Ella renace en un nuevo mundo, en el cual tendrá que enfrentar dificultades por los problemas de su familia. Pero, no se quedará a sufrir, porque ella es una luchadora, siempre lo fue y siempre lo será..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Sueños 2
Los días continuaron pasando.
Y el cansancio también.
Cada mañana se levantaba con la sensación de que necesitaba otras ocho horas de sueño, pero se obligaba a salir de la cama.
Trabajaba.
Regresaba.
Comía algo rápido.
Revisaba sus cuentas.
Intentaba avanzar con sus videos.
Dormía.
Y al día siguiente volvía a empezar.
Era agotador.
Pero cada vez que alguien le preguntaba cómo estaba, ella sonreía.
—Cansada, pobre, pero cumpliendo uno de mis sueños.. ¡vivir en el extranjero!
Incluso levantaba los brazos con orgullo.
Como si acabara de ganar un premio.
[¿Estoy agotada? Sí.]
[¿Tengo sueño? Muchísimo.]
[¿Estoy viviendo en otro país? ¡También!]
Y para ella, por el momento, aquello era suficiente.
Había momentos en los que regresaba a su alojamiento completamente agotada y se dejaba caer sobre la cama sin siquiera quitarse la ropa.
Pero entonces miraba por la ventana.
Las luces de la ciudad.
Los edificios.
Las calles llenas de personas.
Todo aquello le recordaba que realmente había conseguido salir de su pequeño pueblo.
No estaba viviendo la vida perfecta que había imaginado.
Pero estaba viviendo algo que durante años había considerado imposible.
Y eso le daba fuerzas para continuar.
Sin embargo...
La vida no siempre se preocupaba demasiado por los sueños de las personas.
Unos días después comenzó a sentirse mal.
Al principio no le dio importancia.
Era una molestia en el estómago.
Nada más.
Quizás había comido algo que le había hecho mal.
Quizás estaba comiendo demasiado rápido.
Quizás su cuerpo todavía no se acostumbraba a la comida del nuevo país.
Ella misma encontró rápidamente una explicación.
[Esta comida está demasiado procesada.]
[Eso tiene que ser.]
Y, mientras sentía otra punzada en el abdomen, recordó la comida de su pueblo.
Una sopa de pollo.
Caliente.
Casera.
De esas que llenaban toda la casa con su aroma.
Solo pensar en ella hizo que se le hiciera agua la boca.
[¿Cuánto daría por una sopa de pollo de verdad?]
Se imaginó una olla enorme.
El caldo caliente.
Las verduras.
El pollo.
El olor recorriendo toda la cocina.
Y suspiró con nostalgia.
Desde que había llegado al nuevo país había notado algo que le parecía extraño.
La comida podía verse preciosa.
Los platos eran impecables.
Todo parecía perfectamente presentado.
Pero, para ella, algo faltaba.
El olor.
La comida de su pueblo podía comenzar a olerse desde varios metros antes de entrar a la cocina.
Aquí, en cambio, muchas veces podía tener un plato delante y apenas percibir su aroma.
Y cuando finalmente lo probaba...
[¿Y el sabor?]
Fruncía el ceño.
[¿Dónde está el sabor?]
Había alimentos perfectamente preparados, con una apariencia espectacular, pero que a ella le parecían extrañamente insípidos.
Incluso llegó a preguntarse si su lengua estaba fallando.
[¿Será que me quedé sin papilas gustativas?]
Sacudió la cabeza.
[No. Probablemente solo extraño mi comida.]
Así que decidió que aquello era nostalgia culinaria.
Nada grave.
Solo necesitaba acostumbrarse.
El problema era que el dolor de estómago no desaparecía.
Pasaron los días.
La molestia continuó.
Algunas veces era leve.
Otras veces bastante más intensa.
Pero ella seguía posponiendo una revisión médica.
Tenía demasiadas cosas en la cabeza.
Trabajo.
Dinero.
Documentos.
Alojamiento.
Sus videos.
Y, por supuesto, una preocupación que cualquier inmigrante con recursos limitados podía comprender perfectamente.
El costo de enfermarse en otro país.
[¿Médico?]
[¿Sin un buen seguro?]
[Eso puede acabar con mis ahorros.]
Cada vez que pensaba en consultar, encontraba alguna excusa para esperar.
[Mañana.]
Luego..
[Cuando me paguen.]
Después..
[Si sigo sintiéndome mal, voy.]
Y finalmente..
[Seguro se me pasa.]
Pero no se le pasó.
Un día, mientras trabajaba, el dolor apareció con mucha más fuerza.
Se quedó quieta durante unos segundos.
Respiró profundamente.
Apoyó una mano sobre su abdomen.
[Ay...]
Cerró los ojos.
El dolor disminuyó ligeramente.
[Bien.]
Volvió a trabajar.
[Puedo manejarlo.]
Después de todo, había manejado cosas peores.
Había trabajado hasta quedar exhausta.
Había dejado su país.
Había comenzado de cero.
Había enfrentado rechazos laborales.
Había sobrevivido a semanas en las que apenas entendía cómo funcionaban algunas cosas.
Un dolor de estómago no iba a derrotarla.
O eso creyó.
Porque unos minutos después el dolor regresó.
Esta vez fue mucho más intenso.
Su respiración se volvió irregular.
Intentó mantenerse de pie.
[No... no ahora.]
Buscó apoyo.
Las voces a su alrededor comenzaron a escucharse cada vez más lejanas.
Las luces parecieron volverse borrosas.
Intentó concentrarse.
[Tengo que sentarme.]
Pero sus piernas ya no respondían como esperaba.
Y entonces...
Todo se volvió oscuridad.
Cuando volvió a abrir los ojos, lo primero que vio fue un techo blanco.
Parpadeó.
Una vez.
Dos veces.
Intentó incorporarse.
No pudo.
Entonces escuchó los sonidos.
Pitidos.
Máquinas.
Un pequeño ruido constante proveniente de algún aparato cercano.
Giró lentamente la cabeza.
Estaba en una habitación de hospital.
Había cables conectados a su cuerpo.
Monitores.
Equipos.
Luces.
Todo parecía increíblemente moderno.
Durante unos segundos simplemente observó aquello.
Y, contra toda lógica...
Sonrió.
[¡Mira esas máquinas!]
Sus ojos recorrieron cada aparato.
[Esto debe costar una fortuna.]
Miró nuevamente a su alrededor.
[Definitivamente me va a salir más barato comprar un pasaje de vuelta a mi pueblo.]
Hizo una pequeña mueca.
[Aunque... ¿con qué dinero?]
Intentó reírse.
Pero no tenía fuerzas.
Aun así, seguía pensando en lo mismo.
Las cuentas.
El hospital.
El seguro.
El dinero.
[Espero que no me cobren por respirar.]
Cerró los ojos nuevamente.
Pensó en su pequeño pueblo.
En su casa.
En la comida.
En aquella sopa de pollo que tanto había deseado durante los últimos días.
[Qué ganas de comer una sopa de mi casa...]
Por un instante imaginó estar nuevamente allí.
Sentada en una mesa.
Escuchando las voces conocidas.
Sintiendo aquel olor que tanto había extrañado.
Y entonces...
Todo quedó en silencio.
Aquella noche no tuvo oportunidad de preguntar cuánto debía.
No tuvo oportunidad de revisar sus cuentas.
No tuvo oportunidad de comprar un pasaje de regreso.
No tuvo oportunidad de terminar sus videos.
No tuvo oportunidad de conseguir el trabajo que había estudiado.
No tuvo oportunidad de convertirse en la mujer exitosa que había imaginado ser.
No tuvo siquiera oportunidad de despedirse.
Aquella noche...
Sus sueños terminaron.
Y ella terminó con ellos.
La vida que había construido con tanto esfuerzo llegó a su fin mucho antes de lo que jamás habría imaginado.
Todo aquello por lo que había trabajado.
Todo aquello por lo que había ahorrado.
Todo aquello que había sacrificado.
Todo quedó atrás.
Y, por primera vez desde que había abandonado su pequeño pueblo...
No tenía ningún plan.
Porque ya no estaba allí para cumplirlo.
Los magos por consiguiente no buscan enamorarse y el pobre Estefan no pudo resistirse a Gemma.
conquistado con todo lo que ella es.
Amo esta parejita.