejémoslo ahí.
Mateo se puso de pie.
Por un segundo, ella creyó que iba a insistir.
—Agregame a WhatsApp.
—¿Para eso me frenaste?
Él le mostró el código.
—El mes que viene vamos a mandar gente a la Semana de la Moda de Seúl. Vos y Nicolás están en la lista. Si no te interesa, no pasa nada.
Lucía lo miró.
Comerciante.
Manipulador.
Eficiente.
Seúl no era una oportunidad cualquiera. Para una diseñadora joven, significaba contactos, pasarelas, proveedores, aire.
Sacó el celu y lo agregó.
—Lo de ser tu esposa sigue siendo no.
—No te apuré.
—Acabás de proponerme matrimonio entre una reunión y un viaje.
—Y te estoy dando tiempo.
Lucía salió antes de contestar algo que la dejara peor.
En su escritorio, Martina casi se le tiró encima.
—¿Y? ¿Cómo es presidencia?
—Caro.
—¿Te retaron?
—Me ofrecieron viajar a Seúl.
—¡¿Qué?!
La noticia bajó oficialmente unos minutos después. Nicolás y Lucía irían al evento internacional. El área estalló en murmullos: algunos felices, otros indignados. Lucía sabía que, con un año en la empresa, más de uno iba a querer verla caer.
Le importó poco.
Bruno escribió al rato:
Bruno: ¿Tenés ganas de cine esta noche?
Lucía sonrió.
Bruno, pobre idiota, seguía actuando de novio fiel mientras Valentina jugaba a ser amiga.
Lucía respondió:
Lucía: Dale.
Hizo captura de pantalla, subió una historia de Instagram visible solo para Valentina y escribió:
"Cinco años y todavía me invita al cine."
Valentina tardó menos de dos minutos.
Valentina: Amiga, qué lindo. ¿Qué película van a ver? Capaz yo voy con unas amigas.
Lucía apagó la pantalla.
No necesitaba gritar para empezar una guerra.
metiche la envidia ella siempre odiaba a Lucia por qué se casó con Mateo 😂😂😂💕