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CUANDO TERMINE LA NOCHE

CUANDO TERMINE LA NOCHE

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

¿Puede un hombre enamorarse de una mujer que vive de las noches? Adrián Valdés lleva años casado con Elena, una mujer que enfrenta una enfermedad terminal. Cuando el dolor y la soledad lo llevan a buscar compañía fuera de su hogar, conoce a Valeria, una mujer misteriosa que trabaja de noche para sacar adelante a su hija.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El hombre de la alianza

La enfermedad de Elena había comenzado mucho antes de que los médicos pronunciaran la palabra definitiva.

Primero fue el cansancio. Después, los dolores que ella intentaba esconder detrás de una sonrisa. Más tarde llegaron los análisis, las consultas, las habitaciones blancas y ese olor permanente a desinfectante que terminó pegándose a la ropa de Adrián Valdés.

Cáncer terminal.

Dos palabras capaces de convertir una vida entera en una cuenta regresiva.

Adrián todavía recordaba el momento exacto en que el oncólogo se las dijo. No había llorado. Ni siquiera había parpadeado. Se había limitado a asentir con la cabeza, como si estuviera escuchando las condiciones de un contrato que no podía rechazar.

Elena, en cambio, había tomado su mano.

—No pongas esa cara —le había murmurado—. Parece que te acaban de condenar a ti también.

Adrián había intentado sonreír, pero no lo consiguió.

Desde entonces, su vida se había reducido a horarios, medicamentos y silencios. Trabajaba durante el día, visitaba el hospital por las tardes y regresaba a casa por las noches para dormir en una habitación que se había vuelto demasiado grande para una sola persona.

Elena seguía siendo su esposa. Seguía siendo la mujer con quien había compartido diecisiete años, la persona que conocía sus manías, sus fracasos y la forma en que se quedaba dormido cuando estaba preocupado. Pero la enfermedad se había instalado entre los dos como una tercera presencia.

A veces, Adrián se sentaba junto a su cama y la observaba dormir.

El rostro de Elena se había vuelto más delgado. Sus pómulos se marcaban bajo la piel pálida y su cabello, antes abundante, apenas sobrevivía a los tratamientos. Sin embargo, incluso así, él podía reconocer a la mujer que había amado desde los veinticinco años.

La amaba.

Esa certeza era lo que más le dolía.

Porque amar a Elena no impedía que se sintiera solo.

Aquella noche, después de dejarla dormida en la habitación del hospital, Adrián permaneció unos minutos junto a la ventana. Afuera, la ciudad continuaba moviéndose con una indiferencia cruel. Los automóviles cruzaban las avenidas, las personas reían en los restaurantes y las luces de los edificios se encendían una tras otra.

El mundo seguía adelante.

Solo él parecía detenido.

—Vete a casa —le dijo Elena sin abrir los ojos.

Adrián se volvió hacia ella.

—Me voy a quedar un poco más.

—Llevas tres noches durmiendo en ese sillón.

—No importa.

—Sí importa. —Elena abrió los ojos lentamente—. No quiero que te conviertas en una sombra.

Él intentó responder, pero las palabras se le atascaron en la garganta.

—No sé qué hacer cuando no estoy aquí.

Elena lo miró durante un largo momento. Había cansancio en sus ojos, pero también una lucidez que a veces lo asustaba.

—Entonces sal.

—¿Salir?

—Camina. Toma un café. Ve al cine. Haz algo que no tenga que ver conmigo, Adrián.

—No puedo.

—No quieres.

La frase cayó entre los dos con una precisión dolorosa.

Adrián bajó la mirada hacia sus manos. La alianza dorada brillaba bajo la luz blanca de la habitación.

—Te amo —dijo.

—Lo sé.

—No quiero que pienses que deseo estar lejos de ti.

—No lo pienso. —Elena suspiró—. Pero tampoco quiero que confundas el amor con una condena.

Él no supo qué contestar.

Unos minutos después, salió del hospital.

No se dirigió a casa.

Condujo sin rumbo durante casi una hora, atravesando avenidas que conocía de memoria. La ciudad estaba húmeda por una lluvia reciente. Las luces se deslizaban sobre el parabrisas y el sonido de los limpiaparabrisas llenaba el interior del automóvil.

Adrián se detuvo frente a un bar, pero no bajó. Luego pasó frente a un restaurante donde solía cenar con Elena. Finalmente, terminó en una zona de la ciudad que rara vez visitaba, un sector de calles antiguas, hoteles baratos y negocios que permanecían abiertos hasta el amanecer.

No sabía por qué había ido allí.

Tal vez sí lo sabía, pero no quería reconocerlo.

Había escuchado historias. Hombres que buscaban compañía durante unas horas. Mujeres que trabajaban de noche. Acuerdos sin preguntas, sin promesas y sin futuro.

Adrián estacionó el automóvil a pocos metros de una acera iluminada por un farol defectuoso.

Se quedó sentado, con las manos sobre el volante.

Podía marcharse.

Debía marcharse.

Pero cuando levantó la mirada, la vio.

La mujer estaba de pie junto a una pared de ladrillos oscuros. Llevaba un vestido negro corto, botas altas y un abrigo que apenas cubría sus hombros. Su figura era curvilínea y llamativa, pero no fue eso lo que hizo que Adrián dejara de respirar por un instante.

Fueron sus ojos.

Verdes. Grandes. Brillantes bajo la luz amarillenta de la calle.

La mujer tenía el cabello rojo, corto y ondulado hasta los hombros. El color parecía demasiado perfecto, casi irreal. Su rostro era pálido, de facciones delicadas, y sus labios estaban pintados de un rojo intenso.

No sonreía.

Observaba a los automóviles con la paciencia de quien había aprendido a esperar sin ilusionarse.

Adrián bajó la mirada hacia su alianza.

Por un segundo, pensó en Elena. En su rostro dormido. En su voz cansada diciéndole que no convirtiera el amor en una condena.

Después abrió la puerta del automóvil.

La mujer lo vio acercarse, pero no cambió de postura.

—¿Buscas compañía? —preguntó.

Su voz era tranquila, casi indiferente.

Adrián sintió que la vergüenza le subía por el cuello.

—No lo sé.

Ella arqueó una ceja.

—Entonces probablemente no buscas nada.

Él sacó la cartera, pero no apartó los ojos de ella.

—¿Cuánto?

La mujer lo observó durante unos segundos. Su mirada descendió hasta la alianza y volvió a su rostro.

—Depende de lo que quieras.

Adrián quiso decir que solo deseaba dejar de sentirse vacío. Que necesitaba unas horas sin hospitales, sin médicos y sin la certeza de que la mujer que amaba estaba muriendo.

Pero no dijo nada de eso.

—Solo conversar —respondió finalmente.

La mujer soltó una risa breve, sin alegría.

—Los hombres casados siempre dicen eso cuando tienen miedo de decir la verdad.

Adrián se quedó inmóvil.

Ella miró nuevamente su alianza.

—¿Tu esposa sabe dónde estás?

La pregunta le dolió más de lo que esperaba.

—Está enferma.

La expresión de la mujer cambió apenas. No fue compasión. Tampoco curiosidad. Solo una leve tensión alrededor de sus ojos.

—Eso no responde mi pregunta.

Adrián sacó algunos billetes y se los ofreció.

Ella no los tomó de inmediato.

—No trabajo gratis.

—Lo sé.

—Y tampoco soy terapeuta.

—No te estoy pidiendo que lo seas.

—Todavía no.

El silencio entre ellos se llenó con el ruido lejano de los automóviles y el agua cayendo desde los techos.

Finalmente, ella tomó el dinero.

Sus dedos rozaron los de Adrián apenas un instante.

—Valeria —dijo.

Él no sabía si era su verdadero nombre.

—Adrián.

—Eso sí parece un nombre de hombre casado.

Él la miró, sorprendido.

Por primera vez, Valeria sonrió.

No fue una sonrisa dulce. Fue una sonrisa cansada, astuta y ligeramente triste.

Adrián comprendió entonces que había cometido un error al bajar de su automóvil.

Pero también supo que, por primera vez en muchos meses, alguien lo había mirado como un hombre y no como el esposo de una mujer enferma.

Y esa sensación, aunque lo llenó de culpa, fue imposible de olvidar.

1
Helizahira Cohen
Fue interesante, la vida es complicada, Elena sabía que el debía seguir y de estar viva , Valeria tendría otra historia
Helizahira Cohen
pero como la vio. me perdí
Helizahira Cohen
pero esa gente es metiche , Adrian es libre. la muerte de Elena fue por su enfermedad y el estuvo alli en todo
Helizahira Cohen
tiene unas contradicciones pero es bien interesante, felicidades por la novela
Helizahira Cohen
Me parece interesante, pero siento que Valeria se desubica, él por ahora no puede dejar a Elena, es triste pero es mi opinión
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