Victoria Laurent creyó tenerlo todo: un amor de años, una boda soñada y un futuro seguro… hasta que el día de su boda, su prometido la abandonó frente a todos para huir con su propia prima. Humillada y destrozada, descubre que detrás de esa traición hay una conspiración para destruir a su familia y quedarse con su herencia. Desaparece entonces del ojo público, cambia su nombre y apariencia, oculta su verdadera identidad y regresa transformada: fría, calculadora y decidida a arruinar la vida de quienes la destruyero
NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 6: Hilos Ocultos y Primeras Heridas
Durante las siguientes cuarenta y ocho horas, Valeria apenas durmió. Su pequeño apartamento se transformó en un campo de batalla de papeles, pantallas y datos cruzados que parecían no encajar en ningún orden lógico. Las noches se le hacían eternas, iluminada solo por la luz fría del ordenador y la lámpara de su mesa de trabajo. Revisó cada factura, cada contrato, cada movimiento bancario con la minuciosidad de quien busca una aguja en un pajar, porque sabía que cada rastro borrado era una huella de lo que realmente planeaban.
Lo primero que saltó a la vista fue el patrón. No era un desorden aleatorio ni la torpeza de malos administradores: era un sistema perfectamente engrasado para extraer riqueza sin levantar sospechas. Pequeñas cantidades que sumaban fortunas, contratos firmados con empresas que existían solo en papel, propiedades vendidas por la mitad de su valor a familiares directos de Marisa de la Vega. Pero había algo que no cerraba: los montantes más grandes desaparecían por completo, sin rastro de destino ni beneficiario, como si se hubieran evaporado en el aire.
—Alguien más está recibiendo el dinero —susurró para sí misma, frotándose los ojos cansados—. Alguien con poder suficiente para mover sumas millonarias sin dejar huella.
El día de la entrega del informe, llegó antes de la hora señalada. Al entrar al despacho de Damián, lo encontró de pie junto al ventanal, con las manos en los bolsillos, mirando la ciudad con expresión sombría. Giró lentamente la cabeza al oírla entrar y su semblante se suavizó apenas, aunque la preocupación seguía anclada en sus ojos grises.
—Puntual como siempre —dijo, acercándose al escritorio.— ¿Ha encontrado algo? O prefiero decir… ¿a alguien?
Valeria depositó el informe encuadernado frente a él, con las páginas marcadas y los datos resaltados.
—Peor de lo que imaginaba. No solo vacían la empresa: la están desmantelando pieza por pieza para quedarse con todo cuando quede en bancarrota. Pero faltan tres movimientos principales —señaló con el dedo las cuentas que aparecían vacías tras transferencias masivas.— Aquí salieron más de cincuenta millones en los últimos seis meses. Y no llegaron a ninguna cuenta de su familia. Alguien los recibe en la sombra. Alguien que maneja las cuerdas desde más arriba.
Damián recorrió las páginas con mirada ágil, asintiendo conforme avanzaba, y cuanto más leía, más se endurecía su rostro.
—Lo sospechaba. Marisa y Márquez son ambiciosos, sí, pero no tienen la inteligencia ni las conexiones para montar esto solos. Hay un socio silencioso. Un depredador que les prometió protección y a cambio se lleva la mayor parte del botín —levantó la vista hacia ella, serio como nunca.— Y ahora usted sabe su nombre, Valeria. Eso la pone en peligro.
—No me asusta —respondió ella, aunque un escalofrío le recorrió la espalda—. Es lo que quería. Cuanto más alto lleguen, más fuerte será la caída.
—Debería asustarle —replicó él con firmeza, rodeando el escritorio hasta quedar a su lado, muy cerca—. Ayer intentaron acceder a los historiales que usted revisó. Alguien está siguiendo sus pasos. Y esta mañana, su edificio de oficinas sufrió un incendio en la planta baja. «Accidente», dicen los bomberos. Pero yo no creo en las coincidencias.
La sangre se le heló. Había estado allí horas antes.
—¿Me están vigilando?
—Desde que empezó a remover sus cimientos, sí. Son despiadados, Valeria. Si sospechan que usted puede desmantelarles el plan, no dudarán en eliminarla como si nunca hubiera existido —le tomó ambas manos entre las suyas, un gesto protector e intenso que la dejó sin aliento.— Por eso, a partir de ahora no caminará sola. Tendrá escolta. Vendrá a trabajar conmigo, no a su antigua oficina. Su seguridad es mi prioridad.
Valeria sintió el calor de sus manos y la firmeza de su voz, y por un instante olvidó ser fuerte. Quería apoyar la cabeza en su pecho y dejar que él la protegiera de todo el mal que se le venía encima. Pero recordó quién era, quién era ella… y lo que le esperaba.
—No necesito que me encierren, Damián. Necesito llegar a ese socio oculto.
—Y lo hará. Pero viva —recalcó él, apretándole las manos antes de soltarla con reticencia.— Esta noche hay una subasta benéfica en el Gran Hotel. Asisten los grandes inversores, directivos… y también la nueva pareja de moda: Adrián Márquez y Camila Laurent. Van a presentar públicamente su compromiso oficial. Es la primera vez que salen juntos ante la sociedad desde aquel día.
El corazón le dio un vuelco violento. Allí estarán. Cerca de ella. Sin saber quién es.
—¿Me está invitando? —preguntó con voz serena.
—La estoy pidiendo que sea mi acompañante. Nadie la reconoce ahora, Valeria. Es nuestra mejor oportunidad para observarlos de cerca, escuchar lo que dicen, ver con quién hablan. Y estar a mi lado donde pueda protegerla. —Le acercó una tarjeta de presentación y una llave.— El vestido y todo lo necesario está listo. ¿Viene conmigo o se queda esperando a que vengan por usted?
Ella apretó la tarjeta entre sus dedos, sintiendo cómo la rabia y la determinación se mezclaban en sus venas como fuego.
—Iré. Y esta vez no estaré esperando en el altar. Estaré observando desde la sombra, justo detrás de ellos, respirándoles en la nuca.
Damián la miró con orgullo y algo más, algo profundo y peligroso que empezaba a crecer entre ambos.
—Entonces prepárese, Valeria. Porque esta noche comienza la cacería. Y tenga cuidado: cuando uno caza monstruos, corre el riesgo de convertirse en uno de ellos.
Valeria salió del despacho con el paso firme, aunque por dentro todo temblaba. La noche se acercaba, cargada de sombras y recuerdos. Allí estarían ellos, felices, triunfantes, creyendo haber borrado su existencia. No sabían que el pasado no muere: solo espera el momento exacto para regresar y reclamar lo suyo.
En que quedamos