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EL HEREDERO DE PAPEL. UN MATRIMONIO FORZADO

EL HEREDERO DE PAPEL. UN MATRIMONIO FORZADO

Status: Terminada
Genre:Completas
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Claudia (26 años) es la implacable CEO de Índigo Gastronómica, un imperio culinario de más de cien restaurantes. Para ella, el amor es una pésima inversión con retorno negativo; prefiere los negocios limpios y los encuentros carnales sin ataduras. Héctor (30 años) es el arrogante y codiciado líder de una constructora multimillonaria, un mujeriego empedernido convencido de que jamás sentará cabeza.
Ninguno imaginó que una fría traición familiar los encerraría en un crucero de lujo por las Bahamas. Tras una noche de alcohol, juego y choques de ego, despiertan con una resaca monumental y una farsa legal: están casados ante la ley internacional por un plan maquiavélico de sus padres.
Incomunicados en alta mar, firman una tregua para salvar sus acciones. Pero de regreso a la ciudad, la convivencia forzada en el ático, un rival desquiciado buscando venganza y un inesperado embarazo de esa noche salvaje destruirán todas sus reglas. ¿Podrá el orgullo resistir al deseo?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 3. EL ANZUELO EN LA COPA

El Gran Leviatán no era un barco; era una jodida ciudad flotante de dieciséis pisos diseñada exclusivamente para que los ricos gastaran dinero y fingieran que les importaba la brisa marina. Hacía apenas tres horas que habíamos zarpado y ya estaba arrepintiéndome de haber aceptado la invitación de mis padres. Se habían disculpado a última hora diciendo que mi madre se sentía indispuesta por el movimiento del mar y que bajarían a cenar al día siguiente. Una excusa barata, pero estaba demasiado cansada de la junta de Índigo como para ponerme a investigar.

Decidí que la mejor forma de pasar la noche era buscar el lugar más exclusivo del barco, ahogar el estrés en un buen whisky escocés y, con suerte, encontrar una distracción física que me hiciera olvidar las franquicias por unas horas.

El bar de la cubierta VIP, llamado The Obsidian, era perfecto. Luz tenue, música de jazz suave de fondo y una barra de mármol negro que brillaba bajo lámparas de cristal. Me senté en una de las banquetas altas, acomodando mi vestido de seda negro con espalda descubierta. Un diseño sencillo pero letal.

—Un Macallan veinticinco años, solo —le pedí al barman, un hombre joven que me sonrió con una cortesía casi exagerada.

—Enseguida, señorita. De hecho, el caballero de la esquina insiste en invitarla a la primera ronda —dijo el barman, señalando discretamente con la mirada hacia el extremo izquierdo de la barra.

Giré la cabeza lentamente, manteniendo mi habitual expresión de indiferencia. Ahí estaba él.

Tengo que admitir, aunque sea solo para mis adentros, que el tipo era un espectáculo. Tenía el cabello oscuro ligeramente despeinado, una mandíbula afilada que parecía esculpida por un artista y unos ojos grises que me escaneaban con una mezcla de descaro y diversión. Llevaba una camisa blanca con los dos primeros botones abiertos y las mangas remangadas hasta los antebrazos, revelando unos brazos fuertes y un reloj que gritaba opulencia. Tenía el aura típica de un hombre que sabe exactamente el efecto que causa en las mujeres. Un depredador.

El problema para él es que yo no soy una presa.

—Dile al caballero que agradezco el detalle, pero que puedo pagar mis propios vicios —respondí al barman, clavando mi mirada en los ojos grises del desconocido mientras le daba un sorbo a mi copa—. Que guarde su dinero para alguien que se impresione con un trago.

Escuché una risa ronca a mi lado. Ni siquiera lo vi caminar, pero de repente, el aroma de su loción cara, una mezcla de madera y tabaco dulce, inundó mi espacio personal. Se había sentado en la banqueta contigua.

—Es una pena —dijo su voz, que era profunda y peligrosamente atractiva—. El barman me aseguró que este whisky era el mejor del barco, y pensé que una mujer con una mirada tan afilada sabría apreciarlo en buena compañía. Me llamo Héctor.

—Claudia —respondí, girándome a medias para quedar frente a él. Sostuve su mirada sin pestañear. La tensión en el aire se volvió tan densa que casi se podía cortar—. Y sé apreciar el buen whisky, Héctor. Lo que no aprecio son los clichés de discoteca barata en un crucero de cinco estrellas.

—Golpe bajo. Me gusta —sonrió, y por un segundo vi un destello de genuina sorpresa en sus ojos. Parecía acostumbrado a que las mujeres cayeran rendidas a sus pies con solo respirar—. No es un cliché, Claudia. Es solo que es difícil ignorar a una mujer que irradia el deseo de incendiar el barco entero solo con la mirada. ¿Negocios o placer?

—Negocios conmigo misma. Placer... depende de si la conversación mejora —ataqué, dejando que una pequeña y calculadora sonrisa asomara en mis labios.

Héctor soltó otra carcajada y le hizo una seña al barman.

—Trae dos de los cócteles especiales de la casa, por favor. Esos que dices que tienen la receta secreta del capitán. Vamos a celebrar que he encontrado a alguien que no me teme en este barco.

El barman asintió con una rapidez extraña, casi como si hubiera estado esperando esa orden exacta. Sacó una botella de cristal oscuro que no estaba a la vista y sirvió un líquido de un color rojo intenso en dos copas de cristal cortado. Añadió un par de rodajas de fruta y nos las entregó.

—Cortesía de la gerencia del crucero para dos de nuestros huéspedes más distinguidos —dijo el empleado con una reverencia antes de retirarse al otro extremo de la barra, donde discretamente sacó su teléfono y envió un mensaje rápido.

“El anzuelo está puesto. Los dos están juntos en la barra bebiendo el cóctel especial. Avisen a los señores”, decía el texto que llegó al teléfono del padre de Héctor, quien sonreía en su camarote mientras brindaba con el padre de Claudia por el éxito de su plan maestro.

Ajena a la tormenta que se avecinaba, miré la copa roja. El olor era deliciosamente dulce, con un toque de canela y un fondo de alcohol de alta graduación que prometía adormecer mis neuronas estresadas.

—¿Un brindis? —propuso Héctor, alzando su copa y acercándola a la mía. Sus ojos grises brillaban con una intensidad diferente ahora, una fijeza casi hipnótica que atribuí a la iluminación del bar.

—¿Por qué brindamos? —pregunté, rozando mi copa con la suya. El sonido del cristal resonó como una campana de advertencia que decidí ignorar.

—Por las malas decisiones —respondió él con una sonrisa ladina, susurrando las palabras cerca de mi oído—. Son las únicas que hacen que la vida valga la pena.

—Por las malas decisiones —repetí.

Dimos el primer trago largo. El sabor era espectacular, una explosión de calor que bajó por mi garganta y se extendió casi de inmediato por mis venas, haciéndome sentir repentinamente ligera, desinhibida y con una extraña oleada de calor que no tenía nada que ver con el clima marino. Héctor me miró, y supe por el sutil cambio en su postura que estaba sintiendo exactamente lo mismo. El juego había comenzado, y ninguno de los dos tenía idea de que las reglas ya habían sido escritas por nuestros peores enemigos: nuestros propios padres.

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Doris Torre
excelente novela 👍
Faby Mena
Estoy impresionada por la escritura y trama de esta novela. muchas felicitaciones.
Isabella Varela
EXCELENTE NOVELA ,FELICITACIONES A LA AUTORA, BUENA TRAMA ,SIN EXCESO DE VIOLENCIA ,PERSONAJES MUY RECURSIVOS ( PROTAGONISTA)
Violette Hernandez
jajajaja eso les paso por calientes y con el ego inflado
Violette Hernandez
interesante 🤔🧐 aunque ella ya es ceo de sus restaurantes y él aunque es ceo la empresa y negocios son de su padre, una desventaja 😌
Graciela Zugarramurdi
Muy linda novela,espero ansiosa los proximos capitulos ,incluido el final
EM
que bello🥰
Perla Arbos
Excelente historia!!!. Felicitaciones!!!
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