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LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Maltrato Emocional / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:45.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Todos creían que Cynthia tenía una vida perfecta.

Nadie veía los moretones escondidos bajo el maquillaje.

Nadie escuchaba los gritos detrás de las paredes de la mansión.

Durante cinco años soportó golpes, humillaciones y miedo por proteger a su hija. Pero cuando una tragedia destruye lo poco que quedaba de su mundo, comprende que solo tiene dos opciones: quedarse y morir... o escapar.

Lo que Cynthia no sabe es que el hombre al que dejó atrás nunca aceptará perderla.

Y hará cualquier cosa para recuperarla.

Una madre. Una hija. Una huida desesperada. Y una batalla por la libertad que apenas comienza.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9. La prueba

Cynthia llevaba tres panes escondidos debajo de la cama.

No los necesitaba. La nevera estaba llena y Ángel había dejado dicho que mandaría más mercado el fin de semana, pero su cuerpo no entendía de neveras llenas. Su cuerpo recordaba un mes encerrada en el sótano de la mansión, con un plato de pan duro y un vaso de agua al día, contando las horas por la luz que entraba debajo de la puerta.

Así que guardaba. Un pan acá, una lata de atún allá, galletas en el fondo del cajón de su ropa. Por si acaso. Porque uno nunca sabía cuándo la puerta se cerraba por fuera.

Esa mañana le sumó algo más a la colección.

Mientras Valentina veía caricaturas en la sala, Cynthia tomó el cuchillo más grande de la cocina, lo envolvió en un paño y lo metió entre el colchón y la base de la cama, del lado donde dormía. Lo palpó dos veces para memorizar el sitio exacto. En la oscuridad, medio segundo de diferencia podía ser todo.

No vas a volver a despertar con las manos vacías, se dijo. Nunca más.

Ángel llegó al mediodía, como cada dos o tres días, con bolsas en las manos y esa cara de cansancio que traía siempre del hospital.

Cynthia lo vigiló desde la cocina mientras él guardaba el mercado. Lo vio abrir la nevera, detenerse un segundo de más al ver lo lleno que estaba, y después abrir la alacena y encontrar las galletas escondidas detrás de los frascos.

Se le tensó el estómago. Esperó el comentario, la pregunta, esa cosa que hacía Alberto de fingir preocupación para después usarlo en su contra. Mi amor, ¿por qué escondes comida? ¿Estás loca? ¿Ves por qué nadie te creería nada?

Pero Ángel solo volvió a cerrar la alacena.

—Traje fruta —dijo—. La dejo aquí.

Nada más.

Él lo había visto todo, ella lo sabía, lo notó en la manera en que se quedó mirando la alacena un instante antes de cerrarla. Y aun así no dijo una palabra.

Recoger comida y esconder cuchillos.Ángel conocía el patrón de memoria, lo había visto en otras mujeres que pasaron por su clínica, en la manera en que se sentaban siempre de cara a la puerta. Señalárselo solo serviría para que ella se cerrara más. La dejó hacer. Mientras ella sintiera que tenía control sobre algo, dormiría. Y dormir era lo único que él podía darle por ahora.

—¿Tienes hambre? —le preguntó—. Preparo algo.

—No —dijo Cynthia, cortante—. Yo cocino en esta casa.

—Como quieras.

Esa calma. Esa maldita calma. Le revolvía algo por dentro que no sabía nombrar.

En la tarde, Cynthia decidió averiguarlo.

No fue una decisión que pensara mucho. Fue un impulso viejo, el mismo que la había llevado tantas veces a provocar a Alberto a propósito cuando sentía la tormenta venir, porque era mejor reventarla de una vez que esperarla con el alma en un hilo.

Necesitaba saber qué clase de hombre era Ángel. Necesitaba ver el monstruo debajo del santo, porque todos lo tenían, y prefería verlo ahora, en una casa con un carro y unas llaves para huir, que dentro de seis meses cuando ya no tuviera salida.

Empezó por lo pequeño.

—Dejaste las bolsas tiradas en la cocina —dijo, aunque no era cierto—. ¿Aquí también tengo que recoger detrás de ti como si fuera tu sirvienta?

Ángel levantó la vista del teléfono.

—Las bolsas están guardadas.

—Claro, defiéndete. Es lo que hacen todos. —Subió la voz, se acercó—. Te crees mejor que él porque me das llaves y comida, pero eres igual. Todos son iguales. Solo esperas el momento.

—Cynthia.

—¿Qué? ¿Te molesté? —Le tembló la barbilla, pero siguió, porque ya no podía parar—. Pégame, pues. Hazlo de una vez. Demuéstrame que tenía razón en no creerte ni una palabra.

Se plantó frente a él, con el pecho subiendo y bajando, los puños cerrados, todo el cuerpo preparado para el golpe que conocía mejor que cualquier caricia. Cerró los ojos a medias y esperó. La mano en la cara, el tirón del pelo, el empujón contra la pared. Su cuerpo ya sabía cómo caer.

No pasó nada.

Abrió los ojos.

Ángel no se había movido. La miraba sin rabia, sin asco, sin esa chispa que a Alberto se le encendía justo antes de pegar. Solo la miraba, y en sus ojos no había nada de lo que ella buscaba.

—No te voy a pegar —dijo, en voz baja—. Ni hoy, ni mañana, ni nunca. Por más que lo intentes.

Se guardó el teléfono en el bolsillo, se levantó despacio y caminó hacia la puerta.

—Voy a ver a la niña al patio. Cuando quieras hablar de verdad, aquí estoy.

Y salió del cuarto sin un portazo, sin una mala palabra, cerrando la puerta con un cuidado que la dejó temblando más de lo que la habría dejado un puño.

Cynthia se quedó parada en el centro de la habitación, con las manos todavía cerradas y sin saber qué hacer con ellas.

Se le aflojaron las piernas y se sentó en el borde de la cama. Por la ventana oía a Ángel afuera, preguntándole a Valentina cómo se llamaba el muñeco con el que jugaba, riéndose bajito de la respuesta. Esa tranquilidad de quien no tiene que castigar a nadie para sentirse hombre.

Y eso, justo eso, fue lo que le quebró algo adentro.

Porque un hombre que pega era un hombre que ella entendía. Un hombre que pega le daba la razón, le daba permiso para odiarlo y para huir sin culpa. Este no le daba nada de eso. Este la dejaba sola con la peor posibilidad de todas: que existiera otra forma de vivir, y que ella se la hubiera perdido cinco años.

Esa noche, acostada en la oscuridad, oyó pasos en el pasillo.

Su mano voló por instinto hacia el filo del colchón, hacia el cuchillo envuelto en el paño.

Y por primera vez en cinco años, se detuvo a medio camino.

Medio segundo. Solo medio segundo de duda antes de cerrar los dedos sobre el mango.

Pero ese medio segundo la aterró más que cualquier golpe. Porque las mujeres como ella, las que dudan, las que bajan la guardia, eran exactamente las que terminaban muertas.

1
Mercedes Estacio
esta historia no esta lejos de la triste realidad de muchas mujeres, de mi mismo que pude salir a tiempo de ese infierno y salvaguardar a mis hijos ahora ya son todos unos hombres criados con respeto y valores hacia el ser humano Dios le bendiga escritora por esta historia
ysabel cecilia contreras
ayyy no me va dar un infarto
ysabel cecilia contreras
Dios si está historia la leo en noche no duermo todos mis sentidos están en alerta máxima
ysabel cecilia contreras
Angel cómo doctor debería saber que es indispensable un abordaje de apoyo psicológico
ysabel cecilia contreras
Es un error de madre no mostrar a los hijos que estamos rota , dañada, dolida el causante su padre y por eso no nos entienden hasta que es tarde muy tarde
Zaida Sanchez
es triste como una mujer es sometida🤬x un hombre sin escrúpulos
ysabel cecilia contreras
Diablos qué genero es esta novela de terror por qué hasta yo estoy golpeada y aterrorizada tenía que sacarla del país. Ella debió registrar todo su maltrato diablos y hacerlo público
BERNARDINA PASTELIN
no jodas....
BERNARDINA PASTELIN
que fuerte!!!
Lucy alejo
es tu deber pinche desgraciado 😡
Lucy alejo
muy buena la historia 👌
Lucy alejo
maldito desgraciado! no demuestres miedo Cinthia que eso lo alimenta más a él no te dejes humillar más defiendete !
Lucy alejo
doctor luche por ella sacala de ese infierno yo sé que usted puede !
Lucy alejo
alguien que me pase un palo para reventarle en la cabeza a este poco hombre!!, solo un ser sin corazón aprovecha la enfermedad de su hija para su propio beneficio 😡
Lucy alejo
yo creo que ningun padre quisiera escuchar que su hijo o hija tiene esa enfermedad, pero espero que todo salga bien ya basta de tanto sufrimiento 🥺
Lucy alejo
algo tiene la nena y Ángel lo sabe
Lucy alejo
un error guardar el celular pero veremos qué pasa en esta grandiosa historia
Lucy alejo
que tristeza me da , necesita mucha ayuda profesional para superar todo lo que ha vivido no puede seguir así y lo tiene que hacer por la nena más que nada🥺
Lucy alejo
que bueno que escapó de ese infierno ojalá no la encuentre nunca
Lucy alejo
si usted no hubiera tenido un monstruo como hijo nada de eso estaría pasando
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