Todo comenzó cuando una joven se enamoró de un muchacho con un pasado lleno de errores. Él era conocido por meterse en problemas y vivir al margen de la ley, pero ella decidió creer que podía cambiar. Poco a poco, su amor logró transformar su manera de ver la vida, aunque el destino los puso a prueba cuando él terminó en la cárcel. Mientras él cumplía su condena, ella decidió esperarlo. Su amiga no dejaba de advertirle: «Mija deje ese hombre, usted está sufriendo demasiado». Pero, a pesar de las dudas y los obstáculos, y relaciónes íntimas aquel amor demostró ser más fuerte que cualquier distancia.
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Capítulo 22 — Una carta para Cristian
Al día siguiente regresamos a la casa con mi mamá y el bebé. Yo todavía estaba tratando de asimilar todo lo que había pasado. Después de nueve meses de espera, por fin tenía a mi hijo entre mis brazos.
Lo miraba dormir y no podía dejar de sonreír.
Había decidido ponerle Cristopher, en honor a Cristian.
—Mi niño hermoso —susurré mientras le acomodaba la cobijita.
Mi mamá estaba cerca, organizando algunas cosas.
—Mija, ese muchacho se va a poner feliz cuando sepa el nombre.
—Eso espero, mamá.
Después de un rato, acosté al bebé sobre la cama. Estaba tranquilito, con sus ojitos cerrados.
Tomé mi teléfono y le saqué una foto.
—Esta se la voy a mandar a su papá.
Pero después se me ocurrió algo.
Yo tenía una pequeña impresora en la casa, así que imprimí la fotografía. Mientras esperaba que saliera, busqué una hoja limpia y me senté mi escritorio.
Quería escribirle una carta a Cristian.
No sabía cuándo podría entregársela, pero necesitaba decirle todo lo que tenía guardado.
Comencé a escribir.
Carta — 100 palabras:
Hola, amor. La verdad te extraño demasiado. Me he sentido sola, aunque mi mamá ha estado conmigo en todo momento. Siento que necesito hablar contigo, escucharte y contarte cada cosa que pasa. Te extraño muchísimo. Ya nació nuestro bebé y decidí ponerle Cristopher en honor a ti. Sé que te vas a preguntar por qué, pero averigüé que es una combinación entre Cristian y Christopher. Quería que llevara algo de ti siempre. Nuestro hijo es hermoso, tranquilo y tiene unos ojitos preciosos. Ojalá pudieras verlo ahora mismo. Te mando esta foto para que conozcas a tu pequeño. Te queremos mucho, papá.
Miré la carta varias veces.
—Espero que le guste —murmuré.
Después tomé la fotografía que acababa de imprimir y la pegué debajo de la carta.
En la foto estaba mi bebé acostadito sobre la cama, completamente tranquilo, con sus ojitos cerrados.
La miré y sonreí.
—Es nuestro bebé, Cris.
Guardé la hoja con cuidado para que no se arrugara.
Luego dejé al bebé un momentico en la habitación
—Mamá.
—¿Qué pasó, mija?
—¿Usted va a visitar a Cristian?
Mi mamá me miró y asintió.
—Sí, mija. Voy a llevarle algunas cositas.
Sentí un poquito de esperanza.
—¿Me puede hacer un favor?
—Claro, dígame.
Le entregué la carta.
—¿Me lleva esto, por favor?
Mi mamá la recibió y miró la hoja.
—¿Es para él?
—Sí.
—Se la llevo.
—Gracias, mamá.
Ella guardó la carta con cuidado.
—Mija, cuando la lea se va a poner feliz.
Me quedé callada unos segundos.
—Quiero que conozca a su hijo aunque sea por una foto.
Mi mamá se acercó y me dio un abrazo.
—Lo va a conocer, hija.
Después subí nuevamente a la habitación.
Mi bebé seguía dormidito.
Me senté junto a él y le acaricié suavemente la cabecita.
—Cristopher —dije bajito—. Ese es tu nombre, mi amor.
Lo miré durante unos segundos.
Pensé en Cristian encerrado, preguntándose seguramente cómo estaría su hijo.
Y aunque no podía llevarle al bebé personalmente, al menos tendría aquella fotografía.
Me acosté un momento junto a la cuna y cerré los ojos.
—Ojalá pudiera verte la cara cuando leas la carta —murmuré.
Mi mamá se encargaría de llevársela.
Y por primera vez desde que había nacido mi hijo, sentí que podía regalarle a Cristian un pedacito de aquel momento tan importante.
La foto de su bebé.
Una carta.
Y un nombre que llevaba un poquito de los dos.
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